Donde nace el arcoiris

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30-05-2017
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Desde las tierras del extremo oriente a Tierra de Fuego, la sociedad recoge los frutos de muchos años de lucha. El miércoles 24 de mayo el Tribunal Constitucional de Taiwan abre la puerta al matrimonio homosexual, al declarar inconstitucional el código civil.
 Eduardo Puerta, @Edu_puerta
Eduardo Puerta, @Edu_puerta
Desde las tierras del extremo oriente a Tierra de Fuego, la sociedad recoge los frutos de muchos años de lucha. El miércoles 24 de mayo el Tribunal Constitucional de Taiwan abre la puerta al matrimonio homosexual, al declarar inconstitucional el código civil.

“Hay cosas encerradas dentro de los muros que,

si salieran de pronto a la calle y gritaran,

llenarían el mundo”

F. G. Lorca

Su actual presidenta, Tsai Ing-wen, ha definido como “sofisticado” este paso adelante, una medida histórica y progresista, qué sirve de ejemplo a los países del entorno asiático.

La resolución aprobada por el Tribunal Constitucional de Taiwan, que posibilita la aprobación por vía parlamentaria del matrimonio entre personas del mismo sexo, en un plazo de dos años, responde a quienes la critican: “El matrimonio entre personas del mismo sexo no afectará a la aplicación del capítulo sobre matrimonio entre personas de sexo opuesto. Tampoco alterará el orden social”. El movimiento LGTBI ha celebrado de forma entusiasta esta declaración, que equipara y defiende de forma contundente los derechos y libertades colectivos e individuales, argumentado cómo “Es más, la libertad de matrimonio entre dos personas del mismo sexo, una vez reconocida su legalidad, constituirá la base colectiva, junto con el matrimonio entre personas del sexo opuesto, para la estabilidad de la sociedad”.

Los avances de los últimos años, alcanzan a todo el mundo: Desde la aprobación de la unión civil en Grecia en 2015, o según el último informe de “Homofobia de Estado 2017:Estudio jurídico mundial sobre la orientación sexual en el derecho: criminalización, protección y reconocimiento” (Aengus Carroll, Lucas R. Mendos) para la ILGA (Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex, por sus siglas en inglés), “Sin prisa pero sin pausa, las leyes que criminalizan nuestras prácticas sexuales o nuestra expresión (criminalización) está disminuyendo, siendo Belice y Seychelles los países que más recientemente han derogado este tipo de leyes en 2016. Por otra parte, la legislación específica que nos protege de la discriminación y la violencia (protección) ha crecido considerablemente en los últimos años, y las leyes que nos reconocen nuestras relaciones y familias (reconocimiento) también van en aumento”. 

Si las leyes cambian es porque la sociedad presiona unida, en la defensa de los derechos humanos, la diversidad y la igualdad frente a ideologías religiosas, culturales o políticas retrógradas y reaccionarias. Otro avance relevante, en este sentido, es la creación en 2016, de un nuevo Procedimiento Especial: el Experto Independiente de Naciones Unidas sobre Orientación Sexual e Identidad de Género, que lleva adelante un trabajo de protección de los derechos humanos en relación a la orientación sexual, la identidad y expresión de género y las características sexuales.

El trabajo de este observador internacional, y de las organizaciones LGTBI, es crucial cuando aún, pese a los avances, en 72 países existen legislaciones que criminalizan la homosexualidad, penada en hasta 8 de ellos con la muerte, un verdadero atentado contra los DDHH.

Pero también, para continuar conquistando parcelas legales que equiparen realmente a las personas LGTBI en terrenos como la adopción, la violencia que sufren las lesbianas o los trans, el trato a los afectados por virus del sida (VIH+),… especialmente oprimidos entre el colectivo.

Esta lucha de la sociedad civil, durante tantos años, nos incumbe a todos: la opresión que sufren determinados colectivos no es más que la representación de los eslabones de una cadena, que nos oprime a todos. Ante la consecución del reconocimiento a las libertades individuales, lo que tenemos delante es la conquista de unas exigencias democráticas que nos igualan ante la ley, como iguales somos cuando salimos del útero. Es una lucha, desde sus orígenes, revolucionaria.

Cuando somos capaces de alcanzar metas que rompen con las diferencias, no sólo de orientación sexual y de género, sino también de raza, culturales, ideológicas, etc., estamos avanzando por un camino de unidad, hacia un objetivo de transformación de la sociedad, cuestionando la raíz,el problema de base que ha generado la división y el menosprecio a los “otros”. Es en las relaciones sociales establecidas, en la propia forma de familia que se legaliza, esa forma contractual, un principio de propiedad sobre las otras personas, revestido de “libertad de elección” o “libertad de opinión”, pero que no cuestiona lo anterior, cómo si hizo en sus comienzos la la lucha “gay” y tantas otras luchas, y que ahora están encuadradas en conseguir la “normalidad”.

La democratización de nuestros derechos pasa, inevitablemente, por el cuestionamiento de este sistema que es opresor en sí mismo, por buscar una independencia económica y social, que rompa las cadenas, por plantearnos una alternativa revolucionaria que no nos haga elegir entre un “menú” que otros deciden. No es “problema resuelto” alcanzar ciertas reformas que nos tengan más o menos cómodos, cuando tenemos conciencia de que lo conseguido se puede volver a perder. Cuando se vean obligados a hacer leyes que nos igualen en derechos, la batalla seguirá: por mantener lo conseguido, por los salarios, por el medio ambiente, por la cultura,… 

Y ganar esta batalla solo depende de que tomemos en nuestras manos nuestro destino, de que impulsemos todos unidos la revolución social, que tanto temen los que se benefician de nuestra división, los que se benefician de las bombas que no “discriminan” a nadie.

En conclusión, primero felicitarnos por que la lucha avanza, como la marea, sin que ningún “muro” pueda detenernos, hacia la igualdad y el progreso; y, a la vez, que esta lucha sirva para cuestionar la sociedad misma en la que vivimos, mientras nos dejan…

A la memoria de las víctimas de Orlando (12/06/2016)

y de todas las demás.

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COMENTARIOS

Mekicheick (invitado) 11-06-2017 18:01

Porque esta en la voluntad de la tierra, que da sus frutos para todos! Por un frente amplio de unidad!


Domi (invitado) 31-05-2017 09:42

Todavía queda mucho por hacer a nivel internacional en cuanto a los derechos LGTBI respecta. El camino está más que empezado, pero mientras en países como España ya vamos por la lucha contra la heternormatividad, en otros países aún te pueden volar la cabeza por sólo un beso. Soy un gran defensor de esta forma de pensar, la del "Anaven lents perquè anaven lluny", y sé que hay que esperar a que sea la sociedad quien poco a poco vaya forzando la situación de diálogo. Pero mientras tanto miles de personas sufren esta privacidad de libertad, y eso nunca se podrá devolver.


Tipo de incognito (invitado) 31-05-2017 07:54

Excelente artículo, la lucha por nuestros derechos y la igualdad es una ola que no hay muro que se resista


Angus (invitado) 30-05-2017 19:58

Muy buen recorrido y manifestado las luchas reivindicaciones. En definitiva recoger lo que pasa cada día en la sociedad. Felicitaciones por el articulo