Después de la rusa Lukoil, ahora la china Sinopec

El extraño caso del oligarca ludópata

Hace tan sólo unas semanas se jugó el 20% de Repsol a la ruleta rusa con Lukoil. Ahora parece estar dispuesto a jugárselo a los chinos con Sinopec

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04-02-2009
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Si no fuera por la gravedad del asunto -pues está en juego la independencia del mercado petrolero español-, se podrí­a decir que el presidente de Sacyr, Luis del Rivero, dueño del 20% de Repsol está seriamente afectado por la extraña enfermedad del "oligarca ludópata". Hace tan sólo unas semanas se jugó el 20% de Repsol a la ruleta rusa con Lukoil. Ahora parece estar dispuesto a jugárselo a los chinos con Sinopec. Si no fuera por la gravedad del asunto -pues está en juego la independencia del mercado petrolero español-, se podrí­a decir que el presidente de Sacyr, Luis del Rivero, dueño del 20% de Repsol está seriamente afectado por la extraña enfermedad del "oligarca ludópata". Hace tan sólo unas semanas se jugó el 20% de Repsol a la ruleta rusa con Lukoil. Ahora parece estar dispuesto a jugárselo a los chinos con Sinopec.










Y tanto en uno como en otro caso se ha topado con la misma piedra. En cualquier timba es posible conseguir algún plus de ventaja por el simple hecho de invitar a la mesa a un jugador que a priori no estaba invitado. Pero lo que no se puede es cambiar las reglas del juego.
 
Y eso es lo que pretende Sacyr al querer vender sus acciones de Repsol al mismo precio que las compró, 26,7 euros, cuando hoy cotizan en Bolsa a 14. Es decir, cobrar un 190% de su valor actual. Tanto Lukoil como Sinopec están dispuestas a pagar un sobreprecio por el valor añadido –intangible pero real– de poder penetrar en uno de los mayores mercados de la UE y adquirir lazos privilegiados con Iberoamérica, una de las regiones de acción preferente tanto de Moscú como de Pekín. Pero de ahí a pagar casi el doble de lo que valen hay una sustancial diferencia.
 
Pero, ¿que oculta pulsión empuja a Sacyr a recorrer desesperadamente el planeta en busca de un comprador? No hace falta ser un experto en adicciones para saberlo.
 
Para poder comprar su 20% de Repsol, Sacyr tuvo que recurrir a un voluminoso endeudamiento. Tan gigantesco que su deuda actual, 18.324 millones de euros, multiplica por más de 100 veces los beneficios obtenidos en el año 2008, apenas 140 millones de euros. Para cancelarla, sin vender activos, Sacyr tendría que estar durante 130 años dedicando todos sus beneficios a pagar la deuda. A todas luces, una situación insostenible y que refleja, en su grado máximo, el camino seguido por una gran parte de los grupos monopolistas españoles para expandirse.
 
Situación de endeudamiento extremo que es, al mismo tiempo, la que ha llevado a sus prestamistas a presionarle para que acelere la venta de sus mejores activos y liquide la deuda, ante el peligro de que la acentuación de la crisis de la construcción –principal actividad de Sacyr– acabe por quebrar a la constructora y sus préstamos corran el riesgo de evaporarse. ¿Y adivinan ustedes quién es el principal prestamista de Sacyr? Sí, lo han adivinado. El Santander de Botín (¡Qué boda sin la tía Juana!) es el auténtico muñidor de todas estas furtivas operaciones que pueden acabar con lo principal del mercado español del petróleo controlado por la mafia de tipo albano-kosovar que rodea al Kremlin o en las exóticas –aunque al menos más diplomáticas y refinadas– manos chinas.
 
 
 
 
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