Colonización y genocidio en El Congo

El Congo la plantación de Leopoldo II

La brutalidad contra los africanos en esos campos fue de las más extremas y horripilantes de la historia

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03-03-2009
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Leopoldo II ya tení­a su plantación, se apoderó de un territorio del tamaño de Francia, Alemania, Inglaterra, España e Italia juntas, y 80 veces mayor que Bélgica. Leopoldo II ya tení­a su plantación, se apoderó de un territorio del tamaño de Francia, Alemania, Inglaterra, España e Italia juntas, y 80 veces mayor que Bélgica.
El rí­o Congo zigzaguea entre miles de kilómetros de bosques tropicales y sabanas de África central antes de llegar al océano Atlántico. En 1885, tras 300 años de caza de esclavos en la costa por las potencias europeas, el rey belga Leopoldo II, Tras una magistral campaña mediática, diplomática en contra de el trafico de esclavos, promoviéndose como el gran filántropo salvador de los salvajes y paganos de este mundo. La Conferencia de Berlí­n de 1885, donde las potencias europeas se dieron permiso para explotar todo el continente africano, lo aprobó.

Leopoldo II ya tení­a su plantación, se apoderó de un territorio del tamaño de Francia, Alemania, Inglaterra, España e Italia juntas, y 80 veces mayor que Bélgica. Lo bautizó "Congo Libre" y creó una red de puestos militares y campos de trabajos forzados.

La brutalidad contra los africanos en esos campos fue de las más extremas y horripilantes de la historia: en un lapso de 20 años, la población disminuyó de 25 millones de personas a 15 millones. Por su parte, los capitalistas belgas y estadounidenses, como Guggenheim, Morgan y Rockefeller, se forraron los bolsillos con las enormes ganancias del caucho, madera y aceite de palma del Congo.

Para financiar tan colosal negocio se sirvió de todo tipo de engaños sobre su obra civilizadora, consiguiendo aportaciones y préstamos que nunca devolverí­a, de todo tipo de empresas, instituciones y el propio estado belga, entre 1889 y 1895.

Además de crear su propia empresa para la extracción del caucho y marfil, concedí­a tierras a empresas privadas a cambio de un porcentaje sobre los beneficios. Es el caso de la Compañí­a de Katanga o la Unión Minera del Alto Katanga que a partir de 1905 comenzaron a extraer mineral de cobre con la contrapartida del pago de un porcentaje al estado, que no era otro que el propio Leopoldo.

Pero aunque ya en 1890, el misionero americano G.W. Willians hizo la primera denuncia sobre las monstruosidades de las que fue testigo, aún tardarí­an 10 años en estallar el escándalo en Europa.

La publicación en la prensa de los relatos y datos recogidos por escritores como Mark Twain y Joseph Conrad, misioneros como Willians Sephard, diplomáticos como el británico Casement, y sobre todo los trabajos de Edmund Dene Morel consiguieron finalmente, que los gobiernos Europeos y EE UU oponerse al exterminio que se estaba llevando a cabo en el Congo.

El parlamento belga, haciéndose eco de este rechazo internacional, en 1908 obligó al rey Leopoldo a ceder sus dominios del Estado Libre del Congo, quedando todo el territorio bajo la autoridad del gobierno, pasado a llamarse Congo Belga.

Patricio Lumumba dijo en un discurso el dí­a de la independencia:

"Durante los 80 años del gobierno colonial sufrimos tanto que todaví­a no podemos alejar las heridas de la memoria. Nos han obligado a trabajar como esclavos por salarios que ni siquiera nos permiten comer lo suficiente para ahuyentar el hambre, o vestirnos, o encontrar vivienda, o criar a nuestros hijos como los seres queridos que son".

"Hemos sufrido ironí­as, insultos y golpes dí­a tras dí­a nada más porque somos negros... Las leyes de un sistema judicial que solo reconoce la ley del más fuerte nos han arrebatado las tierras. No hay igualdad; las leyes son blandas con los blancos pero crueles con los negros".

"Los condenados por opiniones polí­ticas o creencias religiosas han sufrido horriblemente; exilados en su propio paí­s, la vida ha sido peor que la muerte. En las ciudades los blancos han tenido magní­ficas casas y los negros destartaladas casuchas; a los negros no nos han permitido entrar al cine, los restaurantes o las tiendas para europeos; hemos tenido que viajar en las bodegas de carga o a los pies de los blancos sentados en cabinas de lujo".

"¿Quién podrá olvidar las masacres de tantos de nuestros hermanos, o las celdas en que han metido a los que no se someten a la opresión y explotación? Hermanos, así­ ha sido nuestra vida".

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