Colesterol, el gran engaño

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05-05-2017
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En 1955 Dwight D. Eisenhower padeció un infarto de corazón. América estuvo diez días en vilo. El médico del presidente lo achacó a su dieta, demasiado rica en grasas saturadas, y no a que fumaba como un carretero. Arrancaba así el gran engaño del colesterol.
 Colesterol, el gran engaño
En 1955 Dwight D. Eisenhower padeció un infarto de corazón. América estuvo diez días en vilo. El médico del presidente lo achacó a su dieta, demasiado rica en grasas saturadas, y no a que fumaba como un carretero. Arrancaba así el gran engaño del colesterol.

Y así titulaba, el pasado día 22, la Noche Temática de TVE2 un reportaje contra uno de los grandes mitos de la medicina: la asociación entre colesterol e infartos de miocardio. Un fraude, según los médicos y científicos participantes, de la superpotencia norteamericana para hegemonizar la batalla mundial contra las enfermedades cardiovasculares a su favor. En otras palabras, EEUU ha embarcado al mundo en una guerra contra el colesterol no fundamentada en una base sólida.

¿Fraude científico?

Después de la Segunda Guerra Mundial, uno de cada tres hombres en los EEUU padecía una enfermedad cardiovascular antes de cumplir los 60. Se abre el debate sobre sus causas y EEUU lideró la respuesta según los intereses y la fuerza de sus grandes monopolios, hasta hoy.

Primero, no hubo contraste científico. Ancel Keys, científico de la Universidad de Minessota, lanza la hipótesis de “la dieta del corazón”, según la cual la culpa era de las grasas saturadas (animales), que elevarían el colesterol total y éste obstruiría las arterias. Los científicos que propusieron otras hipótesis (exceso de homocisteina, el azúcar...) fueron silenciados y degradados.

Segundo, se manipularon los estudios para adaptarlos a la hipótesis oficial. Los estudios hechos por Keys sobre miles de hombres en varios países que relacionan el consumo de grasas saturadas y los niveles de colesterol con los infartos obviarán realidades como que Francia consume más colesterol que Finlandia pero tiene una tasa siete veces menor de colesterol o que los Massai africanos tienen niveles muy altos de colesterol por la alimentación pero no sufren infartos. "EEUU ha embarcado al mundo en una guerra contra el colesterol no fundamentada en una base científica sólida"

Tercero, utilizaron la tecnología como instrumento para desvirtuar la realidad. Un emblemático ensayo en la pequeña ciudad estadounidense de Framingham (1948, el estudio epidemiológico más extenso hecho en la historia de la medicina), en el que se estudiaron los hábitos de sus habitantes durante 30 años para ver su relación con el riesgo de muerte cardiovascular mostró que tabaco, hipertensión y sedentarismo tenían relación, pero no el colesterol. Había más infartos entre los que habían bajado sus niveles de colesterol que entre los que lo habían mantenido o subido. Una innovación tecnológica eclipsó el resultado, la nueva capacidad de medir diferentes tipos de colesterol fue usada para elevar el mito: hay un colesterol bueno y otro malo. El culpable es el malo. 

Tercero, detrás del fraude científico siempre hay grandes intereses monopolistas. La industria azucarera se encargó de financiar a científicos que desacreditaran cualquier estudio serio que relacionara los infartos con el consumo de azúcar. 

Procter & Gamble, fabricante del aceite vegetal Crisco, convirtió a la Asociación Americana del Corazón (AHA), de una sociedad profesional pequeña, en una institución de ámbito nacional que a partir de 1961 cambiaría la dieta de los norteamericanos y marcaría la pauta anti-colesterol a nivel mundial.

Cuarto, crearon un inmenso mercado farmacéutico. En 1985 la tasa normal de colesterol era de 300 mg/dl y, desde entonces, ha ido bajando. Hoy quien tiene más de 200 mg/dl (la mitad de la población española) ya es candidato a tomar estatinas, la familia de fármacos anti-colesterol más vendida de la historia. La supuesta eficacia de estos fármacos en reducir el riesgo de muerte cardiovascular se vino abajo en 2005, cuando se endurecieron los criterios en los ensayos clínicos. Poco antes, la guerra entre monopolios por sacar al mercado estatinas más agresivas desenmascararon sus efectos secundarios. Lipobay de Bayer mató a cientos de personas. Nada de esto hizo tambalear el mito del colesterol, presente en nuestras vidas cotidianas. 

Las consecuencias 

Al disminuir el consumo de grasas la industria alimentaria ha promovido el mayor consumo de azúcares al menos en un 25% desde principios de los 70. También los aceites vegetales, de un consumo cero en 1900 hoy representan un 8% de las calorías en nuestra dieta, el mayor aumento en consumo de cualquier tipo de alimento en el siglo XX. Ambos alimentos están relacionados con la inflamación silenciosa que acaba por producir diabetes, cancer y enfermedad cardiovascular, entre otras.

¿Qué hacer? 

Ver el documental, informarse, recuperar la dieta mediterránea como política de Estado y promover la actividad física. En Boston hay un carril bici en honor al cardiólogo personal del presidente Eisenhower. El anciano doctor iba, en los años 80, todos los días a su hospital en bicicleta. En eso no le faltaba razón. 

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