Crisis en la península de Corea

El yin-yang militar de Corea amenaza a Pekín

5
2 votos
03-05-2017
Publicidad
Washington y Pyongyang están sumidas en peligroso yin y yang de declaraciones amenazantes y de gestos de provocación que pueden desencadenar una chispa incontrolada de inimaginables consecuencias.
 El yin-yang militar de Corea amenaza a Pekín
Washington y Pyongyang están sumidas en peligroso yin y yang de declaraciones amenazantes y de gestos de provocación que pueden desencadenar una chispa incontrolada de inimaginables consecuencias.

La tensión entre Corea del Norte y EEUU se puede cortar con un cuchillo, y más después de que el régimen de Kim Jong-un realizara una fallida prueba balística. Cuanto más aumenta la tensión, más se refuerza la presencia militar norteamericana en la península de Corea y en las aguas del Mar Amarillo, más férreo se vuelve el alineamiento de Tokio y Seúl bajo el ala de Washington, y más se estrecha el cerco a China. 

El lanzamiento por parte de Corea del Norte de un misil balístico -que estalló en el aire al poco de ser lanzado- ha elevado aún más la temperatura en la península coreana, ya en punto de ebullición por las maniobras conjuntas que realizan las fuerzas navales de Washington y Seúl estos días. A la creciente presencia militar norteamericana se unió hace pocos días el submarino nuclear Michigan y se sumará el portaaviones Carl Vinson. La instalación en Corea del Sur del sofisticado sistema antimisiles norteamericano THAAD es visto como una amenaza no sólo por Pyongyang sino por Pekín, que considera que será utilizado para vulnerar su seguridad nacional. 

China intuye que escalada de la Península de Corea busca como verdadero objetivo incrementar la presencia militar norteamericana en Asia-Pacífico y reforzar el cerco de Washington contra Pekín, instrumento esencial de contención y presión sobre el principal rival geoestratégico de la superpotencia yanqui. Por eso la diplomacia china dedica todos sus esfuerzos a abrir la espita de la tensión, y a las sanciones económicas sobre Pyongyang -ha cortado las importaciones de carbón de Corea del Norte, una de las principales fuentes de divisas del país, y amenaza con bloquear el suministro de petróleo- añade sin cesar arreglos diplomáticos en el Consejo de Seguridad. Pekín -y también Moscú- propone la “doble suspensión”: que Pyongyang desista de nuevas pruebas de armamento a cambio del fin de las maniobras militares estadounidenses. 

Frente a las llamadas chinas a resolver el problema por la vía diplomática, EEUU esgrime una política de "palo y zanahoria". "En vista de la creciente amenaza, ha llegado el momento para todos nosotros para poner nueva presión", ha dicho Rex Tillerson. Por un lado le interesa mantener las espadas levantadas, pero por otro lado le interesa que la situación se mantenga tensa pero calculadamente contenida. Al mismo tiempo que militariza la zona y encuadra más férreamente a Seúl y a Tokio en el plano militar, hace llamamientos a China para que ejerza una presión diplomática más enérgica sobre el régimen de Kim Jong-un. Pero cuanto más sube el tono entre Pekín y Pyongyang, y más duras se hacen las sanciones, más delgadas y frágiles se vuelven los canales chino-norcoreanos.

A pesar de las declaraciones sobre "el riesgo para la seguridad nacional" que supone el programa balístico norcoreano, Washington saca partido de la crispación en la península. El 9 de mayo, Corea del Sur celebra elecciones presidenciales para sustituir al actual mandatario, Park Geun-hye, acusado de corrupción. Algunos candidatos como Moon Jae-in -haciéndose eco de crecientes manifestaciones populares- han declarado su oposición al THAAD, cada alarma creada por los norcoreanos alimenta el clima de miedo idóneo para que las urnas elijan al candidato más proyanqui y más alejado de restablecer las relaciones -hasta ahora comercialmente muy tupidas- con China. Por si acaso, EEUU acelera la instalación del THAAD para que esté acabado antes de las elecciones.

Una amenaza para la paz mundial

En un macabro yin-yang armamentístico, Washington y Pyongyang se cruzan todo tipo de declaraciones hostiles y de gestos amenazadores. Desoyendo cualquier consejo de la prudencia china, la intensidad con la que Corea del Norte desarrolla su programa armamentístico se ha incrementado velozmente desde la llegada al poder de Kim Jong-un hace 5 años. Desde entonces, Pyongyang ha llevado a cabo 75 pruebas de misil, 39 de ellas desde inicios de 2016. Aunque muchas de ellas han resultado ser tan fallidas que cabe pensar en su uso de atrezzo propagandístico, nadie puede negar que han hecho inquietantes progresos. EEUU asegura que poseen ingenios atómicos de 30 kilotones (dos veces la potencia que estalló en Hiroshima) y que pueden alcanzar Japón. Aunque desarrollen cohetes de alcance intercontinental capaces de llegar a la Costa Oeste norteamericana, necesitan miniaturizar las cabezas nucleares, algo muy complejo. Y si aún así las lanzaran contra EEUU, eso significaría que como represalia Washington reduciría Corea del Norte a un cráter. 

Por otra parte, Washington utiliza la escalada de tensión para incrementar aceleradamente su poderío en la zona, con un colosal despliegue militar alrededor de Corea del Norte: 28.500 soldados, 450 tubos lanzamisiles, drones, submarinos de ataque, escuadrones de aviones de combate, a los que ahora se suma el sistema THAAD, un submarino nuclear -armado con misiles Tomahawk como los que han caído sobre Siria- y un portaaviones escoltado por tres barcos lanzamisiles. Washington cuenta además con todas las fuerzas estacionadas en las bases norteamericanas de Japón y en la isla de Guam. 

No pocos analistas han señalado que el lanzamiento en Afganistán de “la Madre de Todas las Bombas”, el explosivo no nuclear más destructivo del arsenal del Pentágono, tenía como verdadero objetivo ser un intimidante mensaje al régimen de Pyongyang. Aunque a la vista está que el efecto ha sido justo el contrario.

No parece probable que ni EEUU ni Corea del Norte deseen de verdad un conflicto abierto de imprevisibles consecuencias. Pero en los choques antagónicos pueden saltar chispas que prendan de forma súbita y descontrolada, generando un conflicto de proporciones catastróficas. El peligroso juego de la península de Corea pone en peligro no sólo a los habitantes de una de las zonas más pobladas del planeta, sino a la misma paz mundial.

¿Qué te ha parecido el artículo?
Publicidad



COMENTARIOS