Greve Geral #28A: ¡Fora Temer!

Huelga General contra Temer

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03-05-2017
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La primera huelga general en Brasil desde hace 21 años ha sacudido los cimientos del Palacio de Planalto. La batalla por Brasil no está resuelta, ni tampoco ha alcanzado su máxima temperatura. Los próximos meses veremos acometidas populares aún mayores que las de esta primera, contundente y exitosa Huelga General.
 Huelga General contra Temer
La primera huelga general en Brasil desde hace 21 años ha sacudido los cimientos del Palacio de Planalto. La batalla por Brasil no está resuelta, ni tampoco ha alcanzado su máxima temperatura. Los próximos meses veremos acometidas populares aún mayores que las de esta primera, contundente y exitosa Huelga General.

Las feroces políticas antipopulares del gobierno del PMDB han atacado duramente las condiciones de vida y trabajo de las clases populares cariocas, que se lanzan a las calles -en una oleada creciente de movilizaciones- a presentar batalla.

Brasil es uno de los países con mayor tradición sindical de toda América Latina, pero no vivía un paro general desde 1996. La década y media de gobiernos del PT -con sus políticas redistributivas y la prodigiosa elevación general del nivel de vida- había guardado en el baúl esta arma de lucha de los trabajadores. Pero en sus 9 meses de gobierno, Michel Temer y sus políticas draconianas ha desencadenado un furioso rechazo popular que ha desembocado esta una atronadora huelga general. 

Temer se lo ha ganado a pulso. La 'Greve Geral' busca derribar dos de sus leyes más brutales -la reforma del sistema de pensiones y la reforma laboral- cada una de las cuales es una declaración de guerra para los trabajadores. 

La primera, que cuenta con un rechazo del 93% de los brasileños, pretende elevar la edad de jubilación y aumentar el tiempo cotizado para obtener la pensión completa hasta los 49 años cotizantes, 19 más que ahora. Por cada año menos se descontará un 1% del valor cotizado, por lo que supone una brutal rebaja para los trabajadores que ven su jubilación aproximarse. Pero además, dada la esperanza de vida de las clases más pobres, significa que muchos no podrán disfrutar de su jubilación.  “Un trabajador de la zona noble de São Paulo tiene una expectativa de vida de 80 años, pero en las favelas de Rio de Janeiro la expectativa no supera los 62 años. Las personas más pobres que empiezan a trabajar casi desde niños se morirán antes de jubilarse”, denuncia Marcelo Freixo del Partido Socialismo y Libertad.

La reforma laboral no es menos impopular. El nuevo marco -siguiendo las “recomendaciones” del FMI- deroga hasta 100 leyes laborales nacidas en los años de Lula y Dilma,  abarata los costos laborales, dará enormes ventajas al capital a la hora de negociar convenios colectivos y trata de estrangular económicamente a los sindicatos. A partir de ahora primará la negociación entre el trabajador y la empresa antes que lo legislado. Lo acordado tendrá fuerza de Ley en trece puntos clave como la jornada laboral, las vacaciones, el tiempo de descanso o los salarios. Temer instaura así un marco laboral idóneo para que las grandes empresas y el capital extranjero trituren las conquistas obreras de las últimas décadas. 

"Hay que pararlo todo, la producción y los servicios, sacar a la gente a las calles y a las plazas, transformar las ciudades en urbes fantasma", ha sido la consigna de la Central Única de los Trabajadores (CUT), el mayor sindicato de Brasil. La protesta además coincide con unas cifras récord de desempleo (14,2 millones de parados, un 14%). Los recientes casos de corrupción, que asolan al PMDB y a sus aliados parlamentarios -los que protagonizaron la “cruzada anticorrupción” contra Dilma y Lula- han encendido aún más los ánimos. 

El paro había sido precedido estos últimos meses por una marejada creciente de protestas y movilizaciones de distintos colectivos. El pasado 15 de marzo, los paros parciales en diversos sectores de la industria y los servicios habían mostrado el músculo de los trabajadores. Pero el éxito de la Huelga General desbordó las previsiones: la inmensa mayoría de fábricas, escuelas, universidades, y el comercio permanecieron cerrados. El transporte urbano de capitales como Brasilia, Salvador, Belo Horizonte, Maceió, Goiânia, Campo Grande, Porto Alegre, Manaos, Recife y Sao Paulo quedaron totalmente paralizados. En ciudades costeras como Río de Janeiro los barcos y ferrys permanecieron amarrados. Hasta algunos aeropuertos, como el de el de Guarulhos en São Paulo, quedaron bloqueados, al unirse los trabajadores aeroportuarios a los piquetes de los obreros metalúrgicos. Las calles, avenidas y autopistas fueron bloqueadas durante horas por grupos de manifestantes, que se enfrentaron a una fuerte represión policial. 

La movilización fue tan amplia que no sólo contó con la presencia del movimiento obrero, de los partidos de izquierda o de una mirada de colectivos de movimientos populares, sino incluso de sectores a los que el gobierno Temer no esperaba enfrentarse, como los profesores de la enseñanza privada o la propia conferencia episcopal de Brasil, que llamó a los obreros a secundar los paros. “Convoco a todos para que participen en la gran manifestación del día 28”, dijo el arzobispo de Recife. 

Mientras el gobierno de Michel Temer, cumpliendo a rajatabla las directrices marcadas por Washington y la oligarquía brasileña, aplica las más brutales medidas contra los trabajadores, su índice de popularidad se desploma más allá de lo imaginable: el 92% de los brasileños considera su gobierno “malo” o “muy malo”, según la última encuesta del Barómetro Político. Y las mismas encuestas dan como favorito para ganar las elecciones de 2018 a Lula da Silva, sobre el que se abalanza una nueva ofensiva político-mediático-judicial para tratar de desprestigiar su imagen. 

La batalla por Brasil no está resuelta, ni tampoco ha alcanzado su máxima temperatura. Los próximos meses veremos acometidas populares aún mayores que las de esta primera, contundente y exitosa Huelga General.

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