Trump rebaja el impuesto de sociedades del 35% al 15%

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03-05-2017
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Trump cumple cien días al frente de la Casa Blanca presentando una de sus principales promesas electorales: una rebaja general de impuestos. Un plan de reforma fiscal que, según el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, “es uno de los mayores recortes de impuestos de la historia de Estados Unidos”.
 Trump rebaja el impuesto de sociedades del 35% al 15%
Trump cumple cien días al frente de la Casa Blanca presentando una de sus principales promesas electorales: una rebaja general de impuestos. Un plan de reforma fiscal que, según el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, “es uno de los mayores recortes de impuestos de la historia de Estados Unidos”.

La reforma fiscal se ha presentado por Steven Mnuchin y el principal consejero económico de la Casa Blanca, Gary Cohn, dos ex ejecutivos del banco Goldman Sachs, como un plan que va a relanzar la economía norteamericana y una rebaja de impuestos de la que se van a favorecer también los trabajadores. ¿Pero quiénes son los grandes beneficiados, los que de verdad lo van a notar en sus cuentas bancarias?

La reforma se ha presentado en un folio y solo contiene los “principios básicos”. Sin embargo es suficiente para establecer las cuatro medidas que su suponen una rebaja brutal de los impuestos a los más ricos y las grandes empresas.

El centro nuclear de su reforma fiscal es la rebaja del impuesto de sociedades del 35% al 15%. Con esta reducción, Trump coloca a EEUU casi al nivel de Irlanda (donde el impuesto de sociedades es del 12,5%), uno de los países considerados como paraísos fiscales que practican el “dumping fiscal”. Cientos de miles de empresas norteamericanas, especialmente los grandes grupos monopolistas, verán aumentar de golpe sus millonarios beneficios. "Los sectores de la burguesía monopolista norteamericana que apoyan a Trump tienen en esta reforma fiscal uno de los puntos fundamentales de su programa" 

Reducir la carga fiscal para los más ricos en el equivalente al impuesto sobre la renta, es la segunda medida. Se reducen de siete a tres (10%, 25% y 35%) los tramos del impuesto sobre la renta. Pero sobre todo, el tipo máximo para las rentas más altas baja del 39% al 35%. A cambio de reducir gran parte de las deducciones.

 

La reforma fiscal de Trump suprime el impuesto de sucesiones, otro regalo que beneficia sobremanera a una élite privilegiada de herederos de fortunas.

Y, en cuarto lugar, establece una especie de amnistía fiscal para la repatriación de grandes capitales. Según Steven Mnuchin, se dará un trato benévolo a las grandes empresas que decidan repatriar los beneficios que tienen en el extranjero, con la imposición de “una tasa muy competitiva” que se abonará en un solo pago. Una medida dirigida entre otras multinacionales a las tecnológicas, como Apple o Google, que obtienen la mayor parte de sus beneficios fuera de Estados Unidos y los mantienen a buen recaudo en paraísos fiscales o Estados de baja imposición fiscal. Se calcula que las multinacionales norteamericanas tienen 2,6 billones de dólares en el extranjero.

Estas medidas demuestran claramente cómo la llegada de Trump a la presidencia de la superpotencia está sostenida por importantes sectores de la burguesía monopolista norteamericana que tienen en esta reforma fiscal uno de los puntos fundamentales de su programa.

La reforma fiscal de Trump hace un guiño también a una de sus principales bases electorales en las clases trabajadoras , especial mente entre la clase obrera blanca triturada por el paro y el subempleo, elevando para parejas que ganen menos de 24.000 dólares el nivel libre de impuestos.

El líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, critica que es una reforma que va a seguir aumentado las desigualdades y que “el plan del presidente claramente facilita la vida a los más ricos y los intereses especiales, y la complica a los estadounidense de clase media y bajos ingresos”.

La batalla por los detalles

Fijadas las líneas maestras, Trump tendrá que lidiar con sectores republicanos de su propio partido y con los demócratas “los detalles” de este Plan en el Congreso y en el Senado.

Algunos sectores republicanos temen que el plan aumente el déficit federal que se acerca a los 600.000 millones de euros y ponen en duda que el crecimiento previsto del 3% sea suficiente por sí solo para compensar los más de 7 billones de dólares que, según algunos estudios (como el Tax Policy Center), se dejarán de recaudar en una década. Según los analistas la economía tendría que crecer como mínimo al 5%.

Los demócratas comparan la propuesta de Trump con la política de Reagan en 1986, cuando una fuerte rebaja de impuestos acompañada, como ahora, con una ampliación del gasto militar, tuvo como resultado un considerable incremento del déficit fiscal, con la consiguiente subida de las tasas de interés para financiarse y el fortalecimiento del dólar, que le restó competitividad en el comercio exterior a la economía.

Por eso ahora el peligro es que la reforma fiscal acabe en una cadena de recortes en los programas sociales. Algo que Trump ya ha demostrado que estaría dispuesto a hacer con los inmigrantes o con los 14 millones de personas que podrían quedarse sin seguro médico si volviera a la carga contra la reforma sanitaria de Obama.

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