ETA no se ha muerto, ha sido derrotada

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21-04-2017
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“ETA no ha sido derrotada. ETA se ha extinguido, igual que un mamut o la moda de los pantalones campana. Como Franco, ETA murió en la cama.” Así cierra su artículo titulado “ETA murió en la cama” el periodista y escritor, Aníbal Malvar, publicado hace unos días en el blog digital que tiene en blogs.público.es, a propósito de la farsa montada en torno a la entrega de las armas. ¿Qué quiere decir “murió en la cama”, que murió por sus propias causas “naturales” o por haber pasado de moda? Veamos.
 ETA no se ha muerto, ha sido derrotada
“ETA no ha sido derrotada. ETA se ha extinguido, igual que un mamut o la moda de los pantalones campana. Como Franco, ETA murió en la cama.” Así cierra su artículo titulado “ETA murió en la cama” el periodista y escritor, Aníbal Malvar, publicado hace unos días en el blog digital que tiene en blogs.público.es, a propósito de la farsa montada en torno a la entrega de las armas. ¿Qué quiere decir “murió en la cama”, que murió por sus propias causas “naturales” o por haber pasado de moda? Veamos.

Lo primero que hace Malvar es eliminar de la escena, en los dos casos, al pueblo. Al pueblo vasco y al conjunto del pueblo español de las nacionalidades y regiones, y su lucha heroica contra el fascismo de Franco y el terrorismo de ETA. Y de paso también el alto precio en sufrimientos, cárceles, torturas, muertes, exilio y miedo.

Para el autor de “ETA murió como Franco”, la lucha de la clase obrera y la inmensa mayoría del pueblo español, trabajadores, estudiantes, sindicalistas, asociaciones de todo tipo, partidos políticos, profesionales y personalidades del mundo del arte y la cultura... no jugó ningún papel en la caída de Franco y su régimen, ni en escribir en la memoria colectiva el significado de los cuarenta años de dictadura fascista. Solo el año 1977 la policía cargó contra 788 manifestaciones en toda España.

Malvar borra de un plumazo a las víctimas y los héroes populares de esa lucha, a los obreros asesinados por la policía en la iglesia de San Francisco de Vitoria, a los abogados laboralistas de Atocha asesinados por la ultraderecha, o los estudiantes como Mariluz Nájera o Arturo Ruiz asesinados en manifestaciones, son solo algunos ejemplos de  los casi 188 asesinatos provocados por la represión final del régimen franquista. Casi 600 entre 1975 y 1983 si se incluyen a los grupos de ultraderecha y los terroristas de Grapo y ETA.

Franco y el franquismo no se extinguieron por sí solos, cayeron -aunque aún hay mucho por hacer- matando y reprimiendo hasta el último suspiro al pueblo español que les hizo frente. 

Y elimina al pueblo contra ETA. Para Anibal Malvar la lucha popular, las movilizaciones contra el terror y el fascismo de ETA, especialmente a partir de los años 90, no han existido ni tienen nada que ver en el fin de ETA. Sectores de toda la sociedad vasca (y española, pero sobre todo vasca), salieron a arrebatar la calle a los pistoleros: ciudadanos de a pie, concejales y cargos públicos de todos los partidos democráticos -incluidos los del PP vasco- que se jugaron cada día la vida, intelectuales, familiares, amigos y asociaciones de las víctimas, pacifistas, cristianos, socialistas, comunistas, etc. Multiplicaron las denuncias y desenmascararon a los dirigentes políticos nazifascistas (como Arzallus, ex presidente del PNV, e Ibarretxe) que utilizaban el terror para imponer sus objetivos políticos.

Hasta hace cinco años aún se oía “ETA mátalos” y el “algo habrán hecho”. Hoy nadie (salvo restos de ellos mismos, como los falagistones añorantes del franquismo) quieren asumir su legado de terror y crímenes.

ETA no se ha muerto en la cama. Ha sido derrotada. Como Franco y todo lo que representa muere arrinconada y derrotada por la lucha popular del pueblo vasco y del conjunto del pueblo español, y también por la acción judicial y policial. No se extingue un mamut, señor Malvar, está cayendo la banda terrorista cercada por quienes le hicimos frente. Y hasta su total disolución.

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Los “muy raros vencedores y vencidos” de Anibal Malvar

Según Anibal Malvar “ETA no ha sido derrotada”. Lo que no le impide hablar en su artículo de los  “No me digáis que no vivimos en un país muy peculiar, con unas victorias y unas derrotas muy peculiares, con unos vencedores y unos vencidos muy raros”

Según Malvar esos vencedores serían los “vencedores populares”. ¿Si ETA no ha sido derrotada, por qué Malvar habla del PP como los “vencedores”?

El articulista niega la derrota de ETA y niega la victoria del pueblo. Pero no tiene reparo en referirse al PP como  “los vencedores” “muy raros” que no se alegran de “su victoria” sobre ETA.

Frente al “ánimo risueño del derrotado Arnaldo Otegi” (condenado por su pertenencia a ETA y actual secretario general de Sortu), el “tardoconverso” y “tardopacicifista” muy raro también.

Una lección de equidistancia

No importa que la entrega de las armas haya sido una operación política, otra más, y de encubrimiento de terroristas de ETA porque no solo no se han entregado todas, sino que se ha sido muy cuidadoso con no aportar ningún dato que pueda llevar al esclarecimiento de los 300 asesinatos por aclarar... esperando sacar réditos políticos y penitenciarios, sin ni siquiera anunciar su disolución definitiva, pidiendo perdón y ofreciendo reparación a las víctimas.

Ni que Otegi, ahora sin capucha, se ría de todo este montaje mientras los “encapuchados ya ejerzan de nazarenos”.  ¿Son raros o son terroristas con crímenes aún sin aclarar sobre sus espaldas? ¿Raros o fascistas? ¿Ejercen de “nazarenos” o son terroristas encapuchados para ocultar su responsabilidad terrorista y que sus crímenes sigan impunes?

“Raros” son para Malvar quienes no celebran esta situación (que Anibal identifica con el gobierno del PP para desacreditar su lucha) pero que en la calle y en los medios son las victimas y gran parte de la población desencantados o indignados porque la banda ni entregue todas las armas, ni pida perdón, ni declare su disolución definitiva.

Los encapuchados no ejercen de inocentes nazarenos señor Anibal, sino de calculadores terroristas. La risa de Otegi que usted bendice, no es de un “tardopacifista” sino de un cómplice del terror que todavía pretende sacar réditos políticos de la banda terrorista.

Ganar la batalla del relato

Muchos de estos nombres procedentes de la izquierda, pero que también se unieron a militantes y cuadros del PP vasco que se jugaron, literalmente, la vida.

La rebelión democrática fue capaz de dar organización al rechazo al terror y el nacionalismo étnico que se estaba convirtiendo en un clamor en la sociedad vasca. Y que recibieron el apoyo de todo el pueblo español. Fortaleciendo con ello la unidad en la lucha conjunta por la libertad.

Ellos, los hombres y mujeres que en Euskadi rechazaron y se enfrentaron al fascismo etnicista, son los héroes de esta historia.

Sabemos que sin el apoyo activo de los los Arzallus e Ibarretxe no habría sido posible mantener casi 50 años de terrorismo activo al servicio del fascismo étnico y la fragmentación.

Pero no es suficiente para desentrañar y entender la prolongada existencia de ETA y su actuación en momentos decisivos de la vida política de nuestro país.

ETA tiene que entregar junto a las armas y su declaración de disolución la memoria histórica de sus cinco décadas de terrorismo: sus redes de apoyo y financiación, incluso quién les daba el aliento ideológico y político.

La organización tiene que entregar sus fuentes de financiación, más allá de los robos y extorsiones a los empresarios vascos. Porque sólo con ellos es difícil entender cómo se ha podido mantener una organización terrorista con decenas de comandos, pisos francos y centenares de activistas liberados en la clandestinidad. ¿Quiénes les han financiado? ¿Cuáles han sido sus relaciones con las potencias exteriores y sus servicios secretos como la CIA o el KGB? ¿O quienes les proporcionaron información para sus atentados más importantes?

Porque si algo destaca en la historia de ETA es que tras cada uno de sus crímenes se puede encontrar los intereses de una u otra potencia por intervenir, desestabilizar, influir o incluso reconducir la vida política española.

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