Selección de prensa internacional

Cooptar a Rusia

El Kremlin debe pasar de la confrontación a la cooperación y de la beligerancia a la asistencia

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04-02-2009
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Aunque gran parte de la atención de la prensa internacional se dirige a intentar desentrañar los objetivos y la polí­tica de la nueva administración norteamericana en los puntos más calientes o conflictivos del globo, la realidad es que ésta ha empezado a moverse con celeridad, aunque discretamente y sin tanta publicidad, en otros terrenos.
 Cooptar a Rusia
Aunque gran parte de la atención de la prensa internacional se dirige a intentar desentrañar los objetivos y la polí­tica de la nueva administración norteamericana en los puntos más calientes o conflictivos del globo, la realidad es que ésta ha empezado a moverse con celeridad, aunque discretamente y sin tanta publicidad, en otros terrenos.
La reunión entre la nueva Secretaría de Estado, Hillary Clinton, y su homólogo ruso, Lavrov, si bien ha pasado prácticamente desapercibida para la prensa española –aquejada históricamente de un provincianismo a prueba de bomba –ha sido uno de los centros de atención de la prensa internacional estas últimas 48 horas. Son demasiadas cuestiones la que están en juego como para ignorarla.
 
De las relaciones entre EEUU y Rusia sigue dependiendo –en primer lugar– la construcción de una arquitectura de seguridad europea estable. Y por tanto sus implicaciones van mucho más allá que las simples relaciones entre Washington y Moscú. La misma definición de la OTAN y su papel estratégico el mundo tras la guerra fría dependen en gran medida de este asunto y de si EEUU va a seguir presionando para expandirla hasta Ucrania y Georgia, las fronteras en Europa y el Cáucaso que Moscú considera de seguridad nacional. Contener las revitalizadas ambiciones imperialistas de Rusia es algo que sólo está en manos de Washington, el único que tiene bazas en la mano que ofrecer al Kremlin para que afloje su presión sobre Europa. Los términos en que puede producirse esta distensión, lo que Obama está dispuesto a ofrecer a Putin y lo que exige a cambio es lo que está en negociación en estos momentos.
 
Pero de la relación con Rusia depende también el statu quo –todavía por definir con precisión– de una región vital como es el Asia Central, donde confluyen los intereses de al menos tres grandes potencias (Rusia, EEUU y China, con India a la expectativa), y que presenta un gran valor añadido coyuntural como ruta de suministro hacia las tropas en Afganistán, dada la inestabilidad y poca fiabilidad que ofrece Pakistán.
 
Dos factores obligan necesariamente a revisar y readecuar las relaciones –manifiestamente mejorables– entre Rusia y EEUU. De un lado, la nueva política exterior de Obama y su promesa de una “diplomacia inteligente”, que, a diferencia de la que siguió Bush con Moscú, requiere explorar todas las posibilidades de negociación y acuerdo. Del otro, la crisis económica que está castigando con especial intensidad a Rusia, al haber fiado todo su potencial de crecimiento a su condición de potencia energética en unos momentos en que las materias primas –y entre ellas el petróleo y el gas– parecen condenadas a un ajuste a la baja en sus precios por un largo período. De esta toma y daca de debilidades y necesidades mutuas debe surgir una nueva relación Washington-Moscú aún por determinar.
 
 
 
Gran Bretaña. The Times
COOPTAR A RUSIA
 
Antes de la caída del comunismo, el control de armamentos fue el criterio por el cual se midieron todas las relaciones Este-Oeste. La distensión entre la Unión Soviética y los Estados Unidos produjeron una serie de acuerdos para reducir los enormes arsenales nucleares de cada superpotencia. Pero aunque la Guerra Fría terminó con el colapso de la Unión Soviética, la cuestión nuclear permanece. Y el reciente empeoramiento en las relaciones de Rusia con Occidente, junto con la expiración en diciembre del crucial acuerdo Start de 1991, el pacto fundamental para la reducción de las cabezas nucleares, ha hecho de nuevo del control de las armas un componente vital de la seguridad mundial. Es una cuestión que el Presidente Obama parece dispuesto a abordar con una urgencia no vista desde hace dos décadas.
 
Rusia y Estados Unidos todavía tienen 5.000 ojivas nucleares cada uno. En el marco del acuerdo Start, los arsenales nucleares se han reducido a la mitad del total de 10.000 ojivas anteriores. Pero el Sr. Obama ahora quiere negociar un nuevo tratado que limite a cada una de las partes en torno a las 1.000. Su compromiso con una nueva ronda de reducciones mutuas no está en duda. En su discurso inaugural, hizo de la reducción de estas armas su tercera prioridad en política exterior, después de Irak y Afganistán. Y ayer, Hillary Clinton, su Secretaria de Estado, y Sergei Lavrov, su homólogo ruso, iniciaron nuevas conversaciones sobre las reducciones y otras cuestiones estratégicas clave.
 
El Sr. Obama ha elegido bien el momento. Vladimir Putin, poderoso Primer Ministro de Rusia, ha frenado los planes de desplegar misiles tácticos cerca de la frontera polaca y, recientemente, habla de "señales positivas" de la Administración de Obama. El señor Putin quiere ahora mostrar una cara más amable -no porque sea menos estridente su nacionalismo o tenga cualquier ablandamiento en su determinación de hacer oír la voz de Moscú-, sino porque Rusia se ha encontrado de repente una vez más débil.

Rusia ha sido uno de los grandes perdedores de la contracción del crédito. Sus oligarcas han perdido miles de millones, al hundirse precipitadamente el rublo, las reservas de divisas, que una vez fueron las terceras más grandes del mundo, se han agotado en gran parte, y la caída de los precios del petróleo ha recortado drásticamente los ingresos de Rusia. El pavoneo y la arrogancia que caracterizó la intervención de Rusia en Georgia, su tratamiento de los inversores extranjeros y la actitud hacia el mundo exterior han desaparecido. Moscú necesita ahora mejorar las relaciones con el exterior, mientras que tiene lidiar el descontento creciente en su casa.
 
 
Mejorar las relaciones entre Moscú y Washington también es crucial para Obama de acuerdo con otras prioridades de su política exterior. Las fuerzas de EEUU en Afganistán se han incrementado, pero en los últimos meses la cadena de suministro a través de Pakistán se ha visto perturbada por los talibanes paquistaníes y los insurgentes. La OTAN necesita una ruta alternativa segura. Sin embargo, los suministros a través de Rusia son políticamente difíciles, siempre y cuando las relaciones de la OTAN con Moscú sigan siendo tensas. Hay margen, por lo tanto, para cada una de las partes para promover un compromiso por sus intereses. La principal demanda rusa a América es el descarte de su escudo antimisiles propuesto para ser desplegado en Polonia y la República Checa. También quiere que la OTAN  retire la perspectiva de la adhesión de Georgia y Ucrania. Obama ya ha expresado su escepticismo acerca de la primera de esas políticas de Bush (a pesar de que el lanzamiento de Irán de un misil puede reforzar la llamada a construir este escudo), y la OTAN acaba de congelar una mayor expansión hacia el hielo.
 
Rusia, sin embargo, debe ahora modificar su posición en otros lugares, especialmente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Su obstrucción a sanciones más severas contra Irán y Zimbabwe no ha tenido ninguna base política, excepto el pique y el deseo de devolver a Occidente agravios imaginarios. Moscú tiene tanto interés como cualquiera en la prevención de que Irán desarrolle armas nucleares, y debería dejar esto muy claro a Teherán. No tiene necesidad de hacer la corte al dictador de Zimbabwe. Tampoco una alianza con Venezuela tiene sentido. Estos cambios, y las conversaciones sobre las armas nucleares, serían muy útiles tanto para Rusia como para América, así como para el avance de la seguridad mundial.
THE TIMES .4-2-2009
 
 
Rusia. The St. Petesburg Times
ALEJÁNDOSE DE LA DESCONFIANZA
Sergei Guriev and Aleh Tsyvinski

La relación entre Rusia y Occidente en términos de relaciones diplomáticas e inversión extranjera se ha tornado áspera en 2008. La guerra entre Rusia y Georgia, el desacuerdo sobre el despliegue de elementos del sistema anti-misiles en Polonia y la República Checa, las controversias entre las compañías petroleras TNK yBP y la caída libre del mercado de valores de Rusia han creado resentimiento mutuo y unas relaciones alteradas. Sin embargo, existen razones para creer que la situación cambie en un futuro próximo, y el discurso de Davos del primer ministro Vladimir Putin el miércoles puede ser el primer paso.


Hace apenas seis meses, muchos opinaban que Rusia era económicamente invencible. Subida en una década del 7% de crecimiento anual medio, casi 600 mil millones de dólares en reservas en moneda extranjera (alrededor del 40% del PIB) y, a continuación, lo que parecía un interminable auge de los precios de las materias primas, hicieron parecer a Rusia una isla de prosperidad, a pesar de las crecientes oleadas de la crisis financiera mundial.
 
Este músculo económico alimentó a menudo la arrogante actitud de los funcionarios rusos hacia del resto del mundo, dado que los inversionistas acudían a una economía en auge, independientemente de la dura retórica política que salía de Moscú. Occidente quería a Rusia, pero el Kremlin estaba convencido de que Rusia no necesitaba a Occidente.

Esta confianza ha sido sacudida. Antes de la crisis, Rusia había subestimado su integración financiera y económica con el resto del mundo. En primer lugar fue una sorpresa que una gran parte de su mercado de valores era propiedad de extranjeros. Cuando los extranjeros comenzaron a retirar sus capitales de Rusia, el mercado se derrumbó.

La segunda sorpresa vino después cuando las empresas rusas y sus propietarios asumieron enormes deuda con acreedores occidentales. Durante el boom de estos años, estas empresas habían tomado prestado para financiar agresivas adquisiciones, usando la subida de los precios de las acciones como garantía. Cuando el mercado de valores se derrumbó, le siguieron los beneficios, y los accionistas se quedaron sin liquidez. Por último, el petróleo y los precios de los metales -el catalizador del crecimiento del país- están siendo gravemente afectados por la recesión mundial y la desaceleración del crecimiento.
 
Ese drástico cambio de ciclo económico es, sin duda, una amenaza para la estabilidad política de Rusia. Para sostener el crecimiento y evitar el malestar social, el Kremlin debe llevar a cabo las reformas económicas internas, atraer la inversión extranjera y mejorar las relaciones con Occidente. Y debe hacerlo ahora.

Afortunadamente, la crisis ofrece una oportunidad para Rusia de desempeñar un papel significativo en la reforma del sistema financiero mundial y reforzar su reputación y su relación con Occidente. El Kremlin puede alcanzar estos objetivos capitalizando varios puntos fuertes de su economía. En primer lugar, Rusia aún tiene importantes reservas financieras, y su economía sigue siendo muy grande.

En segundo lugar, a medio plazo, el rublo puede surgir como una moneda de reserva regional clave, un objetivo que es muy querido por el Kremlin. Si Rusia deja finalmente flotar su moneda y, por último, reduce la inflación, el rublo, sin duda, podría convertirse en un importante instrumento para la cobertura de los precios del petróleo -por lo menos para los países vecinos-, una vez que los precios de los productos básicos comiencen a recuperarse.
 
Si Moscú es capaz de desempeñar un papel más importante en la reforma de las instituciones económicas internacionales, esto ayudará a mejorar su relación con Occidente. Es cierto que la amargura que ha acumulado en los últimos años no va a desaparecer de la noche a la mañana. El ciudadano medio de Rusia percibe a los Estados Unidos como un enemigo, y ese sentimiento está muy extendido. Las encuestas realizadas a raíz de la guerra de Georgia demostraron que el 75% de los rusos cree que Estados Unidos es hostil, más que aliado. El público ruso cree también que los Estados Unidos son en gran parte culpables de los actuales problemas económicos, y este bagaje negativo será difícil de disipar. 

El cambio esperado en la política exterior de EEUU con la administración del presidente Barack Obama ofrece una gran esperanza de que las relaciones ruso-EEUU mejorarán significativamente. Estos tiempos mejores también exigen, sin embargo, cambios dentro de la propia Rusia. El Kremlin debe pasar de la confrontación a la cooperación y de la beligerancia a la asistencia. 

Al reconocer que el poder económico de Rusia no sólo depende de la reforma interna, sino también de mejorar la colaboración con los socios internacionales, las relaciones con Occidente pueden evolucionar desde la desconfiada soledad a la fuerza mutua.
THE ST. PETESBURG TIMES. 4-2-2009
 
 
 
 
 
EEUU. The New York Times
SUMINISTROS AFGANOS, EXIGENCIAS RUSAS
George Friedman
 
Los talibanes no han esperado mucho para poner a prueba a Barack Obama. El martes, sus militantes bombardearon un puente en la región de Khyber Pass, en Pakistán, cortando las líneas de suministro a las fuerzas de la OTAN en la vecina Afganistán. Esto plantea un grave problema para el presidente Obama, quien ha dicho que quiere más tropas estadounidenses en Afganistán. Sin embargo, las tropas necesitan suministros.

El ataque es otro recordatorio de que la línea de suministro a través de Pakistán es extremadamente vulnerable. Esto significa que la administración de Obama podría tener que considerar rutas alternativas a través de Rusia u otras partes de la antigua Unión Soviética. Pero los rusos están descontentos con la voluntad de la  administración Bush dispuesta a incluir a Ucrania y Georgia en la OTAN, y probablemente no quieran ayudar a EEUU con las líneas de suministro a menos que el Sr. Obama cambie esa posición.
 
Además de garantizar que la OTAN no se ampliar más, los rusos parecen querer de Estados Unidos  la promesa de que las fuerzas de la OTAN no se instalarán en los países bálticos, y que los Estados Unidos no intentarán dominar el Asia central. En otras palabras, Rusia quiere que EEUU contraiga el compromiso de respetar la esfera de influencia rusa en la ex Unión Soviética. Es muy probable que quieran hacer pública esta garantía, como una señal para la región -y para los europeos- de la dominación rusa. Esta es una garantía de que Obama no querrá dar.

Tampoco existe certeza de que los países en la esfera de influencia rusa, como Kazajstán y Turkmenistán, estén de acuerdo en permitir que los Estados Unidos utilicen estas rutas sin permiso ruso.
 
Aquí es donde el Sr. Obama podría utilizar algo de la ayuda europea. Lamentablemente, esto no es probable que llegue pronto. Muchos europeos, especialmente alemanes, dependen del gas natural de Rusia (...) Los europeos no puede realmente permitirse el lujo de irritar a los rusos, y es difícil imaginar que los alemanes combatirán a lo largo de las rutas de suministro a Afganistán. Mientras tanto, Pakistán, por desgracia, no es un socio fiable.

¿Cómo puede el Sr. Obama conciliar el doble objetivo de fortalecer la presencia norteamericana en Afganistán, mientras reduce la expansión rusa? La respuesta es confiando menos en las tropas, y más en las operaciones encubiertas de la CIA (...) mucho más útiles para la guerra que estamos librando (...) El principal interés estadounidense en Afganistán, después de todo, es impedir que los grupos terroristas lo utilicen como base para la formación y la planificación de grandes ataques. Aumentar el número de tropas no convencionales ayudaría a esta misión.
 
Lo que necesitamos en Afganistán es inteligencia y fuerzas de operaciones especiales y una fuerza aérea que pueda tomar ventaja gracias a esos servicios de inteligencia. La lucha contra los terroristas requiere identificar y destruir objetivos pequeños y dispersos. Necesitaríamos muchas menos fuerzas para esa misión que el número que ahora están desplegados. Y eso nos haría mucho menos dependiente de los suministros de abastecimiento, lo que ayudaría a resolver nuestro problema ruso.

La reducción de la guerra convencional, y el aumento de las operaciones encubiertas exige un cambio cultural en Washington. La administración Obama parece preferir la ruta convencional de poner más tropas sobre el terreno. Eso sería una estrategia viable si las líneas de suministro a Afganistán fueran seguras. La pérdida ayer de ese puente demuestra claramente que no lo son.
THE NEW YORK TIMES. 4-2-2009
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