Grietas y fracturas en el procés

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09-03-2017
Ante el tribunal que le juzga por haber impulsado el referéndum ilegal del 9-N, Francesc Homs, portavoz de la ex Convergencia en el parlamento, afirmaba desafiante que el procés independentista se mantendría aunque el Estado español lo prohibiera. Sin embargo, el mismo Homs había tranquilizado a un selecto grupo de grandes monopolios nacionales y extranjeros al transmitirles: “no se preocupen, que no habrá ruptura con España”.
 Grietas y fracturas en el procés
Ante el tribunal que le juzga por haber impulsado el referéndum ilegal del 9-N, Francesc Homs, portavoz de la ex Convergencia en el parlamento, afirmaba desafiante que el procés independentista se mantendría aunque el Estado español lo prohibiera. Sin embargo, el mismo Homs había tranquilizado a un selecto grupo de grandes monopolios nacionales y extranjeros al transmitirles: “no se preocupen, que no habrá ruptura con España”.

Cuanto más se acerca la fecha decisiva -septiembre de 2017- en la que debiera culminarse la “desconexión con España”, más grietas y fracturas aparecen en un procés soberanista que se enfrenta, sobre todo, al rechazo de la mayoría social catalana.

Varios hechos han demostrado como las grietas abiertas en el campo independentista empiezan a amenazar los cimientos de un procés soberanista que había señalado este año con estación de llegada de la desconexión con España.

En un gesto insólito, el grupo parlamentario de Junts pel Sí daba un golpe en el parlamento catalán, intentando imponer la aprobación de la ley de Transitoriedad Jurídica -que sienta las bases de la ruptura- en menos de 24 horas, sin debate y sin posibilidad de presentar enmiendas.

Como plantea el periodista catalán Enric Juliana, “la mayoría soberanista que no logró una victoria plebiscitaria en las elecciones del 2015 quiere maniatar al Parlament en la hora decisiva”.

Mientras tanto, el Consell de Garantías Estatutarias aprobaba un dictamen solicitado por Ciudadanos, PSC y PP, en el que declaraba ilegales las partidas aprobadas en los presupustos por el gobierno de Puigdemont destinadas a un referéndum por la independencia.

Ya no el Tribunal Constitucional en Madrid, sino una institución de la Generalitat la que coloca, desde Barcelona, límites legales al soberanismo.

El broche lo puede colocar las confesiones de los antiguos dirigentes del Palau de la Música, que amenazan con abrir en canal la financiación ilegal de la ex Convergencia, salpicando al propio Artur Mas.

Al abordar el momento donde la amenaza de ruptura debiera empezar a convertirse en hechos reales, todas las tensiones empiezan a estallar en el campo independentista. 

La razón la proporcionó Francesc Homs, en su reunión con los principales monopolios con intereses en Cataluña, al reconocer que un referéndum independentista sería un fracaso porque los soberanistas no cuentan con el apoyo social necesario. Añadiendo que, según los sondeos que maneja la ex Convergencia, la opción de la ruptura con España no ganaría si la población pudiera pronunciarse."Homs reconoce que un referéndum independentista sería un fracaso porque la disgregación no cuenta con el apoyo social necesario"

Por eso, quienes dicen enarbolar la bandera del “derecho a decidir”, deben necesariamente silenciar la opinión de la mayoría social catalana, o intentar sortear el debate parlamentario para imponer una “independencia exprés” y sin debate.

La tabla de salvación

No puede decretarse la ruptura en contra de la posición de la mayoría de la población. Por eso Homs da por perdida la guerra de la independencia, contentándose con obtener un pacto beneficioso con el Estado.

Pero otros sectores del soberanismo apuestan por una tabla de salvación: la internacionalización del procés. Acelerando el paso para provocar una respuesta por parte del Estado, el llamado “choque de trenes”, que obligue a intervenir a instituciones internacionales.

En contra de la sociedad catalana, pero con el amparo de centros de poder mundiales, la desconexión sí sería posible.

Artur Mas acaba de participar en una gira para presentar su proyecto digregador. En EEUU acudió a una conferencia en Harvard, una de las principales universidades norteamericanas, bajo el significativo título “La forma futura de Europa: adhesiones y secesiones”."Si el procés soberanista ha encontrado límites infranqueables es por el rechazo cada vez mayor de la mayoría social catalana"

Allí prometió que una Cataluña independiente “actuará como un estado responsable que cumple con los compromisos con la OTAN”, ofreciéndose como “un aliado clave en el Mediterráneo para estabilizar la orilla sur”. Y alabando las bondades de la “Pax americana” que, según recordó Mas “ha permitido que cerca de un centenar de países se independicen desde 1945”.

El aval norteamericano podría llegar en un momento donde la llegada de Trump se abre un proceso de reordenamiento mundial que necesitará sacudidas para su ejecución. Y permitiría, si bien no la disgregación de España -algo que Washington no contempla- un amparo para arrancar concesiones al Estado español por parte de los Mas y Puigdemont, a pesar del anunciado fracaso del procés independentista.

El protagonista que todos excluyen

El procés soberanista es una obra donde todos parecen empeñados en apartar de la escena y borrar de los títulos de crédito al protagonista clave.

Si el procés soberanista ha encontrado límites infranqueables es por el rechazo cada vez mayor de la mayoría social catalana. Dirigido especialmente contra la cúpula de los proyectos de ruptura, una ex Convergencia que en 2012 ganó las elecciones rozando la mayoría absoluta y ahora queda relegada por las encuestas al papel de tercera, cuarta o quinta fuerza política en Cataluña.

Cada vez más sectores dentro de la ex Convergencia buscan minimizar los daños, aparcando una hora de ruta independentista que amenaza con convertirlos en irrelevantes. Concentrándose en arrancar un pacto con el Estado que amplíe el poder de las élites catalanas.

Rajoy ofrece a Mas y Puigdemont una negociación sobre la base de una renuncia explícita a cualquier consulta soberanista. Pero no puede encabezar y movilizar a la mayoría social catalana que se opone a la independencia. No por inmovilismo, sino porque representa la oleada de recortes sufridos por la mayoría, tanto en Madrid como en Barcelona.

De un acuerdo entre Rajoy y Mas no saldrá una solución al “problema catalán” que refuerce la unidad. Para ello es necesario el protagonismo del pueblo trabajador catatalán, junto al resto del pueblo español, uniendo el rechazo de la disgregación con una alternativa de progreso frente a los recortes.

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COMENTARIOS

Del sursur (invitado) 09-03-2017 12:32

Nunca antes lei un artculo en el que la necesidad del actor: pueblo; se viera con esa precision de frente a que pryectos y que actores dañinos.