Eduardo Fernández

Scriabin

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03-03-2017
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La música clásica es un género condenado al consumo de una minoría, pero en manos de artistas como Eduardo Fernández toma un nuevo sentido
 Scriabin
La música clásica es un género condenado al consumo de una minoría, pero en manos de artistas como Eduardo Fernández toma un nuevo sentido

Eduardo Fernández es uno de los pianistas más destacados del país. Con sólo 36 años ha actuado ya en más de 20 países y es invitado regularmente en importantes salas de todo el mundo y en las mejores salas de España. Debutó en la Sala Principal del Teatro Real, junto a la Orquesta Sinfónica de Madrid con motivo del Centenario de la muerte de Albéniz, y es el primer español en grabar los 90 preludios del compositor ruso Scriabin. 

¿Por qué Scriabin?

Es un autor que me ha calado en profundidad. Cuando trabajo un autor en particular, quiero sacar todo el contenido que rodea a esa obra, lo que hay antes y lo que hay después. De modo que comprenda el por qué de cada pequeño detalle de esa pieza. Por eso al final acabo haciendo trabajos bastante monográficos.

En el caso de Scriabin me sedujo la evolución que experimenta en su escritura, desde sus inicios que son muy cercanos al Romanticismo, hasta su final, cuando llega a un lenguaje propio. Nadie ha llegado más allá. Es un lenguaje muy vinculado al mundo de la teosofía. Cada enigma y cada giro, cada detalle que quiere expresar del discurso teosófico está reflejado en notas. Me llamó la atención cómo evoluciona su lenguaje romántico hasta uno en el que todo lo modifica de acuerdo a esa doctrina teosófica. 

¿No te planetas salir del monográfico?

El problema para mi es que para poder abordar una grabación con piezas de diferentes autores, he de ahondar en cada pieza y hacer ese trabajo, porque no me quedo con lo que veo en la partitura, sino que quiero saber muchas más cosas acerca de esa pieza y de ese compositor; qué pintores y qué mundo le rodeaba, qué religión profesaba… cualquier cosa puede ser importante a la hora de interpretar una partitura. No es que solo quiera hacer monográficos, es que si hago piezas de varios autores necesito hacer ese trabajo con cada compositor. Y así lo hago. 

Es como mostrar una obra de teatro de un autor sin conocer ninguna otra. No sería un buen intérprete o director de teatro si solo conociera ese texto. Lo que ocurre es que en el mundo de la interpretación se tiende a quedarse solo con la partitura de esa pieza y no ir más allá. 

¿Qué dificultades tiene interpretar a Scriabin?, ¿qué consistencia tienen sus habilidades sinestésicas (oír colores)?

Es algo muy comercial, pero no podemos saber a ciencia cierta si Scrabin era sinestésico o no. La sinestesia es una disociación neurológica involuntaria, pero es un término que ha cambiado de significado a raíz de los avances neurológicos. Sin embargo, en su tiempo, estaba muy extendido el intentar asociar unas tonalidades con unos colores. Lo que ocurre es que Scriabin lo llevó hasta las últimas consecuencias, incorporando los colores a su forma de escribir, que además estaba encaminada hacia esa doctrina teosófica que profesaba siguiendo a Madame Blavatsky. 

En la teosofía existe lo místico de lo terrenal y lo divino de lo diabólico. También aparecen como pares, lo que se llama el pléroma, el azul y el rojo, que para Scriabin significa lo celestial y lo terrenal. Scriabin modifica los colores para hacerlos coincidir con esas notas, con lo que hay muchas dudas de que fuera sinestésico, ya que es algo forzado para difundir un discurso. 

Es complejo de explicar sin una partitura, y sin notas. El problema es que se ha sacado de contexto que Scriabin era sinestésico, cuando lo que es sinestésico es su mensaje. Quería provocar que el oyente disfrutar de una sinestesia inducida por él mismo. Bajo mi punto de vista quiere conseguir, no que disfrutes con un azul o con un rojo, sino con un estado de ánimo que experimentas, que es más bien celestial o terrenal, y que él asocia a esos colores. 

Es de los compositores más atractivos para interpretar. Virtuosísticamente es complejísimo, pero el mensaje y la cantidad de información que hay detrás de las notas de la partitura es mucho más complejo aún. Unes virtuosísmo, cantidad de notas y un ritmo que a medida que avanzas en la partitura es más trepidante pero menos claro dentro de un compás, y te da un compositor extraordinariamente seductor. 

Cada vez los intérpretes españoles gozáis de mayor reconocimiento. ¿A qué crees que se debe?

Hay muchos grandes artistas, no solo intérpretes, en el mundo de las artes en general. El talento español, aunque yo diría más el latino, es particular. Llevamos el arte en nuestro carácter de otro modo.

Siembre ha habido grandísimos nombres, aunque con cuentagotas. Pero en la actualidad hay muchos más artistas porque hace 50 años era impensable para alguien de Madrid poder ir a dar una clase a Alemania o Italia. Hoy en día es posible ir a dar un concierto a China o Nueva York y volver al día siguiente. Eso influye en el apetito voraz que tenemos de expresar lo que tenemos. En el terreno educativo no se ha producido ningún cambio en ese sentido. Estamos muy por detrás del resto de Europa. 

Es curioso, porque siendo así, somos punteros en grandes solistas y en grandísimos músicos de orquesta. Hay grandes músicos españoles en las mejores orquestas del mundo. Creo que tenemos la capacidad de adaptarnos al carácter que tenemos en frente y de disfrutar de ella.

¿Qué hay que hacer para llegar hasta donde tú has llegado?

Mejorar solo un poquito más proporciona siempre una enorme satisfacción, y eso da hambre de mejora, que significa más hambre de trabajo. Eso es lo que es necesario. Son muchas notas y muchas horas para conectar con un público de los más variado, en un momento puntual, que empieza y acaba con nosotros. 

¿Los intérpretes de música clásica, seguís recibiendo más reconocimiento fuera de España?

Sí. Hace poco leí un estudio que decía que los españoles somos los que peor nota nos ponemos a nosotros mismos. Eso es demoledor. En algo tan subjetivo como la música, ocurre de forma mucho más exagerada. Estamos acostumbrados a pensar que quien viene de fuera está mejor preparado, sin embargo somos muchos artistas por todo el mundo, haciendo nuestro trabajo y disfrutando de ellos. Pero es muy difícil que se cuente con nosotros aquí. 

Yo no me puedo quejar, porque acabo de recibir el Premio Ojo Crítico de RNE, pero es un premio para una persona. No puedo elevar la voz quejándome por mi caso, pero sí por todo el gremio. 

¿Cuánto se ha avanzado en la popularización de la música clásica? 

Se ha avanzado bastante en la cúspide de la pirámide. Hay más conciertos, más accesibles, a precios más populares, la música ha dejado de estar vista con algo elitista, como algo a lo que hay que ir como oyente con esmoquin… pero falta la base, porque no hay educación. Si eso falla no hay melómanos, que son los reales consumidores de nuestro trabajo. Si no hay un público amplio que pueda entender y disfrutar plenamente de lo que está escuchando, es más difícil que los artistas jóvenes podamos difundir nuestro trabajo, que estamos haciendo algo interesante y que vale la pena que nos presten atención. Imagino que pasa lo mismo en muchas otras disciplinas, pero en el mundo de la música no pasa que no se ve, ni se toca, ni se huele. Por supuesto se puede disfrutar sin saber nada, pero es algo efímero que si no estás preparado para disfrutar… con más educación artística saldríamos todos beneficiados.

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