Privatización del agua (III)

El león hispano

Los principales conflictos entorno al agua se auguran donde EEUU tiene la necesidad de frenar proyectos autónomos

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03-02-2009
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En la última entrega apuntamos el papel estratégico que juega el agua en cualquier proyecto de crecimiento económico, y más, si éste es polí­ticamente autónomo de los grandes centros de poder mundiales. No solamente, y esto es absolutamente aplicable a la realidad española, porque las lógicas fricciones que suscita la escasez de agua sólo se transforman en conflicto abierto entre vecinos si hay una potencia superior con intereses de enfrentarlos, sino también porque el control de los recursos hí­dricos forma parte de la estrategia del hegemonismo norteamericano para estrangular proyectos que no controla. Veamos el ejemplo hispano. En la última entrega apuntamos el papel estratégico que juega el agua en cualquier proyecto de crecimiento económico, y más, si éste es polí­ticamente autónomo de los grandes centros de poder mundiales. No solamente, y esto es absolutamente aplicable a la realidad española, porque las lógicas fricciones que suscita la escasez de agua sólo se transforman en conflicto abierto entre vecinos si hay una potencia superior con intereses de enfrentarlos, sino también porque el control de los recursos hí­dricos forma parte de la estrategia del hegemonismo norteamericano para estrangular proyectos que no controla. Veamos el ejemplo hispano.
     A lo largo de los 90, el Banco Mundial abrió paso a la privatización del agua en el Tercer Mundo. Hispanoamérica era un plato suculento puesto que albergaba el mayor volumen de agua dulce per cápita, con 20 por ciento del total mundial, aunque su
población sólo accedía a un uno por ciento. Más de 130 millones de personas carecen allí de suministro de agua potable en sus hogares.
 
     El Banco Mundial sólo daba créditos para mejorar esta situación si los países afectados aceptaban la privatización de la gestión del agua. Acto seguido, las multinacionales elevaban abusivamente los precios del suministro dejando a amplios sectores de la población sin acceso al agua. Y, finalmente, no reinvertían la parte correspondiente de las ganancias en la mejora de las infraestructuras y servicios. Los disturbios en Cochabamba, Bolivia, en el año 2000, marcaron un hito contra estos consorcios. Miles de afectados se movilizaron y, a pesar de la brutal represión, consiguieron que el gobierno anulara el contrato a la  norteamericana Bechtel, empresa que triplicó las tarifas del suministro de agua y reclamó la propiedad de las fuentes, manantiales y ríos para exportar agua en bloque para las minas de cobre de Chile.
 
    Las masivas protestas populares y la acción de algunos gobiernos hispanos en países como Bolivia, Argentina o Uruguay han permitido expulsar a empresas como Aguas de Barcelona, testaferro de la francesa Suez en Hispanoamérica, y recuperar la gestión pública del agua. Ahora, en lugar de privatizar, se lleva la gestión mixta público-privada, una “privatización subvencionada por el Estado”. Sin embargo, el proyecto estrella del Banco Mundial en control hídrico está en las Tres Fronteras, el enclave estratégico donde se recarga el acuífero Guaraní, el mayor del mundo, situado en la frontera entre Argentina, Paraguay y Brasil. Un corazón que bombea un recurso vital para el león hispano: el Mercosur. Un enclave que vive una particular amenaza, la presión política y militar norteamericana.
 
     Bajo la administración Bush la zona ha sido incluida en la lista negra de bases del terrorismo islámico, cuestión que está por ver si cambia con la victoria de Obama. La acusación ha sido tildada de cortina de humo por todas las organizaciones cívicas locales, que esconde los auténticos intereses norteamericanos. La operación del Banco Mundial se enmarca dentro de las iniciativas norteamericanas (ALCA, plan Colombia, etc.) que encierran la siempre temida i n t e r v e n c i ó n militar (si la política no funciona) en el patio trasero norteamericano, para garantizar que la parte principal de los recursos y la plusvalía generada en Hispanoamérica sigue acumulándose en las arcas imperiales.
 
 
 
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