El Observatorio

Luces y sombras de los Goya

La Academia acertó en los premios, pero la ceremonia y los premiados erraron en sus crí­ticas a las descargas gratuitas de pelí­culas

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02-02-2009
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Con todo merecimiento, "Camino", la más arriesgada, "inesperada" y novedosa de las cuatro pelí­culas que luchaban por la casi totalidad de los Goya, salió arrolladoramente vencedora de una gala de cine español que, pese al repunte de audiencia en televisión, fue toda una confesión de que nuestro cine no atraviesa su mejor momento y que ni hay un diagnóstico claro de las causas de esa crisis ni tampoco una idea muy clara de lo que hay que cambiar. De ese desconcierto acabó surgiendo un "blanco" equivocado: las descargas gratuitas en Internet, de las que se habló como si fueran realmente el "jinete del Apocalipsis" que amenaza de muerte el cine español. Con todo merecimiento, "Camino", la más arriesgada, "inesperada" y novedosa de las cuatro pelí­culas que luchaban por la casi totalidad de los Goya, salió arrolladoramente vencedora de una gala de cine español que, pese al repunte de audiencia en televisión, fue toda una confesión de que nuestro cine no atraviesa su mejor momento y que ni hay un diagnóstico claro de las causas de esa crisis ni tampoco una idea muy clara de lo que hay que cambiar. De ese desconcierto acabó surgiendo un "blanco" equivocado: las descargas gratuitas en Internet, de las que se habló como si fueran realmente el "jinete del Apocalipsis" que amenaza de muerte el cine español.
          Seis de las siete estatuillas a las que aspiraba, entre ellas la de mejor película, mejor director y mejor actriz novel -a la maravillosa niña Nerea Camacho-, consagraron anoche, en la 23 gala de los Goya, a "Camino", de Javier Fesser, como la película más valiosa del cine español en 2008. Fue, sin duda, una decisión acertada, un riesgo que premiaba otro riesgo, el de Fesser, al llevar a cabo el prodigio de rodar esta insólita historia de amor y dolor, de vida y muerte, en las fauces mismas de un monstruo de la intolerancia y el fanatismo contemporáneos: el Opus Dei.
 
          Los justificados y merecidos premios a "Camino" contrastaron con el formidable "vacío" con el que fueron despachadas las dos películas que acudían a la gala con mayor número de nominaciones: "Los girasoles ciegos", de José Luis Cuerda (que sólo recibió un premio, el de mejor guión adaptado, para el fallecido Rafael Azcona, de los quince a que aspiraba) y "Sólo quiero caminar", de Agustín Díaz Yanes, nominada para once estatuillas y que recibió, también, solamente una. De nuevo, la Academia incurre, como en el pasado, en "unilateralismos" extremos y notable falta de equilibrio y equidad, como si viviera bajo el requisito tan ibérico de "todo o nada". No obstante, creo que ciertamente Cuerda ha corroborado en esta película que el dramático no es desde luego el mejor registro para el despliegue de su enorme talento cinematográfico, y que también Yanes falla en la estructura y cierre de su guión, un "fallo" quizá menos perdonable en quien es sin duda uno de los mejores guionistas del cine español.
 
          Aplausos también a los premios a quienes son ya dos verdaderos "monstruos" de la interpretación: Penélope Cruz (capaz de "comerse" en "Vicky Cristina Barcelona", a Bardem y a Scarlett Johansson juntos) y Benicio del Toro, por su soberbia recreación del "Che". Anotemos, antes de seguir, esta respuesta de Del Toro: "¿Que qué me ha dado el cine español? Desde Buñuel, todo".
 
          Emotivo, muy emotivo sin duda, fue el momento de la entrega del Goya honorífico a ese singular "outsider" del cine español que fue siempre Jesús Franco, quizá el director más prolífico del cine español y el rey incuestionable de la "serie B", un espíritu indómito y un cineasta inabarcable.
 
          ¿Y las sombras de la gala? Muchas, pero sobre todo una, que casi llegó a convertirse en sonsonete: las quejas, llantos y crujir de dientes ante la "amenaza" que representan las descargas de películas en Internet, que algunos llegaron a calificar incluso de ilegales, cuando no lo son, como ya se han adelantado a aclarar en la red miles y miles de internautas. Impulsados (y confundidos) por la amplia campaña desarrollada por la SGAE y otros medios, con poderosos intereses económicos en el cine, muchos participantes en la gala trataron de dejar muy claro que ése es el principal problema del cine español y su mayor amenaza. Incluso uno de los premiados llegó a instar, desde la gala, a una actuación más enérgica de la policía en nombre de "la defensa de su puesto de trabajo". Mala señal que el "medio" se unifique en torno a esa idea falsa, que además acaba convirtiendo a la gente, al público, en el "enemigo". Es una actitud similar a la del Bando de España, que el otro día achacó los efectos de la crisis a la "caída del consumo": es decir, los consumidores, por no consumir, somos los culpables. ¿Alguien puede creerse, de verdad, que los internautas son los responsables de la crisis del cine español? Benditos, además, aquellos tiempos en que se pensaba y se decía que la cultura, como la educación, debe ser libre y gratuita para todos.
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