El mundo que se encuentra Obama (III)

EEUU frente al Tercer Mundo

¿Hasta donde puede EEUU permitir que la actual tendencia de la evolución del PIB mundial -una sangrí­a para la única superpotencia- se desarrolle sin hacer uso de la fuerza polí­tico militar?

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02-02-2009
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La tendencia a una mayor redistribución democrática en la evolución del PIB mundial, agudiza el antagonismo entre la única superpotencia, EEUU (que hegemoniza abrumadoramente el poder polí­tico-militar, pero pierde peso económico global, es decir se apropia directamente de una parte cada vez menor de la plusvalí­a mundial), y el conjunto de pueblos y paí­ses del Tercer Mundo.
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La tendencia a una mayor redistribución democrática en la evolución del PIB mundial, agudiza el antagonismo entre la única superpotencia, EEUU (que hegemoniza abrumadoramente el poder polí­tico-militar, pero pierde peso económico global, es decir se apropia directamente de una parte cada vez menor de la plusvalí­a mundial), y el conjunto de pueblos y paí­ses del Tercer Mundo.
EEUU ha perdido en los últimos diez años un 6,31% del su peso en el PIB mundial, lo que supone 3,8 billones de dólares –un 26,7% del actual PIB norteamericano-. Esta es la gigantesca porción del nuevo valor añadido mundial del que EEUU ha dejado de apropiarse. Una cantidad similar a la que han ganado los miembros del G-5 –los principales países emergentes del Tercer Mundo.
Pero, al mismo tiempo, EEUU, que controla un 23,6% del PIB mundial, hegemoniza directamente el 48,61% del gasto militar mundial, e indirectamente, a través de la OTAN, el 70,82%.
Esta es una contradicción antagónica de una virulencia creciente. ¿Hasta donde está dispuesto EEUU a permitir que la actual tendencia de la evolución del PIB  mundial –una sangría para la única superpotencia- se desarrolle sin hacer uso de la fuerza político militar que ostenta casi en monopolio?
Esta contradicción ha estado en la base del desarrollo del mundo durante la última década.
Detrás del intento de la línea Bush por hacer prevalecer su insalvable superioridad militar, cuyo principal objetivo era contener o encauzar la emergencia china. Su fracaso ha agudizado el declive económico y político norteamericano, y acelerado el incremento del peso global de Pekín y el resto de países emergentes del Tercer Mundo.
Y esa pérdida acelerada de peso económico global norteamericana está también detrás de los mecanismos que han hecho estallar la crisis.
EEUU se endeuda cada vez más con el resto del mundo para mantener su costosa hegemonía político-militar –sin por ello ver descender todavía más su ritmo de crecimiento-, haciendo uso de esa hegemonía para intentar apoderarse de una parte mayor de la plusvalía mundial a través de diferentes mecanismos de extorsión financiera que han provocado el estallido de la crisis.
Al mismo tiempo, en la relación entre EEUU y el resto de potencias imperialistas se desarrolla una doble tendencia.
Por un lado, el ascenso del Tercer Mundo amenaza no sólo a EEUU, sino también al resto de potencias. China, por ejemplo, ya ha superado a Alemania como primer exportador mundial de mercancías. Lo que empuja al conjunto de potencias a conformar una especie de frente imperialista con el objetivo de contener el ascenso de los países emergentes del Tercer Mundo. Podemos verlo reflejado en la nueva política “pro atlántica” de Sarkozy o Merkel.
Pero también, la disminución de la porción del valor añadido mundial del que se apropian directamente las grandes potencias, provoca una agudización de la disputa entre los principales bancos y monopolios por repartirse una tarta cada vez más pequeña.
Estas son las contradicciones estratégicas a las que se enfrenta la hegemonía norteamericana. A las que Obama, con otra línea y otras formas que Bush, está obligado a dar respuesta.
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