El alto el fuego se tambalea tras los bombardeos de Israel

La zozobra de la franja

Para Obama estabilizar Gaza es una necesidad para poder afianzar el dominio sobre Oriente Medio. Precisamente por eso otras fuerzas -desde Tel Aviv y Washington- trabajan en sentido opuesto.

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02-02-2009
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Los acontecimientos en Oriente Medio parecen moverse en un frenético zigzag, donde cada movimiento de avance en la dirección de una paz estable parece estar permanentemente bajo la amenaza de un retroceso. El extremadamente frágil alto el fuego entre Israel y Hamás ha sido violado en repetidas ocasiones tanto por los milicianos islamistas como por el ejército israelí­, que esta misma noche ha vuelto a lanzar un ataque aéreo -afortunadamente sin ví­ctimas- sobre una comisarí­a en el centro de Gaza. Y las conversaciones interpalestinas entre Al Fatah y Hamás vuelven a atravesar un momento de tensión, tras las declaraciones de lí­deres islamistas acusando al presidente palestino, Mahmud Abbas de intentar aprovecharse del ataque contra la franja de Gaza, y afirmar que Hamás no está dispuesto a "mendigar" un diálogo con grupos rivales.
 El rey  Abdullah bin Abdulaziz de Arabia Saudí­ recibe al enviado de los Estados Unidos en Oriente Medio George Mitchell en el Palacio Real en Riad. EFE
El rey Abdullah bin Abdulaziz de Arabia Saudí­ recibe al enviado de los Estados Unidos en Oriente Medio George Mitchell en el Palacio Real en Riad. EFE
Los acontecimientos en Oriente Medio parecen moverse en un frenético zigzag, donde cada movimiento de avance en la dirección de una paz estable parece estar permanentemente bajo la amenaza de un retroceso. El extremadamente frágil alto el fuego entre Israel y Hamás ha sido violado en repetidas ocasiones tanto por los milicianos islamistas como por el ejército israelí­, que esta misma noche ha vuelto a lanzar un ataque aéreo -afortunadamente sin ví­ctimas- sobre una comisarí­a en el centro de Gaza. Y las conversaciones interpalestinas entre Al Fatah y Hamás vuelven a atravesar un momento de tensión, tras las declaraciones de lí­deres islamistas acusando al presidente palestino, Mahmud Abbas de intentar aprovecharse del ataque contra la franja de Gaza, y afirmar que Hamás no está dispuesto a "mendigar" un diálogo con grupos rivales.
Desde que las tropas israelíes se retiraron de Gaza el 18 de enero tras el alto el fuego unilateral de Tel Aviv, secundado después por Hamás, los ataques se han ido sucediendo, amenazando con desencadenar una espiral de violencia. Milicianos palestinos –según el propios Mossad, en contra de las directrices de la dirección de Hamás-han continuado con los lanzamientos de cohetes y los atentados fronterizos a patrullas israelíes, lo que ha sido la excusa perfecta para que el ejército israelí bombardeara el paso fronterizo de Rafah y las poblaciones del sur de la franja.
 
 En el ataque de esta noche no ha habido que lamentar víctimas, pero en el de hace tres días, los proyectiles hirieron de gravedad a un miliciano y también de distinta consideración a siete niños que salían de una escuela cercana. Olmert ha amenazado con represalias de “extrema dureza” si continúan el lanzamiento de proyectiles, y fuentes militares israelíes han anunciado que bombardearán “objetivos de Hamás”, entre los que se encuentra la comisaría destruida esta noche. El líder de Hamás, Jaled Mishal, descartó ayer en su visita a Teherán una tregua permanente mientras continúe el asedio israelí a Gaza y los pasos fronterizos permanezcan cerrados.
 
En el terreno diplomático, las conversaciones entre las facciones palestinas con vistas a la reconciliación y la formación de un gobierno de unidad nacional Fatah-Hamás parecen atravesar un momento delicado, tras el cruce de declaraciones sectarias tanto por parte de Mahmud Abbas como de los portavoces islamistas. Desde El Cairo Abbas afirmó que “La OLP es el único representante legítimo del pueblo palestino", a lo que Hamás ha respondido que “no estamos mendigando un diálogo que no estamos buscando”. El movimiento islamista no forma parte de la OLP, hegemonizada por Fatah, con el que está enconadamente enfrentado después de que las fuerzas leales a la ANP fueran expulsadas a tiros de la franja en junio de 2007. El portavoz de Hamás acusó a Abbas de connivencia con Israel y de “pretender regresar a Gaza sobre los tanques enemigos”.
 
Sin embargo, el marco de los intereses de las principales potencias en la región empuja –contradictoriamente- hacia la estabilización de la tregua y la formación de un gobierno de unidad nacional palestino. Por un lado, las declaraciones de Irán hacia los ofrecimientos de abrir las relaciones diplomáticas de la administración Obama –aunque todavía con una fuerte carga de recelo- son cada día más atentas. Por el otro, tanto EEUU como los países árabes –los respaldos internacionales de Al Fatah y de Abbas- maniobran para consolidar el alto el fuego y avanzar en las negociaciones interpalestinas, con el objetivo de lograr una influencia que hoy no tienen sobre la franja.
 
Ayer mismo el enviado norteamericano, George Mitchell y el rey de Arabia Saudí, Abdulah bin Abdulaziz se reunieron para tratar los asuntos de Gaza. Ambos coincidieron en la necesidad de establecer un estado palestino para estabilizar a Oriente Medio, lo que según le expresó Mitchell al mandatario árabe, “es una prioridad para la administración del presidente estadounidense, Barack Obama”. La reunión dejó abierta la posibilidad de que el monarca intervenga ante el movimiento palestino Hamas para que cese el lanzamiento de cohetes contra Israel.
 
Pero del mismo modo que para el diseño estratégico de la línea internacional de Obama, estabilizar la situación de Gaza es una necesidad para poder afianzar el dominio norteamericano sobre Oriente Medio –en concreto sobre la pieza clave, Afganistán-, otras fuerzas ocultas –desde Tel Aviv y Washington- trabajan en sentido opuesto. Apaciguar Oriente Medio, en la actual correlación de fuerzas, significa necesariamente hacer concesiones a Teherán, la otra fuerza clave en la zona. Algo inaceptable para los círculos más extremistas del sionismo israelí y para los sectores de la oligarquía norteamericana más acérrimos del anterior inquilino de la Casa Blanca.
 
Son ellos, en última instancia, los causantes de esta zozobra criminal que tiene a los desdichados habitantes de la franja con el corazón en un puño.
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