Privatización del agua

Agua, fuente de conflictos

La gestión del agua está siendo todaví­a privatizada en muchos ayuntamientos, como Madrid o León.

0
0 votos
01-02-2009
Publicidad
¿Qué importa si la gestión es pública o privada si el agua llega bien y a buen precio? Dice Esperanza y podrán algunos. Y no piensan mal si con ello tratan de exigir que las cuentas públicas estén claras, porque lo público, a estas alturas, se ha reducido a ser un instrumento de enriquecimiento de unos pocos, y una fuente de privilegios laborales para otros pocos. Pero eso no quita que la susodicha pregunta enlaza con el papel que va a jugar el agua en los próximos años dentro de la agudí­sima disputa entre los grandes grupos monopolistas y los grandes paí­ses imperialistas, y de éstos contra los pueblos y paí­ses del mundo. ¿Qué importa si la gestión es pública o privada si el agua llega bien y a buen precio? Dice Esperanza y podrán algunos. Y no piensan mal si con ello tratan de exigir que las cuentas públicas estén claras, porque lo público, a estas alturas, se ha reducido a ser un instrumento de enriquecimiento de unos pocos, y una fuente de privilegios laborales para otros pocos. Pero eso no quita que la susodicha pregunta enlaza con el papel que va a jugar el agua en los próximos años dentro de la agudí­sima disputa entre los grandes grupos monopolistas y los grandes paí­ses imperialistas, y de éstos contra los pueblos y paí­ses del mundo.
 
         Efectivamente la máxima de los elementos más agresivamente privatizadores de todo lo público es precisamente que a la gente no les importa saber quién les aporta un servicio, sino que lo importante es que el servicio sea de calidad y a precios racionales. El mismo argumento se oyó de la boca de Margaret Thatcher en 1989 cuando privatizó el agua británica y de Esperanza Aguirre en 2008 cuando anunció la privatización del Canal de Isabel II.
       Claro, en los veinte años que separan uno y otro anuncio, las privatizaciones vistas a escala global han conducido a que allí donde la inversión es rentable, el afán de abaratar costes ha empeorado la calidad del agua corriente y esta va envenenando lentamente a la población. Y, por otro lado, en los países donde la inversión no es rentable, 6.000 personas -en su mayoría niños- mueren al día por enfermedades relacionadas con la falta de las más mínimas condiciones de saneamiento. Por ello, la empresa Aguas de Barcelona ha sido en su momento expulsada de Hispanoamérica por presión popular. Es la misma empresa que, respaldada por la Generalitat, quitó hierro y culpó a la sequía de la presencia hace poco más de un año de niveles tóxicos de trihalometanos (THM), en aguas del río Llobregat (Barcelona) tratadas para consumo humano, mientras otros expertos insisten en que el agua corriente de la costa mediterránea no es de buena calidad por la contaminación de los ríos y asocian los THM a diferentes cánceres como el de vejiga urinaria.
 
 
           Los servicios entorno al agua son una fuente de acumulación de capital que atrae, en tanto y cuanto la industria del agua está entrelazada con otras actividades (construcción de canales de agua, caminos, embalses, o la generación de energía hidroeléctrica), a las grandes constructoras, eléctricas y grandes bancos ligados a ellas. Por otro lado, es un negocio altamente concentrado a escala mundial. Solamente las tres primeras multinacionales del sector (las francesas Vivendi y Suez y la británica Tames Water) controlan el 75% de la gestión del agua para más de 200 millones de personas, operando en 130 países. La aplastante lógica del mercado dicta que, dado que en 2025 la demanda de agua será un 56% superior a su disponibilidad, la rentabilidad del negocio está garantizada. El sector de gestión del agua mueve anualmente más de 200 000 millones de euros (33 billones de pesetas), cuota superada sólo por los sectores petrolífero y alimentario. No en vano se le llama el oro azul.
         Pero si algo repiten hasta la saciedad los analistas financieros y políticos es que el agua será en el S.XXI la fuente principal de conflictos entre naciones. ¿Es eso así? ¿Entre qué naciones?
         Ciertamente el agua juega un papel estratégico para cualquier proyecto de crecimiento económico y más, si éste es políticamente autónomo de los grandes centros de poder mundiales. De hecho, y esto es absolutamente aplicable a la realidad española, las lógicas fricciones que suscita la escasez de agua para el desarrollo económico de países o territorios vecinos que comparten recursos hídricos sólo se transforman en conflicto abierto si hay una potencia superior con intereses de enfrentarlos. Y no lo hace si lo que domina es un proyecto de cohesión nacional o regional basado en la cooperación y el mutuo beneficio. Por ello, los principales conflictos se auguran donde EEUU tiene la necesidad de frenar proyectos autónomos, que iremos analizando en próximas entregas.
 
 
¿Qué te ha parecido el artículo?
Publicidad