Música

Joe Purdy: El Maquinista del Golden Spike

Una vieja tradición que se nutre del folk anglosajón y el romanticismo popular del salvaje cowboy sin ley

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31-01-2009
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Durante los años 60´s y 70´s la proliferación de cantautores, verdaderamente extraordinarios, en EEUU, Canadá e Inglaterra cristalizó en un referente musical en sí­ mismo. Aunque no podemos hablar de un estilo determinado, si de una vieja tradición que se nutre del folk anglosajón y el romanticismo popular del salvaje cowboy sin ley, aderezado con el telón de fondo de la Guerra de Vietnam. Durante los años 60´s y 70´s la proliferación de cantautores, verdaderamente extraordinarios, en EEUU, Canadá e Inglaterra cristalizó en un referente musical en sí­ mismo. Aunque no podemos hablar de un estilo determinado, si de una vieja tradición que se nutre del folk anglosajón y el romanticismo popular del salvaje cowboy sin ley, aderezado con el telón de fondo de la Guerra de Vietnam.
          Desde las primeras melodías de The Byrds y Bob Dylan, a la nitidez de Cat Stevens o la contribución silenciosa de Nick Drake. Pese a que la soledad escénica es una constante depurada en el desarrollo de la música de autor anglosajona, el espíritu que ha quedado atrapado en ella fue el que compartieron músicos legendarios durante dos décadas.
 
          La contracultura, la generación beat y la explosión psicodélica del rock fueron venas abiertas en un movimiento de rebelión político-musical. En aquella época el COINTELPRO – departamento de operaciones secretas del FBI – y la CIA, a través de la famosa “Operación Caos” anduvieron realmente ocupados. Pero el hecho más significativo, en este sentido, fue la creación de la mafia “La hermandad del amor eterno”. Al frente de ésta, Ronald Stara, agente de la CIA, se hizo prácticamente con el monopolio del tráfico de LSD en Estados Unidos. La rebelión ya era revolución… pero de las flores.
 
          Una época memorable para la música, de frenética actividad de la contra-contracultura y de liquidación absoluta de cualquier elemento físico o ideológico que perturbara la calma del Imperio.
 
          Y cuesta recuperarse da aquello. La vertiente rock derivó en lo “alternativo”… los cantautores se volvieron melancólicos añorando ser poseídos por el espíritu de algún viejo cowboy de los que llora a la luna y canta sus sentimientos babeando una armónica. Pero, como lo que no se puede callar, las notas han seguido respirando pese a todo, y con emocionante aliento.
 
          James Taylor, Carole King, Paul Simon, Joni Mitchell, Tom Rush, Jackson Browne, Carly Simon, y el sorprendente caso de Cat Stevens; una tuberculosis y los destrozos ideológicos del LSD acabaron con sus huesos sobre el Corán. Ahora se llama Yusuf Islam.
 
          A medio camino ha sido Bruce Springsteen quien ha dado una lección de integridad con “The Gosth of Tom Joad” y “Devils and Dust”. Es que al Jefe nunca le han gustado ese tipo de flores.
 
          Alexi Murdoch, Jackson C. Frank, Dam Bean, Elhitt Smith, Bert Jankch, Bonnie Prince Billy, Ray Montagne, Mark Kozelek o Suf jan Stevens son algunos ejemplos guía del panorama actual. Pero - sin perder de vista al joven Willy Mason - para quien quiera escuchar al cowboy melancólico y de espíritu rebelde debe apuntarse a Joe Purdy; barbirrojo y de ojos ocultos tras una gorra de maquinista del Golden Spike – todo un símbolo de los braceros que levantaron la nueva nación -. Un mono de tirantes y la mirada cabizbaja son el “clic” que activa la limpia dulzura de la música de este honroso heredero de la tradición de autor norteamericana.
 
          Y así el hilo se mantiene, casi silencioso, pero se mantiene. Ya queda dicho que como estilo no existe, pero ha dejado una escuela de sensibilidad rebelde que en EEUU es casi un símbolo patriótico. No de las barras y estrellas, sino del cowboy sin ley que se atrevió a desafiar al Imperio… y al LSD.
  
 
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