Botí­n promete devolver el dinero de la estafa Madoff

La burra del gitano

Ahora se comprende mejor cómo Botí­n aumenta sus beneficios cada año. Si esto lo hace para evitar pérdidas, qué no hará para sacar ganancias.

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30-01-2009
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Tras confesar públicamente su hija, Ana Patricia, lo amargo de la decisión, Emilio Botí­n dice que devolverá el dinero a los inversores en los fondos del Santander afectados por la estafa Madoff. Aunque, conociendo al personaje, hay que temer que su oferta sea como aquella de la burra del gitano. Que una vez despojada de talegas y capachos, de mantas y cascabeles, no quedaba sino un inservible saco de huesos repleto de mataduras, y por añadidura coja.
 (Foto  Efe) Ana Patricia, hija de don Emilio, dijo ayer en Davos que fue una decisión amarga para el banco asumir 500 millones de pérdidas. Pues imagí­nese para sus clientes que han perdido 3.200 millones.
(Foto Efe) Ana Patricia, hija de don Emilio, dijo ayer en Davos que fue una decisión amarga para el banco asumir 500 millones de pérdidas. Pues imagí­nese para sus clientes que han perdido 3.200 millones.
Tras confesar públicamente su hija, Ana Patricia, lo amargo de la decisión, Emilio Botí­n dice que devolverá el dinero a los inversores en los fondos del Santander afectados por la estafa Madoff. Aunque, conociendo al personaje, hay que temer que su oferta sea como aquella de la burra del gitano. Que una vez despojada de talegas y capachos, de mantas y cascabeles, no quedaba sino un inservible saco de huesos repleto de mataduras, y por añadidura coja.










A la oferta la denominan “compensar las pérdidas de los clientes”. Cuando deberían llamarla “manual de cómo evitarse 2.730 millones de euros en pérdidas y además quedar blindado”. El ofrecimiento es sencillo de explicar, pero duro de digerir para los afectados.
 
El asunto consiste, básicamente, en que el Santander entrega a sus clientes privados –los institucionales, que representan alrededor de un 40% de los estafados, quedan fuera– unos bonos preferentes del mismo banco por igual valor a la inversión que hicieron en su día en el fondo Optimal. Pero ojo, ese valor de los bonos es el que el banco dice que tienen, no lo que dice el mercado que valen. Porque si quienes los acepten quisieran recuperar el dinero en metálico de su inversión, en bolsa sólo les darían menos del 30% del precio al que el banco los tasa. Hasta tal punto es evidente la cosa, que el banco dice que devuelve los 1.830 millones de pérdidas de sus clientes privados, pero en su balance sólo contabiliza pérdidas por valor de 500 millones. ¿Ejercicio de ingeniería financiera, de imaginación contable? En mi pueblo lo llamamos de otra manera.
 
Bueno, puede creer algún alma cándida, pero como los bonos son a 10 años, al menos al cabo de ese tiempo recuperaré mi inversión. Pues tampoco. Porque el Santander se reserva el derecho a comprarlos, pero no la obligación de hacerlo, en la fecha de vencimiento, 2019. Y lo hará o no dependiendo del valor que el  mercado les otorgue entonces y, por tanto, al banco le interese más o menos.
 
En fin, pensarán los más resignados, por lo menos los bonos me darán alguna rentabilidad. Sí, en efecto. Sólo que de un miserable 2% anual, bien alejado del 7 o el 8% que le prometieron cuando les entregó su dinero. Y la mitad de lo que hoy mismo cobraría colocando esa misma cantidad, si dispusiera del dinero en metálico, en una inversión tan conservadora como los bonos del Tesoro español a idéntico plazo, cuya rentabilidad actual está en el 4,01%.
 
Después de conocer los entresijos del intercambio, se entiende mucho mejor dónde reside esa aparente cualidad mágica que dota a Botín de la inagotable capacidad para sacar cada año unos beneficios mayores que el anterior. Si esto lo hace para evitar pérdidas, qué no hará para obtener ganancias.
 
Nada más conocerse, la oferta ha sido inmediatamente alabada por los principales diarios españoles –a derecha e izquierda, hay que ver lo plural y diverso de la claqué que tiene este señor–, cuyas editoriales la han tachado de “gesto inteligente” y demostración de los “reflejos comerciales” de Botín.
 
Valoración con la que podríamos estar de acuerdo, si por reflejos comerciales entendemos el chantaje de colocar a los afectados –a los que da exactamente una semana de plazo para aceptar o rechazar la oferta– ante la disyuntiva de tener que elegir inmediatamente entre un arreglo, que es en realidad un trágala, o un pleito que puede ser tan largo como costoso.
 
Y por gesto inteligente la trapacería de querer afrontar unas pérdidas de 3.200 millones de euros y cerrar una más que posible investigación judicial que saque a la luz sus nada claros vínculos con Madoff, con una cantidad tan ridícula que le permite seguir siendo, por tercer año consecutivo, el banco con mayores beneficios de Europa.
 
No obstante, todavía está por conocerse la reacción de la mayoría de los afectados. El gitano de la burra poseía una habilidad para el engaño muy superior al de su ingenuo cliente. Lo que no nos dice el cuento, es por cuanto tiempo pudo seguir haciendo negocios en la misma plaza.
 
 
 
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