Televisión

La fina cuchilla de Buenafuente

El programa practica cada noche el democrático ejercicio de la crí­tica ingeniosa e inteligente

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30-01-2009
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Zapatero, en su intimidad y con su esposa, se siente alicaí­do. Su vida conyugal ya no es lo que era afectada por los problemas de España, que le traen de cabeza. La Sonsoles ficticia reacciona poniéndose una máscara de Obama y pidiendo apasionada que le "inyecte liquidez". Escenas como esta, protagonizadas cada noche por Andreu Buenafuente, y su "lugarteniente" Berto, proporcionan a la televisión esa saludable visión cómica de la realidad social y polí­tica, que a menudo echamos de menos. Zapatero, en su intimidad y con su esposa, se siente alicaí­do. Su vida conyugal ya no es lo que era afectada por los problemas de España, que le traen de cabeza. La Sonsoles ficticia reacciona poniéndose una máscara de Obama y pidiendo apasionada que le "inyecte liquidez". Escenas como esta, protagonizadas cada noche por Andreu Buenafuente, y su "lugarteniente" Berto, proporcionan a la televisión esa saludable visión cómica de la realidad social y polí­tica, que a menudo echamos de menos.
         El distante lenguaje de los políticos, es trasladado a un territorio cotidiano y popular, como una escena de alcoba o un desayuno familiar. A modo de tradicional sainete costumbrista, la realidad política es diseccionada hábilmente. Todo esto en medio de un programa   protagonizado por entrevistas tanto lúdicas como culturales, a personajes de actualidad, música en directo, y colaboraciones especiales.
 
           El pequeño cabaret de la televisión, un teatro de variedades entre el que hábilmente se pasea un músico presentando disco, mientras es interrumpido por una Esperanza Aguirre, con el bolso repleto de micrófonos, interfiriendo en la entrevista. El maestro de ceremonias es el “joven veterano” de la televisión. Un Buenafuente convertido  en creativo e inversor al mismo tiempo, al que su éxito le ha construido el megáfono con el que cada medianoche presenta su espectáculo.
 
         El éxito de la que empezó siendo su pequeña productora “El Terrat”, le permitió salir de la televisión pública catalana y comenzar su aventura de verdad. La productora ha crecido y el se ha convertido en un prospero empresario de televisión. Desde su posición actual proclama la libertad como una conquista, que la Televisión de Cataluña siempre le impidió.
 
         Quizá por eso ahora exhibe con relativa independencia, la variedad de su ácido humor, toda la sátira y todo el ingenio, en lo que cada vez se asemeja más a un magacine “de autor”. Las influencias del teatro, la desnudez del directo, la inmediatez de la televisión, son los elementos que Buenafuente combina, para crear su alquimia de entretenimiento y opinión.
 
La respuesta del público y la persistencia de los profesionales de un programa con cerca de 400 ediciones, hacen prever que los sainetes seguirán en pantalla durante mucho tiempo, y tendremos la ocasión de ver muchas más escenas amorosas entre Zapatero y Obama. Asi pues, ¡que siga el espectáculo!
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