Presentan demanda contra Botí­n por el caso Madoff

Los apuros del rey del juego

No dejarí­a de ser sorprendente que el primer renuncio en que pillan a Botí­n viniera de la mano de un vulgar estafador como Madoff, aunque su mesa de juego fueran las grandes fortunas.

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27-01-2009
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La amenaza se consumó. Ya dijimos en estas mismas páginas que la arriesgada apuesta del Santander, depositando miles de millones de euros de sus mejores clientes en el fraudulento negocio de Madoff, tení­a todas las cartas para acabar ante los jueces. Y en ellos acabará si antes Botí­n no consigue pactar la devolución del dinero y sustanciosas indemnizaciones a buena parte de los afectados.
 Haciendo de la necesidad virtud, el mismo Botí­n rectificaba ayer en la junta extraordinaria de accionistas la posición que hasta ahora habí­a mantenido el banco
Haciendo de la necesidad virtud, el mismo Botí­n rectificaba ayer en la junta extraordinaria de accionistas la posición que hasta ahora habí­a mantenido el banco
La amenaza se consumó. Ya dijimos en estas mismas páginas que la arriesgada apuesta del Santander, depositando miles de millones de euros de sus mejores clientes en el fraudulento negocio de Madoff, tení­a todas las cartas para acabar ante los jueces. Y en ellos acabará si antes Botí­n no consigue pactar la devolución del dinero y sustanciosas indemnizaciones a buena parte de los afectados.
Al bufete de abogados norteamericano Labaton Sucharow, –especializado en demandas contra grandes corporaciones financieras como las que ya lleva en la actualidad contra Bearn Stearns y Lehman Brothers– que fue quien inició el pasado diciembre las investigaciones, se ha unido el despacho español Cremades & Calvo Sotelo para presentar en Miami una demanda colectiva contra el Banco de Santander por su presunta responsabilidad en la comercialización del fondo Optimal Strategic US Equity, gestionado por Bernard Madoff.
 
La demanda ha sido presentada en nombre de dos inversores, pero por lo específico de las leyes norteamericanas es de un tipo (action class), que a ella pueden acogerse todos los damnificados por la misma causa que lo quieran. En su escrito, los demandantes reclaman el reintegro de todo el dinero invertido –que suma 2.300 millones de euros–, más la devolución de las comisiones cobradas por el banco (alrededor de 50 millones de euros anuales) y una compensación, a negociar entre banco y afectados, por daños y perjuicios.
 
Los demandantes acusan al Santander de o bien haber participado de la estafa, conociendo quien era y a qué se dedicaba Madoff, o bien de un ruptura de su obligaciones fiduiciarias, al no haber sido capaz de detectarla, quebrando la confianza depositada en la gestión de su dinero por los inversores. Las dos posibles imputaciones que según las leyes norteamericanas podrían aplicarse son, en el primer caso, el de haber difundido información falsa y engañosa. En el segundo, incumplimiento de la obligación de responder a la confianza depositada, enriquecimiento ilícito, negligencia y mala praxis profesional.
 
Los demandantes presentan como pruebas ante la justicia tanto los memorándum que acompañaban a los contratos, en el que no aparecía en ningún lado que Madoff fuera el gestor último de las inversiones, como numerosos documentos de algunos de los más importantes brokers y fondos de inversión mundiales (Aksia, Société Générale, Acorn, Atlantic Trust,...) en los que aconsejaban a sus clientes no invertir en Madoff por los numerosos puntos oscuros y sospechas que su gestión provocaba.
 
El bufete español, por su parte, ya ha agrupado a 600 afectados en nuestro país. Su objetivo, al igual que el despacho norteamericano, es tratar de llegar a un acuerdo económico con el banco para que asuma las pérdidas por la estafa. En caso contrario, Botín se enfrentaría a una doble demanda, una colectiva en EEUU y 600 individuales en España.
 
Haciendo de la necesidad virtud, el mismo Botín rectificaba ayer en la junta extraordinaria de accionistas la posición que hasta ahora había mantenido el banco. Dejando la puerta abierta a un posible “ejercicio de acciones legales”. Acciones que, lógicamente, si lo que pretenden es recuperar el dinero de los inversores para no tener que pagarlo él, no pueden ir dirigidas contra Madoff –ya que éste no tiene con qué devolver el dinero– sino contra el banco custodio, el británico HSBC, el mayor banco de Europa. Con lo que la trama adquiriría una tensión extraordinaria, digna de la mejor novela negra, al enfrentar directamente a los dos mayores bancos de Europa, en unos momentos de falta de liquidez y ya veremos si de solvencia.
 
Desde la arriesgada jugada de las supercuentas a mediados de los 80, Botín se ha especializado en una impetuosa sucesión de órdagos crecientemente arriesgados y apuestas cada vez más altas. Hasta ahora ha sido capaz de salir con éxito de cada uno de estos envites. No dejaría de ser sorprendente que el primer renuncio en que le pillan viniera de la mano de un vulgar estafador como Madoff, aunque su campo de actuación fueran las grandes fortunas.
 
Aunque, después de todo, también a Al Capone lo encarcelaron, tras décadas de robar, asesinar y delinquir impunemente, por defraudar a Hacienda.
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