Sanidad. Recortes presupuestarios

¡Es nuestra vida, señores!

En él mercado sanitario la hora de vida cotiza a la baja

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27-01-2009
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No falta el dinero, sencillamente la sanidad está secuestrada por intereses monstruosos que ponen metas económicas al manejo de la salud. ¿Quiénes son esos monstruos que nos ponen precio? ¿Y quiénes son los que entran al trapo de negocian, a la alza o a la baja, ese precio? No falta el dinero, sencillamente la sanidad está secuestrada por intereses monstruosos que ponen metas económicas al manejo de la salud. ¿Quiénes son esos monstruos que nos ponen precio? ¿Y quiénes son los que entran al trapo de negocian, a la alza o a la baja, ese precio?
    El estado recorta los presupuestos sanitarios. Dice, con sus cifras, que la salud cuesta un 7% menos.
La noticia de los recortes sanitarios en tiempos de crisis por parte de las Comunidades Autónomas no son buenas noticias. Nos dicen que nuestra vida vale un 7% menos porque recortan los presupuestos sanitarios por ese porcentaje. Pero, no nos equivoquemos, cuando el presupuesto era abundante, también nos tenían presupuestados en sus debe y haber.
             El problema no es que recorten los presupuestos sanitarios, sino quién lo hace, cuándo lo hace y para qué lo hace. Y  tanto en las épocas en que se ha ampliado el presupuesto sanitario como en las que se ha recortado, en las épocas en que han gobernado unos y han gobernado otros, se ha hecho con el objetivo de alimentar intereses monopolistas. Unos pocos tienen el poder de decisión y unos pocos capitales rentabilizan el negocio de la sanidad. Universal y gratuita sí, pero a costa de ir degradando a los médicos a meros asalariados que se limitan a negociar frente al patrón sus condiciones laborales como lo haría un empleado de Carrefour. Y a costa de degradar a los enfermos a la categoría de usuarios, de clientes, lo mismo que cuando uno contrata un fontanero.
El objetivo de la sanidad no puede ser otro que conseguir que la población vivamos el máximo de tiempo de vida posible con el mejor nivel de salud y felicidad posible.
Por eso, el trabajo de un médico no es un trabajo cualquiera. ¿Cómo va a ser lo mismo tener en las manos de uno la salud de las personas que arreglar grifos?

          Es el trabajo más preciado que puede tener la sociedad. Su situación es contradictoria, pero no porque no se le pague lo suficiente.
Sin caer en el espiritismo ni el romanticismo. Hay que separar los dos campos, el de la medicina monopolista y el de la medicina al servicio del pueblo.

             Y es en la vida misma, y no sobre el papel o ningún debate, donde se separan los dos campos. Les voy a explicar el caso de un trabajador murciano del campo, José Sánchez, tractorista de 68 años que acudió a un hospital de referencia de Murcia a causa de un desprendimiento de retina que precisaba una operación en 24 horas. Sin embargo, como era viernes y venía
de un pueblo, le mandaron que hiciera reposo en su casa y que fuera el lunes siguiente al hospital comarcal. Se lo quitaron de encima, como se dice popularmente. Tal es así que ese lunes el principal oftalmólogo del hospital comarcal estaba de vacaciones. Cuando sus compañeros le informaron del caso, suspendió las vacaciones para acudir al hospital y operarle. Cuando al cabo de un tiempo se complicó el ojo con un nuevo desprendimiento de retina, propuso mandarle de nuevo al centro de referencia porque la operación era compleja. Debía de hacerse en una semana, dos como mucho. La familia que tenía a José contratado, por otro lado amigos de toda la vida, se hicieron cargo de concertar una visita privada con el cirujano del hospital grande. El mismo cirujano, por la pública le operaba en 3 semanas. Por la privada en cuatro días.
 
          Ni una ni otra. Una semana y tres días después del desprendimiento, a José le visitaron, exploraron y operaron en el Instituto de Microcirugía Ocular de Barcelona. Todo en el mismo día. Una vez de vuelta a Murcia, todavía tuvo que esperar cuatro días para recibir la llamada del hospital público que le citaba en nueve días. Probablemente el ojo de José ya estuviera perdido de haber esperado, de no haber tenido quien se hiciera cargo de él. Esto pone de manifiesto la enorme indefensión a la que se puede exponer una persona ante un sistema sanitario cuya maquinaria burocrática, a pesar de los médicos abnegados y desinteresados, va triturando las horas de vida y salud de la población. A no ser, claro, que tengas padrino y/o enchufe que te financie o acelere las pruebas, los diagnósticos y los tratamientos: “tanto tienes, tanto vives”, 
Ojos que para unos pesan menos que una pluma, para otros pesan más que una montaña.
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