Educación

Educación para la Ciudadaní­a: "Cuidado con la cartera"

De esta manera solo queda plantearse que el problema está en otro lado; ¿en la asignatura de Historia?, ¿en la de Filosofí­a?

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26-01-2009
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Todo aquel que haya paseado por las Ramblas de Barcelona habrá visto como actúan los famosos trileros. Un individuo maneja tres medias cáscaras de nuez bajo una de las cuales se esconde un escurridizo guisante. Esta escena tiene como habitual desenlace la pérdida de preciados objetos personales a manos de algún compinche del trilero que se hace pasar por un despistado espectador. Esto es lo que, más o menos, ocurre con la Educación para la Ciudadaní­a. Todo aquel que haya paseado por las Ramblas de Barcelona habrá visto como actúan los famosos trileros. Un individuo maneja tres medias cáscaras de nuez bajo una de las cuales se esconde un escurridizo guisante. Esta escena tiene como habitual desenlace la pérdida de preciados objetos personales a manos de algún compinche del trilero que se hace pasar por un despistado espectador. Esto es lo que, más o menos, ocurre con la Educación para la Ciudadaní­a.
Después de 1700 recursos, 2 años de litigio, 100 sentencias contradictorias y 200 autos cautelares, hoy el Pleno del Alto Tribunal dictaminará respecto a la asignatura de Educación para la Ciudadanía.
 
El enfrentamiento en este terreno se ha agudizado y parece que la polémica ha dividido a una parte de la sociedad española. Pero lo razonable parece lo que Emilio Calatayud, juez de menores de Granada, decía hace diez días en el blog que comparte con el periodista Carlos Morán: “Yo no la veo necesaria. Creo que debe haber algo de Ciudadanía en todas y cada una de las signaturas que ya existen. Pero ya que está, lo que puedo decir es que me parece fatal que los unos y los otros la usen en la batalla política”. Simple y llanamente.
 
Unos argumentan la necesidad de educar ciudadanos con valores democráticos y constitucionales, y los otros reclaman los derechos y libertades fundamentales para defenderse de una asignatura que “invade aspectos morales y religiosos”: la educación sexual, la identidad de género, la opción religiosa…
 
Como diría el brillante sociólogo Carlos Lerena: “En la educación todo es social: sociales son los procesos […] y sociales son los medios que se utilizan en ese proceso - desde los cuadernos de dos rayas hasta, por ejemplo, un escalafonado funcionariado de enseñantes - y, en fin, sociales son los objetivos”
 
Por lo tanto, si la religión es una elección individual y los valores democráticos han de inculcarse en cada clase, por cada maestro... si España, un país de larga tradición católica, es además un país de larga tradición revolucionaria, demócrata y progresista, no parece que sea un tema vital promover el laicismo desde el Estado o las instituciones públicas, sí defender aquellos principios irrenunciables.
 
De esta manera solo queda plantearse que el problema está en otro lado, porque hacer que los crios paguen las consecuencias de una batalla política sería cosa grave...  ¿en la asignatura de Historia?, ¿en la de Filosofía? ¿en todas ellas? Éstas son las preguntas que hay que hacerse y los contenidos que hay que revisar… no sea que tiremos la mano al bolsillo y nos haya desaparecido la cartera. Después de todo el final es el mismo… los tribunales.
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