Mérito, precedentes, debates y progresos de la Evolución de Darwin

Emiliano Aguirre es Premio Prí­ncipe de Asturias de las Ciencias 1997 y Director del Equipo de Atapuerca desde 1978 a 1990

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26-01-2009
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     Charles Darwin fue el primero que elaboró una teoría de la Evolución biológica integrada y basada en hechos observados. En estos cien años ha podido ser mejorada y completada, y antes de él ya algunos la habían concebido y anunciado, pero sin el profundo, extenso y bien fundado estudio con que Darwin la publicó y la incorporó al sólido edificio y cuerpo del saber científico, aunque ha pasado por malentendidos y controversias.
 
     Formuló una idea de evolución orgánica en 1590 el jesuita español José de Acosta, en su libro “Historia Natural y Moral de las Indias”, diciendo que:
 
     “Los animales exceden a las plantas… tienen necesidad de alimento también más perfecto; y para buscalle, les dio la naturaleza movimiento; y para conocelle y descubrille, sentido”, y que unas especies pueden descender de otras, “siendo sus diferencias accidentales”. Añadía que esto es difícil de demostrar, que éstas y otras cosas piden “más especulación de la que les he podido dar”, pero confiaba que pudieran hacerlo “otros ingenios mejores”. Esto es lo que hizo Darwin. El libro de Acosta fue traducido y publicado con varias ediciones en francés, italiano, alemán, neerlandés e inglés antes del año 1600. Darwin lo estudió, y lo cita en su libro “Origen de las especies”.
 
     La explicación darwiniana de la evolución biológica por la selección natural en función del éxito adaptativo y reproductivo se ha completado con el conocimiento de los genes, sus mutaciones, herencia, la biología celular y del desarrollo ontogénico, como propusieron los llamados neodarwinistas.
 
     Se ha querido presentar y utilizar la teoría darwiniana de la Evolución como contraria a la fe en un Dios Creador. Esto fue el error de un eclesiástico anglicano hace un siglo y de otros dogmáticos tras él, así como de no pocos escritores e intelectuales que lo han usado como crítica contra la religión. En 1967, la editorial B.A.C. publicó un libro “La Evolución” con aprobación eclesiástica y estudio muy amplio y positivo de esta teoría.
 
     Darwin no dejó de ser creyente, pero acertó con la buena ciencia y la correcta teología que muchos profesan hoy, en distinguir un mínimo de actos creadores, o uno sólo, y la capacidad de la energía inicial para desarrollarse con diversidad e interacciones dando lugar a sistemas con niveles de organización cada vez más complejos. Lo intuyó y desarrolló el jesuita francés Pierre Teilhard de Chardin, paleontólogo y evolucionista, en su esquema de “complejidad-conciencia crecientes”. La teoría actual de Evolución universal desde la astrofísica elemental hasta el entramado de la responsabilidad social, el lenguaje y la trascendencia en la mente y las comunidades humanas actuales envuelve un rico, unitario y dinámico desarrollo de los conocimientos de la evolución y no contrario a la idea de un acto creador inicial, antes del tiempo y del espacio.
 
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