Bolivia tiene nueva Constitución

... y el pueblo refundó Bolivia

"Aquí­ se acabó el pasado colonial. Aquí­ se acabó el neoliberalismo. Aquí­ se acabó el latifundismo… el pueblo ha refundado Bolivia". Evo Morales

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26-01-2009
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La nueva Constitución sale adelante con un 62% de apoyo, a falta del recuento final de votos. La nueva Carta Magna podrí­a cambiar la estructura de poder dominante en el paí­s y las bases económicas en las que se sustenta. Estamos ante el acontecimiento polí­tico más importante de Bolivia en 200 años, después de la elección de Evo Morales.
 (EFE) Una multitud de bolivianos estalla de júbilo en la Plaza Murillo de La Paz.
(EFE) Una multitud de bolivianos estalla de júbilo en la Plaza Murillo de La Paz.
La nueva Constitución sale adelante con un 62% de apoyo, a falta del recuento final de votos. La nueva Carta Magna podrí­a cambiar la estructura de poder dominante en el paí­s y las bases económicas en las que se sustenta. Estamos ante el acontecimiento polí­tico más importante de Bolivia en 200 años, después de la elección de Evo Morales.
El triunfo de la nueva Constitución se da, por una parte, con el aplastante respaldo indígena, campesino y popular.  Por otra, con el enfurecido rechazo de los gobiernos autonomistas.

Con estos resultados no se pone en evidencia la mayor “división del país” (como deja caer la prensa oficial). En Bolivia no hay una “división” del país, sino una división antagónica de clase: una batalla -a vida o muerte- de las clases populares mayoritarias contra un puñado de oligarcas pro imperialistas que se aferran a sus privilegios.

¿Quién se opone? A nivel departamental, el rechazo al proyecto constitucional estaría en la llamada “media luna”: Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija, donde se concentra el poder oligárquico regional.

El 90% de los recursos de gas y petróleo de Bolivia se concentran en la “media luna”. El terrateniente es la expresión más palpable de la brutal exclusión en la que se basa históricamente la sociedad boliviana. El 87 % de las tierras (28 millones de hectáreas) está en manos del 7% de terratenientes. Los campesinos, en su mayoría indígena y que constituyen más de la mitad de la población del país, tienen solamente 4 millones de hectáreas (13%). Más del 95% de las tierras latifundistas están sin trabajar (unos 28 millones de hectáreas).
Las petro oligarquías terratenientes regionales, con el imprescindible apoyo de Washington, pugnan violentamente por no perder sus privilegios. Reivindican su poder “autonómico” y rechazan la nueva Constitución.

¿A qué le tienen miedo? En el marco de la reforma agraria propuesta en la Constitución, el 70% de los electores limitó la propiedad de la tierra a 5.000 hectáreas. Nadie podrá ser propietario de tierras de mayor tamaño. Un duro golpe a los intereses de los terratenientes.

La Constitución también consagra la nacionalización de los recursos naturales y da más poder a la mayoría indígena. Sus 411 artículos recogen los fundamentos para una auténtica trasformación del país.

¿Fraude? Mientras el pueblo festeja en las calles, la oligarquía separatista busca ganar con propaganda lo que no ha podido conseguir en las urnas. Intenta deslegitimar el triunfo popular sembrando cizaña a través de sus medios de comunicación y sus portavoces políticos.
Sin embrago, la votación fue seguida por más de 350 observadores de la Organización de Estados Americanos (OEA), la Unión de Países Sudamericanos, la Unión Europea y el Centro Carter, en medio de un importante operativo de seguridad. Todos coinciden en afirmar que ha sido una elección transparente.

La guerra está declarada, en la medida en que se tocan los intereses oligárquicos las ratas salen del nido al toque de flauta de su amo.
Elocuentes han sido los intentos de que no se llevara adelante el referéndum. El último intento de desestabilización se saldó con varios muertos y heridos, con la expulsión del embajador de EEUU por “conspirar” a favor de los violentos y con el apoyo cerrado de los países Iberomericanos a Evo Morales.

Esta, sin embargo, es una batalla de largo aliento por la cuenta que trae a Washington y sus caciques locales.

Hay que estar preparados para las siguientes ofensivas.
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