Arquitectura

¿La Buena Vida?

¿Cómo imagina su casa pensada principalmente para estimular la percepción?

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25-01-2009
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Millones de pisos vací­os, gran parte de la población sin poder acceder a ellos, barrios fantasma recién construidos, uniformidad de calles y hogares realizadas en gigantescas promociones. Por todos es conocido y sufrido el significado de vivienda en el diccionario económico (vivienda = mercancí­a). Pero, ¿qué otras maneras de entender el espacio doméstico han existido durante el siglo XX? Millones de pisos vací­os, gran parte de la población sin poder acceder a ellos, barrios fantasma recién construidos, uniformidad de calles y hogares realizadas en gigantescas promociones. Por todos es conocido y sufrido el significado de vivienda en el diccionario económico (vivienda = mercancí­a). Pero, ¿qué otras maneras de entender el espacio doméstico han existido durante el siglo XX?
¿Cómo imagina su casa pensada principalmente para estimular la percepción? La corriente de pensamiento fenomenológica impregnó la arquitectura con su intensificación sensitiva, asimilando la casa a un filtro emocional, a un amplificador de la percepción.
Un buen ejemplo de la casa fenomenológica la podemos encontrar en la residencia de vacaciones de Picasso. Una villa palaciega francesa convencional, que alegremente “ocupa” desplegando su bohemia personalidad, donde reina la intimidad por encima del confort, la funcionalidad o el lujo.

La inocencia infantil de conocer las cosas por primera vez es la actitud que encierra la casa. El desorden general, que nos recuerda a Pippi Lastrum con su caballo metido en el salón, muestra como Picasso se apropia del espacio con objetos que revelan sus aficiones e intereses. Un zoco que habla de los gustos y caprichos del propietario.

La casa intensificadora de la percepción no es un refugio que cierra ámbitos. No es un lugar aislado donde protegerse del exterior. Es “un ser entreabierto”, como Saenz de Oiza la describe, un umbral continuo, un lugar de transición con el exterior que filtra emocionalmente el entorno y nos hace participes de él. Al mismo tiempo mantiene una relación implicada y activa con el medio físico que la envuelve. Por ello, la vivienda se despliega horizontalmente abrazando la naturaleza.

Lo táctil define la materialidad. No es un juego de elementos constructivos que se entrelazan mostrando sus uniones o la descarga gravitatoria hacia el suelo. Los acabados son texturas dirigidas a una economía sensorial. Conforman densas atmósferas que caracterizan las recargadas estancias, llena de olores, luz y colores de distintos objetos (entre ellos muchos cuadros), generan ambientes cambiantes dentro del mismo palacete.

La asimilación de la residencia a una multiplicidad de microcosmos, definida por las heterogéneas habitaciones que la componen, nos muestra la villa como un complejo sistema laberíntico, de rincones secretos. Sin ninguna jerarquía que domine por encima de la concatenación de espacios (como si de un museo se tratase) la residencia de Picasso genera en el visitante la sensación de estar viendo una película compuesta de fotogramas en movimiento que pasan de una estancia a la siguiente sin coherencia alguna.

Pero al mismo tiempo, la fenomenológica casa de Picasso, transmite un abanico de sensaciones y emociones condensadas que atrae hipnóticamente al visitante. Frente a los desoladores barrios recién construidos de la periferia española, el pintor muestra como en su villa sin duda hay mucha vida, la buena vida.
 
 
(Basado en el estudio realizado por el arquitecto y profesor de la ETSAM Iñaqui Ábalos en el libro “La buena vida”)
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