SELECCIÓN DE PRENSA INTERNACIONAL

Buscar el compromiso, no el caos, en Egipto

The Washington Post

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02-07-2013
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http://www.washingtonpost.com/opinions/seeking-compromise-not-chaos-in-egypt/2013/06/27/fbe0e9a6-df5b-11e2-963a-72d740e88c12_story.html http://www.washingtonpost.com/opinions/seeking-compromise-not-chaos-in-egypt/2013/06/27/fbe0e9a6-df5b-11e2-963a-72d740e88c12_story.html

Después de un primer mal año de su primer gobierno elegido democráticamente, Egipto se precipita hacia un conflicto político potencialmente catastrófico este fin de semana. Es un enfrentamiento del que es improbable que se beneficien ni el gobierno islámico ni su oposición mayormente secular, pero podría destruir las esperanzas de Egipto para consolidar una democracia estable o abordar sus graves problemas económicos.

El Tamarod o movimiento "rebelde" ha llamado a los egipcios a salir a las calles el domingo, el aniversario del gobierno del presidente Mohamed Morsi, con el fin de forzar su dimisión. El movimiento afirma haber recogido más de 15 millones de firmas en una petición llamando a nuevas elecciones presidenciales. El problema de este programa es que no existe un mecanismo legal o constitucional para llevarlo a cabo, los líderes de Tamarod están esperando lo que equivaldría a una nueva revolución o tal vez un golpe de Estado militar.

El gobierno Morsi ha hecho mucho para generar esta desacertada orientación militante. Rompiendo el compromiso de buscar el consenso con las fuerzas seculares y la oposición, ha forzado una nueva Constitución y ha estado tratando de imponer su control sobre el poder judicial, los medios de comunicación y los grupos de la sociedad civil. Ha elaborado leyes que inclinan futuras elecciones en su favor y ha dejado pasar la oportunidad de llegar a acuerdos con los opositores moderados.

Tal vez lo más importante, es que el gobierno ha enfurecido a los egipcios medios con su mala gestión. Las ciudades están plagadas de cortes de electricidad y escasez de combustible, la inflación y el desempleo están creciendo y el crecimiento de la inversión languidece. El acuerdo largamente prometido con el Fondo Monetario Internacional no se ha completado, y sólo los rescates de Qatar y Libia han mantenido a Egipto  salvo de agotar sus reservas de divisas.

Como hemos escrito anteriormente, hay razones fundadas para pensar que el Sr. Morsi y el movimiento Hermanos Musulmanes están tratando de monopolizar el poder. Pero la respuesta no democrática de la oposición ofrece pocas posibilidades de llegar  buen sitio. Si las protestas masivas logran provocar la caída del gobierno o un golpe militar, cualquier futuro gobierno electo estará sujeto a las mismas tácticas. Y ningún gobierno será capaz de hacer frente a la disfunción económica de Egipto, lo que requerirá medidas de reformas dolorosas, mientras el país sigue polarizado.

La única forma viable de avanzar es una negociación en la que el Sr. Morsi se comprometa a mayores pactos con la oposición, incluidas las reformas constitucionales, la retirada de una legislación nociva sobre el poder judicial y las organizaciones no gubernamentales y el fin de la persecución de los opositores. A cambio, los líderes de la oposición deben dejar de tratar de derrocar al gobierno y comenzar a trabajar para ganar las próximas elecciones.

Los Estados Unidos han tratado de empujar a ambos lados hacia ese compromiso, pero débilmente. Se ha abstenido de utilizar su influencia económica para frenar los excesos del Sr. Morsi e incluso de declararse contra ellos con fuerza, convenciendo así a muchos egipcios que está apuntalando al gobierno islamista.

Las relaciones de Estados Unidos con el ejército egipcio, que tiene un poder en sí al margen del gobierno, siguen siendo fuertes, lo que ofrece una nueva oportunidad. El domingo pasado, el comandante de las fuerzas armadas declaró que los militares tienen "la obligación de intervenir para poner fin a que Egipto se sumerja en un oscuro túnel de lucha civil y muerte o sectarismo y colapso de las instituciones del Estado". Washington debe dejar claro que aunque los militares pueden tener un papel en la prevención del derramamiento de sangre y presionar para un compromiso, una interrupción por la fuerza del orden constitucional sería inaceptable.

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