Arte

El Prado homenajea a Francis Bacon

En el centenario de su nacimiento, el Museo del Prado, prepara una retrospectiva sobre el pintor irlandés. El admirador de Picasso y de España, recibe por fin el tributo del museo que más visitó, y de la ciudad que le vio morir en 1992.

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22-01-2009
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Francis Bacon (Dublí­n, 1909 - Madrid, 1992), fue el más fiel seguidor de las vanguardias artí­sticas de los primeros años del siglo XX, después de su intencionada desaparición. Creció admirando las obras del Picasso más maduro, recogió su testigo creativo y se enamoro de España. Sus últimos años los pasó en nuestro paí­s, pero curiosamente, es la primera vez que se expone una obra suya en la pinacoteca nacional. Francis Bacon (Dublí­n, 1909 - Madrid, 1992), fue el más fiel seguidor de las vanguardias artí­sticas de los primeros años del siglo XX, después de su intencionada desaparición. Creció admirando las obras del Picasso más maduro, recogió su testigo creativo y se enamoro de España. Sus últimos años los pasó en nuestro paí­s, pero curiosamente, es la primera vez que se expone una obra suya en la pinacoteca nacional.
Vísceras bajo un cielo totalmente azul. Oscuridad absoluta y soledad. Así es el tríptico Sweeney agonistes, una de las obras clave del pintor, inspirado en un poema de T. S. Eliot, y que cuelga ya de las paredes del Museo del Prado. Es la primera de las 60 pinturas que integran la retrospectiva dedicada al artista irlandés, procedente de la Tate Britain de Londres.
 
El auge profesional le llegó a Bacon en la década de los 50, después de años en la sombra, y en un momento en el que se intentaba promocionar a toda costa la abstracción, y acabar con los vestigios de las vanguardias intelectuales y artísticas previas a la guerra fría. Aún así el lenguaje personal de Bacon siempre se basó en recoger el testigo de manifiestos como el surrealista o el cubista, y en incorporar elementos legados por Picasso o Dalí.
 
Pese a las múltiples especulaciones de la crítica y los historiadores, acerca de la definición de su corriente, Bacon siempre la definió como una “línea pictórica postpicassiana", siguiendo la vía abierta que el pintor español dejó con la figuración y la representación obsesiva del cuerpo humano. También Velázquez provocó una atracción enorme en el irlandés, que versionó varias de sus obras.
 
Todo esto condujo a Francis Bacon a su “exilio creativo” en Madrid. Visitaba asiduamente el Prado y se dejó encandilar por una ciudad en la que quiso abandonar el mundo. Ahora este país le reconoce finalmente. El elevado valor de mercado actual lo había dificultado anteriormente. Pero desde la próxima semana las obras de Bacon serán el objeto de todas las miradas, en el museo que se convirtió en su segunda casa.
 
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