¿Una alternativa "a la italiana" para España?

De Berlusconi a Monti, pasando por Washington y Berlí­n

Así­ dio un "golpe de Estado incruento", teledirigido desde Washington y ejecutado por Berlí­n, para echar a Berlusconi, violentando la democracia y la soberaní­a italiana, e instaurar un gobierno no elegido y dirigido por un hombre de Goldman Sachs y el BCE.

5
7 votos
05-02-2013
Publicidad
Ante el terremoto polí­tico desatado en España por la publicación de las cuentas de Barcenas, ya hay quien ha deslizado como alternativa a la crisis polí­tica en nuestro paí­s "un gobierno de tecnócratas al estilo del de Monti en Italia" que recupere la credibilidad y tenga la autoridad y la confianza internacional para tomar las medidas necesarias. Pero, ¿qué es lo que pasó en Italia?
 Las formas y maneras del civilizado y tecnócrata Monti no producen la repugnancia de las del corrupto y vividor Berlusconi. Pero el suyo es un puño de hierro en guante de seda. ¿Es eso lo que queremos para España?
Las formas y maneras del civilizado y tecnócrata Monti no producen la repugnancia de las del corrupto y vividor Berlusconi. Pero el suyo es un puño de hierro en guante de seda. ¿Es eso lo que queremos para España?
Ante el terremoto polí­tico desatado en España por la publicación de las cuentas de Barcenas, ya hay quien ha deslizado como alternativa a la crisis polí­tica en nuestro paí­s "un gobierno de tecnócratas al estilo del de Monti en Italia" que recupere la credibilidad y tenga la autoridad y la confianza internacional para tomar las medidas necesarias. Pero, ¿qué es lo que pasó en Italia?

A finales del verano de 2011, media Europa se conmocionaba al conocer el contenido de la carta secreta enviada al gobierno italiano, y que según el diario La Republicca detallaba de forma precisa “las instrucciones confeccionadas entre París, Frankfurt, Berlín y Washington”. "Cualquier ambigüedad o reticencia se convierte, a ojos de Washington y Berlín, en un pecado mortal"


El que entonces era ministro de Economía italiano, Giulio Tremonti, diría más tarde en privado que su Gobierno había recibido dos cartas repletas de amenazas en pleno mes de agosto: una de un grupo terrorista, y la otra del Banco Central Europeo. “La del BCE era la peor”, confesaba.


“El Tesoro USA entra en juego y pone al BCE de comisario de Berlusconi”, titulaba La Republicca su explosivo reportaje.


Para añadir a continuación que “en la tarde noche del viernes, Barack Obama llama por teléfono a Angela Merkel y Nicolás Sarkozy (...) El Secretario del Tesoro de los USA Tim Geithner lleva trabajando discretamente en este asunto desde el jueves por la noche. Sus interlocutores privilegiados son el líder francés, la mandataria alemana y el presidente del BCE. Geithner está familiarizado en este tipo de tesituras, ya que se formó en el FMI y en la diplomacia USA”.


El tono de la carta era conminatorio, y su contenido elocuente: “Italia debe acelerar su plan de ajuste”, sin otra posibilidad, y Berlusconi debe convocar inmediatamente una rueda de prensa para informar a su opinión pública de las medidas.


Berlusconi obedece, pero pronto se olvida de sus compromisos y dilata en el tiempo la aplicación de las medidas exigidas. Ante ello, Merkel toma la iniciativa. Y a comienzos de noviembre llama directamente al presidente de la República italiana, el anciano Giorgio Napolitano.


Rompiendo todas las convenciones diplomáticas de la UE, cuya primera regla no escrita es que los lideres europeos no se inmiscuyen abiertamente en los asuntos políticos nacionales internos, el objetivo de Merkel es presionar directamente al jefe del Estado italiano para que empiece a mover los hilos necesarios para acabar con Berlusconi. Aduce que las reformas emprendidas son insuficientes, que se necesitan nuevas medidas “más agresivas” y, sobre todo, que el primer ministro electo no es el hombre adecuado para aplicarlas. Exigiendo poner en marcha sin dilación los mecanismos necesarios para proceder a su relevo.


Así se da un “golpe de Estado incruento”, teledirigido desde Washington y ejecutado por Berlín, para echar a Berlusconi, violentando la democracia y la soberanía italiana, e instaurar un gobierno no elegido y dirigido por un hombre de Goldman Sachs y el BCE.


Vivimos en unos momentos en que no hace falta ser siquiera antihegemonista. Berlusconi no lo es en absoluto y en lo principal estaba dispuesto a aplicar el proyecto hegemonista. Simplemente difería en los ritmos y las formas en que hacerlo. Pero cualquier ambigüedad, reticencia o margen de autonomía se convierten, a ojos de Washington y Berlín, en un pecado mortal para desarrollar sus salvajes planes de saqueo.


Las formas y maneras del civilizado y tecnócrata Monti no producen la repugnancia de las del corrupto y vividor Berlusconi. Pero el suyo es un puño de hierro en guante de seda. ¿Es eso lo que queremos para España?

¿Qué te ha parecido el artículo?
Publicidad



COMENTARIOS