Artur Mas y su "órdago soberanista":

Aunque fracasen pueden hacer mucho daño

Aunque no exista ningún horizonte posible de independencia, aventuras soberanistas como la impulsada por Mas debilitan la unidad, convierten a España en una presa más débil y con menos capacidad para defenderse del saqueo y la intervención en la que sí­ están muy interesados tanto Berlí­n como Washington.

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24-01-2013
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Artur Mas presentó un "órdago independentista "que parecí­a una amenaza inminente de ruptura Pero se ha visto obligado a reformar, sólo unos pocos dí­as después de presentarla, la "declaración de independencia" para excluir del texto la aspiración de un Estado propio. Y han conseguido que hasta la patronal catalana se pronuncie públicamente contra la ruptura con España.
 A pesar de recibir un severo golpe electoral, Artur Mas ha querido redoblar su apuesta soberanista, como el ciclista que, aunque sabe que se dirige hacia el precipicio, no puede dejar de pedalear.
A pesar de recibir un severo golpe electoral, Artur Mas ha querido redoblar su apuesta soberanista, como el ciclista que, aunque sabe que se dirige hacia el precipicio, no puede dejar de pedalear.
Artur Mas presentó un "órdago independentista "que parecí­a una amenaza inminente de ruptura Pero se ha visto obligado a reformar, sólo unos pocos dí­as después de presentarla, la "declaración de independencia" para excluir del texto la aspiración de un Estado propio. Y han conseguido que hasta la patronal catalana se pronuncie públicamente contra la ruptura con España.

A pesar de recibir un severo golpe electoral, Artur Mas ha querido redoblar su apuesta soberanista, como el ciclista que, aunque sabe que se dirige hacia el precipicio, no puede dejar de pedalear. "Debilitar la unidad de España sólo beneficia a los que, como EEUU o Alemania, quieren vernos más débiles para saquearnos más"


Y, como no podía ser de otra manera, ha cosechado un fracaso todavía más sonoro.


CiU y ERC presentaron ante el Parlament de Catalunya una resolución que iba mucho más allá de la mera exigencia del “derecho a decidir”. Era toda una “declaración de independencia”, que prefiguraba la consulta como un paso hacia la construcción de un Estado propio.


Inmediatamente, Duran Lleida –el segundo en el escalafón de CiU- exigía su retirada, anunciando que solo debería ser aprobada si conseguía el apoyo de 107 diputados, una mayoría absolutamente imposible.


Ante el “éxito” conseguido, sólo unos pocos días después de presentarla, CiU y ERC se han visto obligados a “reformar” su propuesta… eliminando cualquier referencia a la exigencia de un Estado propio.


Además, Artur Mas se ha encargado de “recordar” que el referéndum no sería vinculante.


Una “declaración de independencia” que ya no defiende la independencia. Y una consulta “para que los catalanes decidan” cuyo resultado no obligaría a ningún gobierno.


El presidente de la gran patronal catalana, Gay de Montellà, ha exigido públicamente al gobierno de Mas que abandone la pretensión de celebrar una consulta soberanista… y se centre únicamente en exigir un nuevo concierto económico para Cataluña.


“No queremos un choque de trenes”, ha afirmado el presidente de Fomento del Trabajo Nacional.


El 25% del negocio de las grandes empresas catalanas están en el mercado catalán, el 25% se destina a la exportación… y el 50% se dirige hacia el mercado español.


Al mismo tiempo, La Caixa y los principales monopolios vinculados a ella –Agbar, Repsol…- ganan terreno y poder en toda España.


Comprenderán ustedes porque a la gran burguesía catalana no le interesa en absoluto “un choque de trenes” con Madrid.


¿Significa esto que no debemos tomar en cuenta sus “bravuconadas independentistas”? ¿Qué nos enfrentamos a “un farol” que no supone ningún peligro ni amenaza?


Nada de eso. El recorrido de la apuesta independentista de Artur Mas es corto. Porque carece de apoyos sociales y de clase.


No estamos ante un desafío comparable al “plan Ibarretxe”. Entonces, los proyectos de ruptura encontraban el aliento de la “Europa de los Pueblos”, el diseño que Berlín impulsaba para imponer su dominio sobre un continente disgregado en pequeños mini-Estados.


Hoy nada parece indicar que el hegemonismo esté dispuesto a avalar aventuras soberanistas.


Pero sí puede aprovecharlas en su propio beneficio. Aunque no exista ningún horizonte posible de independencia, aventuras soberanistas como la impulsada por Mas debilitan la unidad, convierten a España en una presa más débil y con menos capacidad para defenderse del saqueo y la intervención en la que sí están muy interesados tanto Berlín como Washington.

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