SELECCIÓN DE PRENSA NACIONAL

Un Estado sin fuerza polí­tica y económica

La Vanguardia

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24-01-2013
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http://www.lavanguardia.com/opinion/articulos/20130122/54362215872/final-de-la-historia-manel-perez.html http://www.lavanguardia.com/opinion/articulos/20130122/54362215872/final-de-la-historia-manel-perez.html

Cuál es la diferencia entre un banco alemán que, al calor de la burbuja del euro, presta tal cantidad de dinero a sus colegas del sur, que al final no lo pueden recuperar, y una entidad financiera española que, a caballo de una burbuja inmobiliaria sin precedentes, le presta ese mismo dinero a promotores y compradores de pisos que tampoco se lo van a devolver? El Estado que respalda a cada uno de ellos podría ser una de las respuestas. Los prejuicios ideológicos contra todo lo que no sean sociedad por acciones podrían también tener su papel. En ambos casos, el del banquero teutón y el de la caja española, una alegre política crediticia se convirtió en un infierno de insolvencia que les ha colocado al borde de la quiebra. El negocio crediticio es una férrea cadena que hace depender a cada acreedor de la solidez de su deudor y todos los protagonistas son ambas cosas a la vez, deben y les deben.

En el primer caso, el del banco alemán, el Estado de su país diseñó un procedimiento para asegurar que sus bancos iban a cobrar la mayoría del dinero prestado, esta es la función de los rescates y los programas de recapitalización bancaria aplicados en el sur de la eurozona.

En el segundo, el de la caja de ahorros española, el Estado español carece de la fuerza política y económica para imponer un ajuste de cuentas más equilibrado en la eurozona entre acreedores y deudores y, además de endeudarse más, y también a sus conciudadanos, ante sus socios europeos debe borrar del mapa a las entidades protagonistas de la burbuja inmobiliaria, es decir las cajas de ahorro. Hayan recurrido o no al dinero público; tengan o no un balance saneado; representen ampliamente a segmentos sociales más allá del tenedor de acciones.

Una historia centenaria que, como gustaba recordar a los clásicos del sector, había resistido con éxito, y sin recurrir a la ayuda pública, a las guerras carlistas, la Gloriosa, la Primera República, la Restauración, la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República, la Guerra Civil, la Dictadura y la nueva democracia, ha llegado a su final con la crisis financiera mundial en la que las diabólicas contradicciones de la eurozona tienen capítulo propio de envergadura.

Las negociaciones entre el ministro de Economía español, Luis de Guindos, y Bruselas-Frankfurt han evitado al final que las cajas deban venderse de manera acelerada y en las peores condiciones posibles sus participaciones dominantes en los bancos que controlan, como por ejemplo La Caixa en Caixa Bank, pero ha quedado claro que la intención de la troika es que las nuevas fundaciones bancarias sean entidades con poder decreciente. Para ello se les imponen controles y exigencias que no se plantean para los accionistas clásicos de los bancos, como si existiesen dos clases de inversores, los de verdad, los de siempre, los banqueros tradicionales... y el resto. De paso, y esto ya forma parte del proceder habitual de la eurozona, esas exigencias dificultarán la expansión crediticia de las entidades, que pueden acabar maniatadas por el miedo de sus accionistas al garrote de un regulador que les impone más restricciones que al resto de los operadores del sector financiero.

El arranque de la crisis dio pie a encendidos discursos sobre la refundación del capitalismo y la represión de su avaricia desbordada. Ya pocos se acuerdan de esas palabras, pronunciadas desde las más altas instancias de estados influyentes en la política y la economía mundial. Pasados los primeros apuros, se olvidó esa retórica vacua y el mantra dominante vuelve a ser el de las finanzas estilo Wall Street. Por el camino se ha perdido una parte importante de la cultura financiera diferencial.



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