Dí­az Ferran, ex jefe de la CEOE, detenido por estafa

Saqueos de clase y clases de saqueo

Diaz Ferran debe ir a la cárcel y devolver lo robado. Pero lo suyo es un saqueo a pequeña escala, un robo de andar por casa. A pesar de su antiguo cargo, Dí­az Ferrán no pasa de ser un personaje de usar y tirar para los que de verdad mandan y deciden.

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12-12-2012
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En el antiguo Israel, la casta sacerdotal dominante elegí­a cada cierto tiempo a un chivo al que, tras cargarle con todas las culpas del pueblo judí­o, se abandonaba en medio de desierto para que fuera devorado por el demonio Azazel. Era conocido como el chivo expiatorio. En la España actual, ese papel le ha correspondido a Dí­az Ferran, ex jefe de la CEOE y degradado a la categorí­a de vulgar chorizo.
 Como en el caso del estafador norteamericano Benard Madoff, el caso de Dí­az Ferrán viene muy bien para lanzar una cortina de humo sobre el verdadero saqueo y el robo de decenas de miles de millones de euros que estamos sufriendo el 90% de la población. Y ocultar a sus verdaderos responsables.
Como en el caso del estafador norteamericano Benard Madoff, el caso de Dí­az Ferrán viene muy bien para lanzar una cortina de humo sobre el verdadero saqueo y el robo de decenas de miles de millones de euros que estamos sufriendo el 90% de la población. Y ocultar a sus verdaderos responsables.
En el antiguo Israel, la casta sacerdotal dominante elegí­a cada cierto tiempo a un chivo al que, tras cargarle con todas las culpas del pueblo judí­o, se abandonaba en medio de desierto para que fuera devorado por el demonio Azazel. Era conocido como el chivo expiatorio. En la España actual, ese papel le ha correspondido a Dí­az Ferran, ex jefe de la CEOE y degradado a la categorí­a de vulgar chorizo.

Gerardo Díaz Ferrán, ex-presidente durante tres años de la CEOE, acaba de ser detenido por alzamiento de bienes y fraude fiscal. Según las investigaciones, traspasó sus empresas y patrimonio a un testaferro con el objetivo de no pagar a sus acreedores –entre los que se encuentran los más de 2.000 trabajadores despedidos de Air Comet y Viajes Marsáns– ni responder de sus deudas ante Hacienda y la Seguridad Social.

"El mismo que recomendaba al resto de los españoles “trabajar más y cobrar menos” ha resultado ser un vulgar chorizo"


El conocimiento del fraude, el robo y la estafa a gran escala del antiguo máximo dirigente de la gran patronal española ha provocado la lógica indignación en la inmensa mayoría de la población. El mismo que recomendaba al resto de los españoles “trabajar más y cobrar menos” para salir de la crisis e instaba al gobierno a abaratar el despido, rebajar los salarios y recortar en pensiones, sanidad o educación, ha resultado ser un vulgar chorizo que se aplicaba a sí mismo lo contrario que exigía para los demás.


Algo que, por otra parte, no debería sorprender a nadie. Pues ya fue acusado hace años del vaciamiento y la liquidación de Aerolíneas Argentinas en su propio provecho.


Sin embargo, su detención no debe confundirnos. Si las acusaciones son ciertas, está bien que se juzgue a tan notorio estafador y dé con sus huesos en la cárcel. Pero lo suyo es un saqueo a pequeña escala, un robo de andar por casa. A pesar de su antiguo cargo, Díaz Ferrán no pasa de ser un personaje menor, un don nadie en el seno de la oligarquía financiera española, un personaje de usar y tirar para los que de verdad mandan y deciden.


Como en el caso del estafador norteamericano Benard Madoff, el caso de Díaz Ferrán viene muy bien para lanzar una cortina de humo sobre el verdadero saqueo y el robo de decenas de miles de millones de euros que estamos sufriendo el 90% de la población. Y ocultar a sus verdaderos responsables.


El mensaje que se trata de lanzar es el de que “los ricos también lloran”. Pero no es verdad. Los “ricos de verdad”, esos que “somos sólo unos pocos” como dijo Botín, no lloran. Porque ellos, como afirmó también Botín ante el juez que le juzgaba por la estafa de las cesiones de crédito,  están “en otra dimensión”. Una dimensión en la que, mientras no cambiemos las cosas, la justicia tiene prohibida la entrada.

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