El Observatorio

La Puta de Babilonia

Frente al mensaje paniaguado y melifluo de la campaña publicitaria ateí­sta en los autobuses, el argumentario de Fernando Vallejo es rabioso, contundente y demoledor

5
1 votos
21-01-2009
Publicidad
"La puta de Babilonia" es el nombre con el que los albigenses conocí­an a la Iglesia Católica, "tal y como testimonia el Apocalipsis". Y es el tí­tulo que, acorde con su contenido, ha elegido el escritor y ensayista colombiano Fernando Vallejo para encabezar una de las más formidables requisitorias y una de las más fulminantes denuncias llevadas a cabo jamás contra la Iglesia Católica en particular, contra las religiones monoteí­stas en general y contra todo Dios. En su estilo irreverente y provocativo habitual, pero muy bien documentado, Vallejo descarga toda su inquina con una vehemencia y un talento narrativo inigualable. "La puta de Babilonia" es el nombre con el que los albigenses conocí­an a la Iglesia Católica, "tal y como testimonia el Apocalipsis". Y es el tí­tulo que, acorde con su contenido, ha elegido el escritor y ensayista colombiano Fernando Vallejo para encabezar una de las más formidables requisitorias y una de las más fulminantes denuncias llevadas a cabo jamás contra la Iglesia Católica en particular, contra las religiones monoteí­stas en general y contra todo Dios. En su estilo irreverente y provocativo habitual, pero muy bien documentado, Vallejo descarga toda su inquina con una vehemencia y un talento narrativo inigualable.
        Desde la primera página, Vallejo no deja títere con cabeza. Como en todos sus escritos, manda el tono personal: Vallejo considera que sólo se puede escribir desde el “yo”, la tercera persona es una impostura. Además, en este caso, se trata de un reto, de una “guerra personal”, planteada abiertamente así desde el primer párrafo: “La impune bimilenaria tiene cuentas pendientes desde mi infancia y aquí se las voy a cobrar”.
        El tono es feroz, rabioso, corrosivo: “La puta, la gran puta, la grandísima puta, la santurrona, la inquisidora, la torturadora, la falsificadora, (...), la oscurantista, la impostora, la embaucadora, la difamadora, la estafadora de viudas, la homofóbica, la corrupta, la hipócrita, la parásita, (...), la jesuítica, la dominica, la del Opus Dei...”, dice Vallejo para referirse, de partida, a la “Santa Madre Iglesia”.
       Las trescientas y pico páginas del libro son un pormenorizado y exhaustivo repaso de hechos, textos y acontecimientos que avalan y corroboran, a su juicio, y una a una, la certeza de esas acusaciones, la validez de esos improperios.
Vallejo remueve hasta los más recónditos y escondidos rincones y sótanos de la historia de la Iglesia para sacar a flote la mugre, las mentiras y los crímenes: desde la falsa historia de Jesús y sus apóstoles hasta los padres de la Iglesia (griegos y latinos), los Papas, los santos, los herejes, las cruzadas, la inquisición, la Biblia y sus traducciones, los textos de los primeros concilios, las torturas, la quema de las brujas... toda la “historia terrible de una institución delincuente”.
     La lengua sarcástica, afilada e hiriente de Vallejo –que acompaña y gobierna al ensayista erudito y bien documentado– no se anda por las ramas. Acerca de por qué una institución “tan profundamente corrupta y aun criminal ha durado tanto”, Vallejo responde: “Ha durado tanto porque es la más puta entre las putas. Porque desde que en el 312 se montó al carro de la victoria del emperador Constantino, el genocida, siempre ha sabido encaramarse al lecho de los poderosos por más criminales que sean: Carlomagno, Carlos V, Mussolini, Franco, Hitler... Porque siempre ha sido la gran ramera del poder. Los comunistas fueron sus enemigos porque no la dejaron arrimarse. Esa meretriz trata de estar siempre con el que gane. Si la dejan, a su cama se sube”.
    Vallejo hace un minucioso repaso por todos los crímenes avalados por la Iglesia a lo largo de los siglos, y se horroriza especialmente de la crueldad sin límites de quemar a gente viva. Son crímenes que, como los del nazismo, dice Vallejo, “no tienen disculpa”. La Iglesia Católica, dice, tiene que ser castigada por ello: tiene que ser proscrita. “Su impunidad se tiene que terminar”.
    Al tiempo que arremete con todo contra “la puta de Babilonia”, Vallejo no se olvida tampoco de del resto de sus obsesiones habituales, en las que aquélla alguna responsabilidad tiene: desde la destrucción implacable de la naturaleza a la violencia contra los animales o la “inaudita” proliferación de los seres humanos...
    Y, por supuesto, al tiempo que arrecia sus mandobles verbales contra la Católica, asesta descabellos demoledores contra el resto de religiones, en especial, contra los monoteísmos “semíticos”: judíos, musulmanes y cristianos, formas distintas de un mismo fanatismo.
   No se olvida tampoco de dar un buen mamporrazo a los políticos. Rememorando el entierro del papa Wojtila, dice Vallejo: “Veíamos allí, entre la más alta  granujería del planeta, a Bush, a Clinton, a Blair, a Chirac, truhanes archiconocidos que no necesitan presentación (...). Y termino con quien he debido empezar, la mosca carroñera Kofi Annan que en sus diez años en la ONU no se perdió boda de puta ni capada de marrano”.
   Sin ningura conmiseración, sin morderse la lengua, armado con el filo de una ilustración genuina, Vallejo pone encima de la mesa los argumentos de su verdad.
(“La puta de Babilonia”, editado en México por Planeta en 2007, está publicado en España bajo el sello editorial de Seix-Barral). 
 
¿Qué te ha parecido el artículo?
Publicidad