SELECCIÓN DE PRENSA NACIONAL

Modesta Catalunya

La Vaguardia

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27-11-2012
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http://www.lavanguardia.com/politica/elecciones-catalanas/20121127/54355686918/modesta-catalunya-enric-juliana.html http://www.lavanguardia.com/politica/elecciones-catalanas/20121127/54355686918/modesta-catalunya-enric-juliana.html

Hay algunas lágrimas de cocodrilo en Madrid por los resultados electorales en Catalunya. Una evidente satisfacción por el fracaso de Artur Mas, unida a la tranquilizadora convicción de que lo sucedido sirve de vacuna para el gobierno que Iñigo Urkullu está a punto de conformar en el País Vasco. El sepulcral silencio del PNV durante la campaña electoral catalana ha sido escuchado con mucha atención en la capital. Sonrisas de satisfacción, tranquilidad de fondo, pero también preocupación por la gobernabilidad de Catalunya en los próximos meses. Confesión de un alto cargo de la Comunidad de Madrid: "No es un buen resultado electoral, no lo es evidentemente para Catalunya, pero tampoco lo acaba de ser para España, en la medida en que complica la gobernación de un territorio absolutamente importante para la recuperación económica del país. Nos podemos alegrar ideológicamente de lo que le ha sucedido a Mas, pero un bloqueo de la Generalitat, o una Generalitat muy condicionada por partidos minoritarios, no es una buena noticia para la recuperación económica de España".

La gobernabilidad de la Generalitat es un asunto importante para la estabilidad española. En primer lugar, por el elevado monto de la deuda pública catalana: 44.000 millones de euros, con gravísimas dificultades de financiación exterior, como ocurre con el resto de las autonomías. El rostro del conseller de Economia, Andreu Mas-Colell, la noche de las elecciones en el hotel Majestic de Barcelona era un poema. Mas-Colell sabe lo que es llegar a final de mes con el riesgo de no poder pagar las nóminas. En los últimos meses, al menos en dos ocasiones, la Generalitat ha estado a punto de no poder pagar a sus empleados en el día establecido, por problemas operativos. La hecatombe del Estado autonómico ha provocado la práctica intervención de todas las autonomías por parte del Gobierno. El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, no ha enviado hombres de negro a ninguna región -poco antes de la primavera estuvo tentado de hacerlo-, pero mantiene un estrecho control sobre su tesorería. La Generalitat de Catalunya está en manos del Ministerio de Hacienda. El grifo del dinero se halla en el viejo caserón de la calle Alcalá desde el que administraba el monopolio estatal sobre la sal y el tabaco. Carlos III.

Resueltas las elecciones catalanas con una mayor fragmentación del voto, el grifo de Montoro adquiere mayor capacidad de presión. No lo olvidemos, a medida que se va digiriendo el resultado de las elecciones: el domingo en Catalunya ganó el orden español. Ganó España. La política no es una mera cuestión de sumas y restas. En el Parlament de Catalunya hay una abrumadora mayoría catalanista (al menos 107 diputados sobre 135); hay una clara mayoría pro referéndum o consulta (87 diputados); hay una suficiente mayoría soberanista (74 diputados), pero estas distintas capas han quedado mal articuladas. El catalanismo es hoy un magma sentimental sin operatividad política y con un liderazgo mermado. Un comentario muy inteligente, pescado en internet: "Los catalanes hemos pedido a Mas que nos hiciese sentir la emoción del vértigo y al mismo tiempo le hemos quitado la red. No tenemos solución".

Observación de un antiguo gestor monclovita: "Según qué alianzas y qué programas se pacten en Catalunya, nos podemos encontrar con una mala reacción de los mercados de deuda pública. Si yo fuese Mas, iría con cuidado. En los próximos meses, los mercados pueden rematarlo. Catalunya no es una pieza menor, como bien saben los británicos, que en las últimas semanas os han prestado mucha atención. Lee hoy lo que dice el Financial Times: 'No es el momento para acrobacias secesionistas'. O lo que apunta The Guardian: 'Las elecciones, un golpe para el presidente catalán'. Habéis llamado la atención de los británicos, pero te aseguro que no son hermanitas de la caridad".

Hay preocupación y hay muchas sonrisas de satisfacción. Anoche José María Aznar, en la presentación de su libro de memorias, entonó el yo ya lo había dicho: "Ya dije que antes de que se rompiese España, se rompería Catalunya, y los resultados del domingo nos dicen que se ha producido una gran fragmentación política".

Hemos de convenir que a los catalanes también nos gusta el Quijote. Francisco Rico acaba de publicar Tiempos del Quijote (Acantilado) con unos interesantes apuntes sobre el encaprichamiento de Cervantes por Barcelona. Entre las reflexiones en curso, deberíamos introducir la siguiente pregunta: ¿cuánta dosis de quijotismo no hay también en el catalanismo? La alianza de Don Quijote, Juan Tenorio y la banca internacional condujo a España a una demencial burbuja inmobiliaria. Quizá el influjo de Cervantes provoque el espejismo gracias al cual alguna gente hoy sigue creyendo que no ha pasado nada y que el soberanismo es imbatible con el 34% del voto del censo. El catalán suele estar barnizado de intenciones. A fi de bé. El catalán es reactivo y se aferra a sus ideas cuando lo atacan con desmesura. Habrá que releer el capítulo del Caballero del Verde Gabán. Modesta Catalunya.

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