Santiago Auserón

Ritmo Perdido

"La música negra que llega de América despierta a nuestros demonios"

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10-11-2012
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Santiago Auserón se presenta sin enchufes en Ritmo Perdido, una investigación de la influencia negra en España que desvela la naturaleza de nuestras músicas
 Ritmo Perdido
Santiago Auserón se presenta sin enchufes en Ritmo Perdido, una investigación de la influencia negra en España que desvela la naturaleza de nuestras músicas

 

La voz de Radio Futura y Juan Perro ha hecho, sin duda, un esfuerzo al servicio de la música y de todos, desentrañando las raíces peninsulares de la música negra. Y, al mismo tiempo, enfrentando las generaciones de la segunda mitad del siglo XX con el resultado del contacto con “el influjo extranjero”, porque en realidad se estaba “asistiendo al despertar de nuestros propios demonios”. La llegada del rock, el jazz y el blues a la península no fue más que un reencuentro con unos antepasados olvidados que ya habitaban entre nosotros. 

La configuración de nuestra identidad musical es difícil de pensar, de una complejidad inabarcable, pero Santiago Auserón arroja algo de luz al rechazo inoculado a nuestros propios orígenes. 

Y lo hace empezando por contar su propia experiencia. El descubrimiento de una música negra a través del rock y del blues que “nos llegaba hasta el fondo de nuestro corazón porque había un vacío torbellinero”, el dejado por el folclore ibérico manchado de negritud, “incluso en los folclores más severos de La Mancha y de Castilla y León”

La burbuja musical

“Echando la vista atrás, creo que los lugares que más estuvieron sometidos a la influencia directa de la música americana fueron las bases militares. Mi viejo trabajaba en una y en las fiestas con los amigos americanos fue donde empecé a escuchar los discos de Nat King Cole y Ella Fitzgerald. Luego, al vivir en Huelva e ir a Sevilla regularmente, vi que en las bases de Rota y Morón ocurría lo mismo. En Madrid igual con la de Torrejón y su radio. En Baleares, en cambio, llegaron por el turismo. En Canarias, por la presencia afrolatina. Esos son los focos en los que se empieza a renovar la memoria. Hasta entonces, incluso nuestra manera de bailar era un poco folclórica, ternaria, rígida... salvo en Andalucía, pero la gente de mi generación fue recibiendo poco a poco todas esas músicas. Fue descubrir un universo nuevo, se juntó con el final del franquismo y la posibilidad de soñar con un país distinto. Luego, con la transición, cuando empezó a formarse Radio Futura en el local de ensayo, quisimos que las artes populares se liberaran de todo tipo de constricción. Esto generó unas expectativas muy grandes y se nos dio cuartelillo como para, sin tener formación musical, disponer de la atención de los medios y de la sociedad. Fue un espejismo... creíamos que iba a durar para siempre.

[…] En lo musical hemos sufrido una recesión porque al crecer las industrias culturales de los 80 y luego con la llegada del CD, que produjo unos beneficios inmensos, se generó una de las primeras burbujas. Eso provocó que en lugar de estimular las diversas músicas que están en nuestra base se estimulara la música facilona.

[…] es cierto que ha surgido una generación de improvisadores españoles y que han sucedido cosas importantes en la música. Pero no han acabado de cuajar porque cada generación musical muere de estrellato en la barra de lo bares. No obstante, creo en la compatibilidad del formato pequeño con las músicas adolescentes. Hay que pelear”.

Paralelamente al libro, o al revés, Santiago Auserón mantiene una banda de 10 músicos, Juan Perro y la Zarabanda, a través de la que busca la tradición hispana y afroamericana, como un laboratorio en el que contrastar aquello que descubre entre los libros, y que es la chispa que le ha llevado, simbióticamente, a pelearse durante dos años, entre concierto y concierto, con el Ritmo Perdido.

Cuando uno se convierte en contenedor del veneno tribal del sonido compartido es casi imposible desprenderse de él, y Auserón ha buscado la manera de dotar de conciencia a su propia experiencia, a “esa cosa de reunirse un grupo de músicos para que en un espacio de tiempo, en un lugar concreto, se produzca la magia”.

El Siglo del Oro negro

El libro se mete en terrenos a veces arduos y complicados, pero mantiene el tono cercano, pensando en el lector, y sembrando la investigación de chanzas que convierten la lectura en un viaje apasionante, buscando “negros” en la tradición popular, en nuestra cultura."Los bailes de influencia negra causaron furor en el Siglo de Oro"

Y es que la presencia de la negritud en nuestra cultura es mucho anterior a lo que suele pensarse, encontrando páginas clásicas de la gran literatura del Siglo de Oro, y a la luz de las velas, jolgorios con las guitarras y bailes con los negros. Ya entonces existían modas de baile con influjo de la negritud que causaron furor en la sociedad española, desde el guineo a finales del XVI, la zarabanda, la chacona, el zarambeque, el zambapalo… una lista de más 40 bailes que practicaban las clases populares.

Bailes que se generan en el medio de contacto interétnico, en puertos, en ambientes urbanos en los que confluyen etnias diversas. Son ritmos que los musulmanes traen cocinados desde oriente, porque ellos habían tenido esclavos africanos sudaneses, desde la actual Sudán hasta el Golfo de Guinea, que fueron, posteriormente, muy influyentes en la gestación de los cantos clásicos musulmanes, judíos, árabes y bereberes en España. Las clases populares practican ese intercambio de ritmos y hacen que la tradición visigoda, que practica la liturgia cristiana y conserva algunos cantos paganos prerromanos en el norte de la península, forme parte fundamental como elemento de confluencia.

Lo que conforma nuestra realidad y nuestra tradición musical y rítmica son esas aportaciones que vienen de los cuatro puntos cardinales, también después por el oeste con el fenómeno de ida y vuelta de América. La comprensión de la historia y el origen de los ritmos en la península nos llevan a entender nuestro medio desde un punto de vista, incluso, geopolítico, enfocando el papel estratégico de nuestra ubicación geográfica en el mundo como un privilegio.

Rumba, tango y habanera

Explica, Santiago Auserón, que “rumba” es el término musical en castellano más universal que tenemos. “Juan Perro lleva años buscando el ritmo por los caminos. Le hemos llamado rock montuno por el influjo de la cubanía, rock interétnico, o el término rock latino, que utilizó por primera vez Radio Futura. Llevamos tiempo buscando, desde hace décadas, cómo llamar a las músicas producidas en el mundo hispanohablante”.

El origen de la rumba está en medio de la negritud afrocubana y se gesta en los barcos que van de España hacia América. Aunque en los años 30 se convirtió en un fenómeno que en el período de entreguerras y en el cine, como en las películas de Xavier Cugat, se convirtió en un baile de moda de carácter sensual, su origen está en las barracas de la negritud afrocubana. Rumba significa en nuestra cultura el encuentro con lo negro. Incluso etimológicamente se enraíza en los viajes transatlánticos y en la tradición marina. Viene de rombo y de rumbo, de los “rombos” griegos de madera y de cobre que tenían un uso mágico, que dan su nombre a las brújulas en las rosas de los vientos romboidales. Rumbo viene de esos rombos, y luego se pasa del rombo a rumba. De hecho rumbo significa en castellano “alboroto” y “desafío”. Un género que se desarrolla en los puertos y que es la madre negra, marina y porteña de nuestra rumba catalana.

Tango es también una palabra muy universal de la que maman innumerables estilos, tendencias y géneros, siempre relacionadas con las raíces africanas. Los musicólogos hablan de una matriz negra del tango, previa a todos los estilos, que luego deriva en la habanera, la clave de son cubana, y los tangos flamencos, que se iniciaron antes del siglo XX. 

El tango africano es el patrón que origina la contrazanda y la danza cubana, la habanera y el danzón. Realmente nos llega de Europa, la contradanza pasa de Francia a España y de España a Cuba, pero también por Inglaterra. La contradanza viene del countrydance, y desde Inglaterra viaja a las Antillas anglófonas, a Haití y a Cuba en una doble confluencia. Son bailes de salón en Europa, pero con la participación de los negros en las orquesta de baile se populariza estas danzas burguesas. Mientras, en las barracas de los negros están pasando cosas más candentes."Es imposible encontrar un origen preciso a todos estos ritmos"

“La habanera es un misterio”, es africana, con un patrón binario que es de tango africano, una célula universal en el área hispanohablante. Del tango africano no solo deriva la habanera y  la clave cubana de son y de rumba, también nuestro pasodoble está ligado con esa deriva… como el tango argentino o el rock time. “Esto está en el origen del jazz de nueva Orleans. Jelly Roll Morton, aquel pianista fantástico, portaba el bajo de habanera en la mano izquierda, mientras con la derecha hacia escalas de blues. Como él decía, hay que combinar lo rojo y lo azul. Ahí está el origen del jazz”.

Aunque, como dice Auserón, es prácticamente imposible encontrar un origen preciso a todos estos ritmos. “Cuando uno cree que ha encontrado la raíz del ritmo, descubre otro pueblo, otra migración, otra tribu, una invasión, un intercambio comercial, una caravana de judíos que portaban esclavos desde el Magreb hasta Persia… migraciones importantes que han permitido que esas culturas rítmicas cambiasen y pasasen de lengua a lengua… no olvidemos que las lenguas son un fenómeno sonoro, un arte del sonido…”

A cada paso, la investigación de Santiago Auserón va abriendo caminos e impregnando todo de un sentido, un punto de vista artístico y cultural revolucionario. “El lenguaje aparenta fijarse y coincidir en áreas territoriales, pero hace falta mucha fuerza, mucha atención, y mucha inversión en armamento para evitar que una lengua se hable aquí y solo aquí. Las lenguas tienden a identificarse con un pueblo, pero los ritmos pasan de estos asuntos, se cruzan entre etnias, y atraviesan fronteras… se hacen tanto y mas potentes cuanto más se mezclan y cambios sufren”.

Ritmo Perdido permite comprender, o empezar a comprender, la cuestión del ritmo interétnico en España, y la compleja historia que nos define, “porque lo hemos vivido durante cinco siglos, pero lo hemos perdido varias veces a lo largo de ese periodo histórico”.

Exorcismo rítmico

Los judíos fueron grandes transmisores de conocimiento y tradición de una cultura a otra. Cantaban cantos que luego pasan a la cultura cristiana, fueron mediadores y traductores entre la cultura musulmana y  la cristiana, pero fueron expulsados masivamente. 

Los moriscos que quedaron tras la reconquista del Reino de Granada eran portadores de zambras que habían preservado de esa tradición interétnica, judeo-árabe, pero también fueron expulsados. 

La trata negrera pasó de manos judías a árabes, y de ahí a manos de los portugueses y de los españoles, al colonizar la costa del occidente africano. La presencia de la negritud fue muy importante, por ejemplo, en el Arzobispado de Sevilla, que comprendía también Huelva y Cádiz. Llegó a haber un 10% de población negra, 45 mil negros tocando y bailando. Eso no se puede borrar de un plumazo, ni si quiera prohibir. Hay que intentar un auténtico exorcismo para sustraer de forma quirúrgica la raíz negra de nuestra cultura. 

Negro y gitano

Donde más dura fue la influencia árabe, donde más presencia negra hay, coincide con el influjo del compás flamenco. No es un fenómeno casual,  ni una coincidencia geográfica. Y aunque así lo fuera no dejaría de ser un hecho de gran trascendencia para nuestra tradición. "La península está en el eje y la frontera del mundo"

Sin duda existen sectores, como explica Auserón, de puristas y musicólogos que se irritan cuando oyen argumentar que el flamenco pudiera venir, en parte, del universo de la música negro-africana. Sin embargo, desvelar esa parte de nuestra tradición dota de mayor universalidad y profundidad a nuestra producción musical. El desarrollo y consolidación del flamenco con identidad propia pasa por el canto de los sufís o de los persas, tanto como que la guitarra flamenca tiene elementos del laúd persa, o el arte flamenco parientes lejanos en oriente medio y la cuenca del Mediterráneo. Pero tanto el cante flamenco, como el toque de guitarra, como el baile, se asientan en patrones que forman parte del universo rítmico africano que se ha internacionalizado por varias vías, por la oriental, por la conquista musulmana y por la vía hispana, atravesando el estrecho. El compás de la seguidilla, el de la soleá… mantienen con el universo rítmico africano una relación de cercanía enorme. 

“Lisboa y Sevilla, antes de la explosión americana, cuando Sevilla fue un emporio del trafico con las indias, existía un auténtico lobby de trafico de negros. Cuando los negros se convertían en libertos o compraban la libertad trabajando para terceros, se iban a los barrios pobres donde convivían con gitanos. Actualmente se están desenterrando muchos documentos donde hay constancia de muchos matrimonios entre negros y gitanos que contribuyeron a generar una corriente de confluencias artísticas que, lógicamente, no están demostradas”.

El flamenco forma parte del mismo patrón de doce corcheas y a la vez es rebelde con lo africano, porque manifiesta un carácter particular, el orgullo peninsular y específicamente gitano. Auserón no se olvida de colocar los puntos sobre las íes, “el flamenco y los gitanos han sido depositarios de la tradición interétnica peninsular durante siglos y se lo tenemos que agradecer”.

Epílogo

En temas preparatorios lleva rondando el tema casi 20 años, pero trabajando el libro los últimos 2 años, combinándolo con las giras de Juan Perro. “Después del libro no tenia más remedio que cantar con un insomnio galopante. Supongo que ahora voy a capitalizar la crisis en mi propio beneficio, estudiar un par de años y hacer lo mínimo de vida publica”.

Santiago Auserón, Juan Perro, eligió su alter ego, dice, de manera inconsciente. El nombre de perro era el insulto habitual en la época medieval para los esclavos, “los cristianos llamaban perro infiel al musulmán, y estos perros gallegos a los cristianos”.  Pero como un perro, fiel y rabioso al mismo tiempo, ha hundido sus colmillos en nuestra tradición musical, descubriéndonos que el intercambio negro-americano no viene de finales del siglo XIX, sino del XIV, recorriendo una sociedad mestiza, desde sus clases populares hasta la misma corte. 

“Somos un tapiz en el que es muy difícil unificar criterios, cuando, en realidad, hacerlo significa disolverlos. En el fondo somos unos auténticos especialistas en resolver esos conflictos culturales, porque la península está en el eje y la frontera del mundo”.

Y ¿ahora?, ¿qué hacemos ahora?, “solo podemos mejorar, porque no puede ir peor. Los discos se han acabado y hay que aceptar ese cambio… la música hiperpromocionada nos ha estallado en la cara. Solo queda la paciencia, la creatividad, y el tú a tú, volver a crear una canción convincente que guste a tu gente, en el bar de la esquina, valorar los contenidos, y si la música tonta invade la actualidad, buscar los canales de la vida real para que las canciones de verdad se busquen la vida”.

 

 

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