Hachazo a la Cultura

La voz de la tierra honda

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25-10-2012
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Los Presupuestos presentados por el gobierno suponen el mayor recorte jamás sufrido por la Cultura. Esto significa, por una parte, que el saqueo es cada vez mayor. Y por otra que el papel de la Cultura va a cambiar significativamente.
 La voz de la tierra honda
Los Presupuestos presentados por el gobierno suponen el mayor recorte jamás sufrido por la Cultura. Esto significa, por una parte, que el saqueo es cada vez mayor. Y por otra que el papel de la Cultura va a cambiar significativamente.

 

Desde que estalló la crisis es ya imposible que nadie permanezca impasible o al margen de las contradicciones políticas, o mejor, los movimientos sísmicos, que recorren todos los aspectos de la sociedad. Cualquiera podría decir, y nosotros lo hemos hecho, que esto ya era así antes, que existe, como ha existido siempre, una línea de demarcación entre los que hunden su pies en el barro hasta las ingles y aquellos que pasan levitando por encima para no mancharse. Como las musas, de las que habla Lorca, frente a la pasión, la vida y la muerte en el duende. Pero ocurre que, y más en este ámbito, que las cosas existen cuando se dicen, o se escriben, o se pintan, o se filman, y centrar el objetivo directamente sobre el saqueo es una obligación.

Pues esta naturaleza revolucionaria del arte y la cultura, puede pasar a convertirse en una rara habilis si seguimos por este camino. Y no por lo que surja de la sociedad, sino por lo que públicamente se escriba, se lea, se pinte o se filme.

Los recortes refrendados por los Presupuestos caminan hacia la asfixia del mundo de la Cultura. Y no porque se pretenda la extinción, sino la sustitución. La desaparición de cualquier iniciativa creativa que no pase por el control de los grandes bancos, monopolios y multinacionales, gracias a la Ley de Mecenazgo. Aunque todavía no se ha puesto en marcha, no tardará mucho. En forma de nuevos mecenas o de otra cosa, pero vamos por ahí. 

El proceso de concentración de poder en el mundo del arte y la cultura es cada vez mayor, y los resortes legales crujen como los cimientos de una casa vieja, preparándose para su demolición. Un nuevo edificio social, con los mismos arquitectos pero “mejorado” se prepara.

No hemos, pues, de perder de vista la doble naturaleza del proceso, como decíamos al principio, el saqueo y el papel de la Cultura. Y ante este doble aspecto debemos unirnos todos los demócratas y la gente del arte y la cultura, convirtiendo nuestras reivindicaciones en una misma causa, ligándolas con las del resto de la sociedad. Solo la más amplia unidad puede cambiar el curso de los acontecimientos.

En este caso, no solo para defender lo que es fruto de nuestro esfuerzo y horas de vida, sino para defender la voz de la tierra honda y la libertad.

 

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