Se agudiza la debacle del PSOE

Sin "pata izquierda", no hay bipartidismo

Aunque no sea extrapolable, la debacle electoral del PASOK griego condujo a una escisión donde muchos cuadros se pasaron a Syriza. Esta contradicción "entre unas bases cada vez más enfrentadas a los dictados del FMI y Berlí­n- y una dirección que los respalda, puede estallar también en el PSOE.

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25-10-2012
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Si en unas elecciones donde el gobierno está aplicando salvajes recortes, el partido más castigado es el de la oposición es que algo grave está sucediendo. Esto es lo que acaba de suceder. A pesar de la pérdida de votos, el PP conserva la mayorí­a absoluta en Galicia y sufre una moderada sangrí­a en Euskadi. Pero en ambas comunidades el PSOE se ha hundido estrepitosamente. Una debacle que es algo más que la quiebra de un partido. El bipartidismo "del cual depende la estabilidad polí­tica de España- necesita una "pata derecha" y una "pata izquierda". Sin una de ellas, la mesa empieza a caerse abajo.
 El PSOE ha perdido 230.000 votos en Galicia y 106.000 en Euskadi. Se ha dejado el 40% y el 33% de su peso electoral en dos comunidades históricas.
El PSOE ha perdido 230.000 votos en Galicia y 106.000 en Euskadi. Se ha dejado el 40% y el 33% de su peso electoral en dos comunidades históricas.
Si en unas elecciones donde el gobierno está aplicando salvajes recortes, el partido más castigado es el de la oposición es que algo grave está sucediendo. Esto es lo que acaba de suceder. A pesar de la pérdida de votos, el PP conserva la mayorí­a absoluta en Galicia y sufre una moderada sangrí­a en Euskadi. Pero en ambas comunidades el PSOE se ha hundido estrepitosamente. Una debacle que es algo más que la quiebra de un partido. El bipartidismo "del cual depende la estabilidad polí­tica de España- necesita una "pata derecha" y una "pata izquierda". Sin una de ellas, la mesa empieza a caerse abajo.

Parecía que nada podía ser peor que Zapatero. Pero Rubalcaba está empeñado en demostrar lo contrario.

Las autonómicas andaluzas y asturianas –donde el PSOE conservó y recuperó el gobierno- edulcoraron la catástrofe.

Ahora, todo está negro sobre blanco. El PSOE ha perdido 230.000 votos en Galicia y 106.000 en Euskadi. Se ha dejado el 40% y el 33% de su peso electoral en dos comunidades históricas.

Si cogemos un punto de referencia, en las generales de 2.008 el PSOE sacó en Galicia 750.000 votos. Desde entonces ha perdido 457.000. Prácticamente, dos de cada tres electores de 2008 le han abandonado.

Las repercusiones políticas de estos resultados pueden ser devastadoras. Cuando Oscar Pérez –el tercero del PSOE, ya que ni Rubalcaba ni Elena Valenciano se dignaron en aparecer- compareció en la noche electoral, la primera pregunta de los periodistas fue si Rubalcaba iba a dimitir. "La sumisión de Rubalcaba amenaza con triturar al PSOE"

No era una pregunta baladí. Varios dirigentes socialistas –entre ellos algunos ex ministros- habían utilizado las redes sociales para pedir la cabeza del secretario general.

Hace solo nueve meses, el aparato del PSOE impuso su candidato más continuista, Alfredo Pérez Rubalcaba, marginando a otros como Carme Chacón o Tomás Pérez.

La política de Rubalcaba –amparando tácitamente los recortes de Rajoy, al igual que hizo Zapatero- ha sido “veneno para la taquilla” para el PSOE.

Y las aguas internas corren muy turbulentas.

Aunque no sea extrapolable, la debacle electoral del PASOK griego condujo a una escisión donde muchos cuadros se pasaron a Syriza.

Esta contradicción –entre unas bases cada vez más enfrentadas a los dictados del FMI y Berlín- y una dirección que los respalda, puede estallar también en el PSOE.

Obligando a pronunciarse públicamente a sectores y cuadros que pueden unirse al frente común contra los recortes, sin son capaces de romper con los Rubalcaba y cia.

En Grecia, la quiebra de la “pata izquierda” condujo a la quiebra del bipartidismo. Temen que eso ocurra en España. Los González, Zapatero o Rubalcaba han cumplido el papel de encuadrar a la mayoría social de izquierdas en los márgenes que Washington y Berlín pueden admitir.

Esos límites pueden empezar a romperse si el dique principal, el PSOE, se quiebra.

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