SELECCIÓN DE PRENSA NACIONAL

El bombo de Montoro en un paí­s en manos de Botí­n, FG y Fainé

El Confidencial

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13-10-2012
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http://www.cotizalia.com/opinion/corazon-abierto/2012/10/13/el-bombo-de-montoro-en-un-pais-en-manos-de-botin-fg-y-faine-7549/ http://www.cotizalia.com/opinion/corazon-abierto/2012/10/13/el-bombo-de-montoro-en-un-pais-en-manos-de-botin-fg-y-faine-7549/

Hay teorías que sostienen que España sólo saldrá de la crisis cuando la industria inmobiliaria vuelva a funcionar, cuando se vendan casas y suelos en el libre mercado, sin la manipulación a la que está siendo sometido este sector por los bancos que se han comido todos los ladrillos que previamente habían financiado tan alegremente. Es la pescadilla que se come la cola.

Lo mismo sucede sobre quién está rescatando al Estado en su conjunto. Mientras el Gobierno marea la perdiz sobre la necesidad de pedir la asistencia soberana, con declaraciones ambiguas día si y otro también, lo cierto es que el país está cada vez más en manos de los mismos que provocaron la borrachera crediticia. No hay más que ver quién está financiando todas las iniciativas de los muchachos de Mariano Rajoy para evitar quiebras de autonomías, de bancos y de sectores industriales.

Es suficiente con repasar lo que ha pasado en España en las últimas grandes decisiones, calificadas de sistémicas y que finalmente han sido sísmicas para el currela de a pie. Así sucedió en la salida a bolsa de Bankia, atraco veraniego en el que participaron todos los bancos españoles, con la salvedad de BBVA. El restó apoquinó cuando Elena Salgado, hoy comisionando en Chile gracias a la generosidad de Endesa, puso de moda el toque de corneta para compensar el nulo interés que suscitó entre los inversores institucionales la oferta de acciones de la difunta Caja Madrid.

Lo mismo pasó semanas atrás con el crédito de 8.000 millones que Cristóbal Montoro pidió a la banca para sufragar el Fondo de Liquidez Autonómica (FLA). Allí acudieron Francisco González e Isidro Fainé, los que tienen más riesgo patriótico, en primera línea y Emilio Botín de palmero principal para salvar las quebradas cuentas de Cataluña, Castilla-La Mancha, Canarias, Andalucía y Murcia. O lo que es lo mismo de CiU, del PP, del Coalición Canaria, del PSOE y otra vez del PP.

Situación similar que se va a producir con el crédito sindicado de 6.000 millones que el Gobierno quiere levantar a través de Loterías y Apuestas del Estado (LAE) para completar la asistencia financiera del FLA, que requiere hasta 18.000 millones para tapar los agujeros de los Mas, Cospedal, Rivero, Grinán y Valcárcel de turno, mientras estos se siguen gastando la pasta pública en promocionar sus éxitos de gestión, a falta de dinero para repartir entre los empresarios afines.

Ningún banco extranjero va a prestar un euro para ese funeral, como ya sucedió cuando el Tesoro les sondeó el pasado verano. Aquel test de apetencia fue un desastre para las aspiraciones de Hacienda y de Economía, que observaron como los comités de riesgos de los grandes bancos internacionales les negaban el pan y la sal. Varios no entendían como el ínclito Montoro les pedía en agosto comprar riesgo de Loterías del Estado cuando hace justo un año el entonces aspirante a recaudador del PP provocó la suspensión de la salida a bolsa de LAE al amenazar en un desayuno informativo con cambiar la legislación del juego si su partido llegaba al poder. La OPV era un éxito seguro.

Ahora, el bombo de la suerte se le ha vuelto en contra al profesor de la Hacienda Pública que, como no, va a tener que recurrir a esas llamadas de última hora para que, 'once again', Botín, FG y Fainé, rescaten el segundo crédito del FLA. Es decir, las finanzas del Estado al albur de los tres banqueros, cuya responsabilidad en la crisis actual es proporcional a la cuota de mercado –cerca del 40% y subiendo- que tienen en el mercado crediticio.

Un desembolso que no será el único de los Tres Mosqueteros. Porque Santander, BBVA y La Caixa van a tener que rascarse el bolsillo para salvar el plan de Luis de Guindos de crear un banco malo con una participación del Estado inferior al 50%. Un porcentaje vital porque de ser superior se contabilizaría como déficit público, lo cual haría inviable que el Gobierno cumpliese con sus compromisos ante la Troika.

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