Televisión

Del Divorcio entre Cine y Televisión

Todos coinciden en que es difí­cil llevar a la gente a ver cine español y en que nuestras series arrasan en audiencia. Hubo un tiempo en que hablar de cine y televisión en España era casi lo mismo.

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20-01-2009
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El momento crucial fue aquél en el que la producción cinematográfica y la televisiva se separaron, tomando direcciones completamente distintas. Las series de televisión de los 80 eran dirigidas por los mejores cineastas del momento. José Luí­s Borau, Miguel Hermoso, Pedro Masó, Pilar Miró, y sus actores compartí­an cartelera y parrilla televisiva. Eran los tiempos en que Televisión Española apostaba por los grandes creadores para llevar la ficción a las pantallas domésticas. El momento crucial fue aquél en el que la producción cinematográfica y la televisiva se separaron, tomando direcciones completamente distintas. Las series de televisión de los 80 eran dirigidas por los mejores cineastas del momento. José Luí­s Borau, Miguel Hermoso, Pedro Masó, Pilar Miró, y sus actores compartí­an cartelera y parrilla televisiva. Eran los tiempos en que Televisión Española apostaba por los grandes creadores para llevar la ficción a las pantallas domésticas.
Pero con la aparición de múltiples amantes esquivas llegó el temido divorcio. La proliferación de los canales privados, hace ya casi veinte años, contribuyó a diversificar la oferta, pero casi se nos antoja ahora una utopía el que se vuelvan a repetir producciones como, por ejemplo, “Brigada Central”.
 
En todas las rupturas suelen haber varios culpables. El caso es que algunas de las series que en su día nos parecieron toscas, ahora serían irrepetibles. Los grandes profesionales del cine renunciaron en su mayoría a seguir trabajando para la pequeña pantalla. Las televisiones se dedicaron a la fabricación en serie de productos grabados casi íntegramente en plató, con coloridos escenarios, muy poco verosímiles, y con apenas exteriores, todos sobre iluminados y filtrados hasta la saciedad. El realismo de producciones como “Juncal”, “Fortunata y Jacinta” o “Turno de Oficio”, fue sustituido por el cartón piedra y la témpera.
 
La última década, sin embargo, nos ha devuelto la ilusión por un lenguaje, el de la ficción televisiva, que avanza a pasos agigantados. Aunque sigue siendo difícil extraer un producto sobresaliente entre tanta competencia voraz, entre productoras que se roban los actores o que contraprograman más para destruir que para crear.
 
Que trabajos como el de Alex de la Iglesia en TVE, sirvan como precedente para una reconciliación que seguro el gran público agradecerá. Que los grandes profesionales del audiovisual en España vuelvan a unir sus fuerzas, y trasladen a la televisión todas aquellas grandes ideas, todavía abundantes. Que la amplia oferta televisiva sirva para seguir mejorando la calidad de sus productos, y que el mundo del cine recupere el amor perdido por la pequeña pantalla.
 
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