Alvar Rodrí­guez de Obregón

Alvar: corazón grande, raí­ces profundas

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03-09-2012
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Era un hombre noble como un roble centenario. Un corazón henchido y grande, a la espera de una causa. Un guerrero valiente buscando la lucha que le llenara el pulso, que saciara su sed. Así­ conocí­ a Alvar, un dí­a lejano, en la Plaza de Callao. Se hizo comunista y nos hicimos amigos, aunque no recuerdo bien qué pasó primero, todo ocurrió muy deprisa.
 Alvar: corazón grande, raí­ces profundas
Era un hombre noble como un roble centenario. Un corazón henchido y grande, a la espera de una causa. Un guerrero valiente buscando la lucha que le llenara el pulso, que saciara su sed. Así­ conocí­ a Alvar, un dí­a lejano, en la Plaza de Callao. Se hizo comunista y nos hicimos amigos, aunque no recuerdo bien qué pasó primero, todo ocurrió muy deprisa.

Recuerdo su amor por las guitarras de trueno, por los himnos poderosos del heavy metal; quizá soñara con arcoíris en la oscuridad, truenos en el cielo sereno o vientos de libertad en las voces inmensas de Halford o Dio.

Numantino y celtíbero, Alvar cultivó la pasión por la historia y las tradiciones de su Soria natal. Artista de un arte efímero y milenario, Alvar llegó a ser un reputado maestro de cocina, horneando nuevas generaciones de chefs y restauradores, de discípulos a los que también les sazonó el talento y el corazón. Forjando en un crisol ambas cosas, rescató del olvido viejas recetas sepultadas por los siglos. Era habitual en los mercados medievales o en los círculos de esgrima antigua de Castilla la Vieja, donde se apreciaba su habilidad y su entrega.  No era sólo soñar con el pasado: empuñando una falcata revivía para el presente el espíritu indomable de Viriato o el sueño de rebelión de Espartaco.

Pero no hay duda de una cosa: lo que soñó Alvar, Alvar lo peleó para el aquí y el ahora. Un revolucionario entusiasta y un luchador a pecho descubierto, reconocible entre su gente. Siempre forjando unidad y amistad con organizaciones populares y de la rebelión democrática, como Ciudadanos, a los que prestó a menudo toda su ayuda desinteresada. Pero sobre todo, Alvar fue Unificación Comunista en Soria. No habría existido candidaturas de UCE en Soria sin él. Cuando en la bien cantada Ciudad de los Poetas nazca -algún día no lejano- una gran cosecha roja, habrá de recordarse que Alvar fue su primer vástago, sus raíces profundas, su simiente primera.

Un oscuro latido nos ha arrebatado a Alvar a traición. Conquistó amigos por legiones, y ahora un millar de seres queridos añoramos su pasión por la vida, su calmado y  flemático sentido del humor, su casta honorable, franca y generosa.

El mundo es un lugar menos bueno cuando se va alguien así. Pero las personas como él no se desvanecen. Dice el dicho que existirán mientras vivan en nuestra memoria, y eso es cierto. Pero es más cierto aún que los hombres como Alvar perdurarán por los hechos que dejaron, por las semillas de futuro que enterraron y por los cimientos de justicia que forjaron. Así vive y vivirá Alvar: como roble centenario, como guerrero numantino y como simiente de revolución.

Hasta siempre, amigo.

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