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Apoyo histórico al nacionalismo

El Mundo

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26-08-2012
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Las elecciones autonómicas del País Vasco del próximo 21 de octubre configurarán un nuevo mapa político en la comunidad autónoma de clara hegemonía nacionalista y la constitución de un Parlamento antagónico al que ahora concluye la novena legislatura. La encuesta realizada para EL MUNDO por Sigma Dos, la primera tras el anuncio del adelanto electoral, da cuenta de este transcendental cambio. El ideario independentista, compartido por PNV y la izquierda abertzale, recibiría un apoyo histórico, del 61% que, de confirmarse, tendría una traslación al arco parlamentario jamás obtenida hasta la fecha.


Entre 45 y 47 escaños de un total de 75 estarían ocupados por representantes de partidos cuyo proyecto político tiene como meta la independencia, aunque con evidentes diferencias entre ellos en cuanto a los tiempos y el camino a recorrer.


El regreso de la izquierda abertzale a la Cámara de Vitoria -en 2009 estaba ilegalizada- relegará a un segundo plano a las fuerzas constitucionalistas y hará inviable la reedición de un gobierno sostenido sobre el pacto PSE-PP que dio la Presidencia vasca a Patxi López, convirtiéndole en el primer lehendakari no nacionalista del País Vasco.


Este último sondeo confirma encuestas anteriores que dirimen en favor del partido de Iñigo Urkullu su dura pugna con la última marca del nacionalismo radical, EH Bildu, por el liderazgo político en el País Vasco, y aún le otorga una mayor ventaja.

El PNV ganaría las elecciones y volvería a ocupar -nadie contempla otro escenario- el sillónde Ajuria Enea. ¿A quién se dirigirá para formar gobierno? Esa es la incógnita que el candidato Urkullu rechaza desvelar, y su indefinición, la gran baza de precampaña que juega el PSE, que ya ha descartado pactar con la izquierda abertzale. El PNV podría hacerlo con todos. La matemática electoral le permitiría gobernar cómodamente, con amplia mayoría absoluta, tanto con EH Bildu como con el PSE, con el que sumaría entre 41 y 42 escaños, e incluso podría hacerlo con relativa tranquilidad, aun sin alcanzar el listón de los 38, con el PP, fiándose en el compromiso adquirido por el partido de López.

De las tres posibilidades, la única opción no inédita es la del pacto con los socialistas, ya ensayada durante un largo periodo de más de 10 años (1987-1998) bajo la presidencia de José Antonio Ardanza, y es la fórmula preferida también, de forma reiterada, por la ciudadanía vasca.


En la intención de voto testada para este periódico, a través de 900 entrevistas telefónicas entre el 22 y el 24 de agosto, persiste la tendencia mayoritaria en favor de un acuerdo transversal entre nacionalistas y socialistas.

Pero si bien el 27,4% de la población sería partidaria de la reedición de aquellos pactos, el electorado del PNV no piensa lo mismo. En su posición parece haber hecho mella tanto el desalojo del poder como el duro enfrentamiento mantenido entre los líderes de ambos partidos, Urkullu y López, a lo largo de esta legislatura. El 38,7% desea antes un pacto con la izquierda abertzale que con el PSE, por el que se pronuncia el 29,1%.

Entre el electorado socialista no hay ninguna duda, el 64,3% volvería a coaligarse con el PNV, formación que, lógicamente, es reconocida como la primera opción por los votantes del nacionalismo más radical. El 68,7% consideraría el gobierno PNV-EH Bildu el mejor de los posibles, lo que demuestra la importancia que confieren al proyecto identatario frente a discurso ideológico de derechas e izquierdas que les acercaría más al PSE.


La configuración del nuevo Gobierno vasco es transcendental debido a la nueva mayoría, en favor del proyecto independentista, que se consolidará en el Parlamento si se cumplen los pronósticos. El 61% del voto nacionalista no tiene precedentes en la etapa democrática. Ni en votos, ni en previsibles escaños. Un repaso al archivo electoral lo confirma. Para encontrar apoyos que se acerquen al previsto en esta encuesta hay que remontarse a la década de los 80 y de los 90. El porcentaje más alto se registró en 1990, cuando las formaciones nacionalistas obtuvieron un 58,2% de representación y 44 escaños, o a 1.986, cuando lograron el 57,02% y 43 diputados.

Sería prolijo realizar aquí un análisis retrospectivo para explicar las sucesivas coyunturas. En la actual, la amplificación y supremacía del voto nacionalista podría deberse a una suma de factores, entre los que destacan la acumulación de fuerzas soberanistas en el proyecto liderado por EH Bildu -coalición integrada por los sucesores de Batasuna, EA , Aralar y Alternativa (escisión de Ezker Batua/Izquierda Unida)- la celebración de las primeras elecciones sin la amenaza de ETA y el delicado panorama económico.

«La crisis radicaliza los discursos y a la sociedad y el placebo independentista encuentra fácil acomodo en esta realidad como una falaz solución a los problemas, sobre todo aquí donde el fuerte movimiento sindical, de ELA y LAB, actúa como correa de transmisión del radicalismo», expone un sociólogo vinculado al actual Gobierno del PSE.


Lo cierto es que el auge del proyecto independentista preocupa al Gobierno de España y será mimbre principal, junto a la crisis, de la campaña electoral en el País Vasco,

La vicepresidenta del Ejecutivo de Mariano Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría, ha expresado reciente y claramente su temor, al que está intentando responder, con su lenguaje más modulado, el PNV. Ayer su presidente en Vizcaya, Andoni Ortuzar, aseguró a Efe que «nadie tiene que temer la nueva etapa política que se abre en Euskadi» y recordó, aunque sin citarlo, al ex presidente de su organización, Josu Jon Imaz, al defender «una relación amable entre Euskadi y España».


Imaz se retiró para no abrir un cisma en el partido por sus discrepancias con el ex lehendakari Juan José Ibarretxe, pero la sombra del antiguo mandatario planea sobre las elecciones vascas.

El candidato Urkullu no puede evitar su estela y el PSE está dispuesto a utilizar cada una de las semejanzas en la confrontación electoral. El planteamiento del PNV, con un nuevo estatuto político sobre la mesa, con el que profundizar en la autonomía como estación intermedia hacia la independencia, es su mejor aliado. Pese a las diferencias de partida que establece con el plan Ibarretxe, un objetivo en la misma línea provoca el rechazo contundente de las fuerzas constitucionalistas, expresado ayer tanto por el aún lehendakari López como por el coportavoz del PP en el Congreso, Leopoldo Barreda. Desde la Presidencia del Ejecutivo vasco se acusó a Urkullu de volver «con el viejo raca raca del lehehendakari Ibarretxe aunque vestido de forma más elegante», mientras que Barreda mantuvo que la propuesta «radical» del PNV aboca «a un enfrentamiento entre vascos».

La encuesta realizada para EL MUNDO supera en cuanto a expectativa de voto nacionalista los resultados del último sondeo de julio del Euskobarómetro, equipo sociológico de la Universidad del País Vasco que ofrece resultados periódicos. Según sus conclusiones, el porcentaje nacionalista o independentista no superaría el 56,8%, aunque la diferencia traducida en escaños no reporta modificaciones sustanciales con la ofrecida, tras el anuncio de elecciones anticipadas, por Sigma Dos.

Los dos sondeos coinciden en otorgar 17 escaños a los socialistas vascos, que quedarían relegados a una tercera posición, y en cifrar en 12 -o 13 según la UPV- el número de escaños con los que el PP se mantendría con apenas la pérdida de un diputado.

Comparten también la apreciación de que las cuatro grandes formaciones, PNV, EH Bildu, PSE y PP, laminarán la presencia de las fuerzas políticas minoritarias y ni UPyD ni Ezker Anitza, la facción de IU que aún sigue fiel a la organización federal, lograrán revalidar su escaño en la Cámara de Vitoria.

Por territorios, las espadas siguen en alto fundamentalmente en Álava, donde la pugna por los escaños es más descarnada ante la práctica igualdad de los cuatro candidatos entre los que se juegan los 25 escaños. En Vizcaya la hegemonía del PNV es indiscutible y se consolida su distancia frente a la coalición abertzale, mientras que en Guipúzcoa, de forma sorpresiva, ésta disminuye en sentido contrario y el PNV de Joseba Egibar parece mejorar sus condiciones para igualar en escaños, que no en votos, a la izquierda radical.

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