SELECCIÓN DE PRENSA NACIONAL

Banco malo, banco bueno

La República

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24-08-2012
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http://www.republica.com/2012/08/23/banco-malo-banco-bueno_539007/ http://www.republica.com/2012/08/23/banco-malo-banco-bueno_539007/

La economía española terminaba el año 2007 –cuando ya se estaba incubando la crisis – con un superávit en las cuentas públicas de un 1,9% del PIB, un stock de deuda pública del 36% del PIB, casi la mitad que el de Alemania (66,7%) y el de Francia (64,2%), y a años luz del de Italia (103,1%), pero con un enorme déficit por cuenta corriente en la balanza de pagos del 10%. No hacía falta ser doctor en Economía ni pertenecer a ese grupo selecto de economistas de FEDEA (con las grandes empresas de El PAÍS detrás, siempre se es selecto), para percatarse de dónde se encontraba el punto débil de la economía española. Desde luego, no en las finanzas públicas, sino en el endeudamiento exterior que, a juzgar por los datos anteriores, no podía ser más que de carácter privado. ¿Y dónde se iba a concentrar ese colosal endeudamiento exterior sino en los bancos?

Pero, ¡oh, monumento a la estupidez!, a pesar de ello, con todo el sistema financiero internacional ardiendo, nuestras instancias oficiales y no oficiales sacaban pecho y afirmaban que nuestros bancos estaban muy sanos gracias a la extraordinaria labor de supervisión del Banco de España. Y cuando los flujos crediticios se cortocircuitaron y el dinero no llegaba a los particulares y a las empresas, se añadía que solo era un problema de liquidez, no de solvencia, debido a la crisis internacional y a los mercados financieros. Y no fue solo Rodríguez Zapatero quien tal postura mantenía, como ahora se quiere hacer ver, sino también el Banco de España, la oposición, todas las instancias económicas y empresariales, los llamados expertos y creadores de opinión, incluso ciertos organismos internacionales. Apenas hubo voces discrepantes. Los doctos economistas de FEDEA (algunos de los cuales lanzan ahora desde el Financial Times proclamas apocalípticas; eso sí, vacías de contenido) estaban muy ocupados suscribiendo manifiestos sobre el abaratamiento del despido o la reforma del sistema de pensiones. ¿Cómo iban a denunciar que en el vientre de sus patronos (en los balances bancarios) se encerraba la bestia (una ingente cantidad de activos tóxicos)?

Desde las páginas de este diario digital y desde el periódico Público mostré varias veces mi escepticismo ante visión tan optimista. Resultaba evidente que nuestros bancos no podían estar contaminados como lo estaban otros bancos europeos por las hipotecas subprime. Los bancos españoles habían salido a los mercados internacionales no a invertir, sino a solicitar financiación; pero era muy probable, como después se ha comprobado, que tuviesen en sus balances sus propias hipotecas subprime, créditos de imposible cobro, ciertamente a particulares por vivienda, pero de mucha más importancia a promotores, avalados por suelo, carente en este momento de todo valor.

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