El Observatorio

Verano y crisis: ¿qué leer?

"Contra la crisis novela negra", recomienda con acierto Banville

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20-08-2012
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Las lecturas que recomendamos para este verano se inscriben en un contexto que rompe con ese desvirtuado marco puramente festivo e intentan dotar al trabajo literario de unas dosis de verdad, subversión y ruptura, que le habí­a sustraí­do la hegemónica cultura del espectáculo.
 John Banville
John Banville
Las lecturas que recomendamos para este verano se inscriben en un contexto que rompe con ese desvirtuado marco puramente festivo e intentan dotar al trabajo literario de unas dosis de verdad, subversión y ruptura, que le habí­a sustraí­do la hegemónica cultura del espectáculo.

Varias crisis se superponen este verano de 2012. La económica, social y política que aqueja a todo occidente y augura cambios sustanciales en las esferas del poder y la sociedad de las democracias occidentales, tras una dura confrontación social. Y, paralelamente, una crisis de todas las formas artísticas, donde a los nuevos retos (como la aparición de un nuevo vehículo de comunicación global: internet) se suma un nuevo y radical cuestionamiento de la función esencial de la cultura, reinterpretada en las últimas décadas básicamente como industria del entretenimiento.

Las lecturas que recomendamos para este verano se inscriben en un contexto que rompe con ese desvirtuado marco puramente festivo e intentan dotar al trabajo literario de unas dosis de verdad, subversión y ruptura, que le había sustraído la hegemónica cultura del espectáculo.

Y para empezar con las recomendaciones, nada mejor que seguir el consejo que Banville dejó en una visita a España hace unos meses: “Contra la crisis novela negra”. Un género especialmente apto para meterle el bisturí a la realidad y desvelar las entrañas ocultas de la sociedad y del poder. En este terreno son de especial interés las dos novelas con que el propio Banville, bajo el seudónimo de Benjamin Black, ha prolongado su saga sobre el forense Quirke: “En busca de April” y “A day of Summmer”, que siguen a “El secreto de Christine” y “El otro nombre de Laura”. Narrativa pura en busca de un nuevo paradigma para la novela negra. Y también, cómo no, el gran clásico de la novela negra griega, Petros Márkaris, uno de los autores más leídos hoy en toda Europa, que en su última novela, “Con el agua al cuello” (Tusquets), afronta la crisis griega en términos de novela negra:  su célebre comisario Jaritos investiga el asesinato de un director de banco, en plena crisis  económica y con una campaña social que llama a boicotear a las entidades bancarias. Los jefes de Jaritos intentarán convencerle de que se trata de un hecho terrorista cuando él cree que está ante un asesino en serie.  

2012 es también el año que conmemora los 50 años de la muerte de William Faulkner y, por tanto, una ocasión casi obligada para volver a quien muchos consideran el último gran maestro de la Literatura, con mayúsculas. Tras la publicación, estos últimos años, de una nueva traducción de sus novelas, ahora ha llegado el momento de citarse con sus menos conocidos y espléndidos relatos breves: sus “Cuentos reunidos” (Alfaguara) son una puerta de acceso perfecta al universo Faulkner, al tiempo que constituyen perlas de especial rareza que evocan su mítico territorio de Yoknapatawpha, pero también Beverly Hills, la Francia de la Primera Guerra Mundial o la ciudad de Nueva York. Una verdadera fiesta para el lector.

La narrativa en lengua española nos ha dejado también este año dos perlas notables, ya reseñadas en Foros, pero en las que conviene insistir. Una es la última novela de Vila-Matas, "Aire de Dylan" (Seix Barral), una nueva forma de ingreso en esa singular realidad construida por el escritor barcelonés en la que vida y literatura "cabalgan juntas" y se hace una reflexión importante sobre el fracaso como opción estética y vital. La otra es "Arrecife" (Anagrama), del mexicano Juan Villoro, no sólo un lúcido balance generacional (también la historia de un fracaso), sino además un potente foco sobre la realidad, una realidad hiriente, puntiaguda y a veces subterránea, como los arrecifes del título."La novela gráfica es hoy una opción a considerar muy seriamente"

Quizá bajo el estímulo de la excepcional "Verano", de Coetzee, el escritor neoyorquino Paul Auster ha presentado un entretenido libro de autoficción, "Diario de invierno" (Anagrama), que remueve algunos de los rescoldos todavía encendidos de su vida privada, de sus relaciones con el amor y la muerte. Pero mientras el estilo sencillo y contundente de Coetzee no nos dejaba ninguna duda, la levedad y el permanente afán de seducción de Auster dejan, a mi modo de ver, un poso de escepticismo: al final no sabemos si estamos ante el propio autor o ante una de sus hábiles máscaras. El lector tendrá que decidir.

Para los amantes de la novela breve, o con más precisión, de la "nouvelle", hay una verdadera joya encima de la mesa: "El origen del mundo", del francés Pierre Michon, un texto de 1996 recuperado ahora por Anagrama. El gran estilista francés, uno de los mejores escritores europeos de hoy día, construye una fábula intensa sobre los deseos, las fantasías y las obsesiones que nutren la vida desde sus raíces más primitivas, en un escenario que rememora también el origen del mundo.

En otro campo, que está adquiriendo cada día un relieve y un interés mayor, el de la novela gráfica, nos llega una obra especialmente recomendable, incluso para los legos en el género: se trata de "Speak Low" (editorial Sinsentido), de Javier Montesol, uno de los dibujantes míticos de la Barcelona de los setenta y ochenta, que colaboró con revistas esenciales como "El Vívora", "Cairo, "Makoki" o "Bésame mucho", que están en la base de nuestra modernidad estética, y que después de unos años dedicado a la pintura, vuelve ahora al escenario del dibujo con una dura novela gráfica, de 160 páginas, en blanco y negro, sobre el dolor y su superación.

Y, por último, para los que estén dispuestos a subir un auténtico Everest, ahí está la primera edición, en un solo volumen, de "Antagonía", de Luis Goytisolo, cuya publicación fragmentada en cuatro volúmenes entre 1973 y 1981 distorsionó en buena medida la magnitud de su concepción unitaria. La colosal empresa narrativa de "Antagonía"  (más de mil páginas en la nueva edición) no sólo explora el mismo proceso de creación literaria, sino que en ella cristalizan los discursos e idiosincrasias de la sociedad española en toda una época. Y entre otras cosas, "retrata a la burguesía liberal que lideró la Transición", según el crítico Ignacio Echevarría, que firma el prólogo de esta magna edición. "Creo no haber exagerado, dice Echevarría, al comparar Antagonía con las más grandes novelas europeas del siglo XX". Estamos, sin duda, ante uno de los textos decisivos de la narrativa española de la segunda mitad del siglo XX.

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