Por la pendiente de la intervención

Más dura será su caí­da

Mariano Rajoy ha dicho que aún no ha tomado ninguna decisión acerca de si solicitará la intervención. Pero esto es cada vez menos relevante. Otros, el FMI, el BCE y Bruselas, la troika, hace tiempo que ya han decidido por él.

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07-08-2012
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En los hechos, nuestro paí­s está intervenido desde que el gobierno de Zapatero en mayo de 2010 y el de Rajoy en estos meses se han plegado de manera infame e incondicional a sus dictados. Lo que ahora está en juego es hasta dónde llegará la nueva fase de la intervención.
 Más dura será su caí­da
En los hechos, nuestro paí­s está intervenido desde que el gobierno de Zapatero en mayo de 2010 y el de Rajoy en estos meses se han plegado de manera infame e incondicional a sus dictados. Lo que ahora está en juego es hasta dónde llegará la nueva fase de la intervención.

El propio gobierno ha dado la primera pista al enviar el pasado viernes el memorándum de recortes y ajustes que tiene previsto aplicar de aquí a finales de 2014. Y sólo cabe calificarlo de una manera: un asalto salvaje e inmisericorde contra el 90% de la población. Los números lo dicen todo.

En total, el conjunto de recortes y ajustes será de 102.000 millones de euros. Se recortan 13.000 millones en 2012, 39.000 en 2013 y 50.000 en 2014. En otras palabras, los recortes en sanidad, educación, dependencia y en el subsidio de desempleo, el copago farmacéutico y la paga extra quitada a los trabajadores públicos, las subidas del IRPF y el IVA de estos 8 meses son sólo la antesala de lo que nos tienen preparado para los próximos dos años.

Si los recortes aplicados hasta ahora están empobreciendo a marchas forzadas a la mayoría y han condenado a la economía a la recesión, ¿qué no pasará en 2013 y 2014, cuando su volumen se multiplique por tres y por cuatro respectivamente? ¿A dónde pretenden llevarnos?

Esta es la hoja de ruta diseñada por Washington y Berlín que Rajoy ha asumido de manera incondicional, convirtiéndolo en su nuevo programa de gobierno.

"Con “socios” como Berlín, el BCE o el FMI, ¿quién necesita enemigos?" Y para que no se desvíe un milímetro de él, la espada de Damocles de una nueva intervención con la que los “banksters” de Wall Street y Francfort puedan saquearnos a gusto y el FMI y Berlín tomen la batuta directa de la gobernación del país, aunque sea formalmente disfrazada bajo el ropaje de la “ayuda exterior”. ¡Menuda ayuda que hunde la economía nacional y condena al empobrecimiento y la miseria a sectores cada vez más amplios de la población! Con socios así, ¿quién necesita enemigos?

¿Y todo esto para qué? Si como muestra vale un botón, lo ocurrido en Cataluña la pasada semana es la imagen perfecta que resume lo que está pasando hoy en toda España. El gobierno de Artur Mas ha dejado de pagar 400 millones de euros a hospitales, colegios y centros de dependientes concertados

¿Es que acaso la Generalitat catalana no disponía de los fondos necesarios?  Nada de eso. El dinero estaba. Y se utilizó. Sólo que no para pagar lo comprometido con hospitales y centros de dependientes, sino para saldar los 424 millones en intereses de la deuda a la banca nacional y extranjera que vencían esos mismos días.

Y para la infame clase política que nos gobierna, esto es prioritario sobre cualquier otra cosa. Incluso sobre la atención y la salud de los más necesitados.

¿Hasta dónde vamos a soportar a esta gente? ¿Hasta cuándo vamos a permitir que un grupo de auténticos gángsters a sueldo de Berlín y Washington hundan y saqueen España?
Cuanto más tienen, más quieren. La velocidad a la que se han lanzado contra la población está adquiriendo un ritmo infernal. Lo que ayer parecía impensable, hoy es sólo un primer paso. Pero cuanto más aprieten, más rebelión cosecharán. De seguir a este ritmo, muy pronto su voracidad empezará a ser mayor que su capacidad. Han abierto la caja de los truenos, y pueden encontrarse con más de una sorpresa. Como acertadamente decía una de las muchas consignas aparecidas en las últimas manifestaciones, “quién siembra indignación, recoge revolución”.

El hundimiento del bipartidismo y las fuerzas políticas que lo sostienen es cada vez mayor, y tiende a acelerarse con cada nueva medida. La movilización del 90% y la exigencia de unidad crecen sin cesar. El rechazo hacia el FMI y Merkel, hacia Washington y Berlín, crece al mismo ritmo que aumenta la intervención y el saqueo del país.

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