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La complicada hoja de ruta de Mariano Rajoy

El Mundo

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05-08-2012
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LO QUE hasta hace 24 horas era imposible hoy ha dejado de serlo. En su comparencia ante los medios para hacer balance de sus siete primeros meses de mandato, Mariano Rajoy admitió ayer por primera vez la posibilidad de que el Gobierno decida recurrir a los fondos de rescate europeos para aliviar la prima de riesgo, tal y como recomendó anteayer Mario Draghi.

Mientras que en otras ocasiones lo había negado de forma tajante, Rajoy respondió esta vez: «Yo haré lo que convenga al interés general de los españoles». El presidente precisó: «Tomaré una u otra decisión a la vista de las circunstancias». Y aclaró que esperará a conocer las «medidas no convencionales» anunciadas por el presidente del BCE como contrapartida a ese nuevo rescate parcial.

Rajoy reveló ayer que ha enviado una carta a Van Rompuy y a Durao Barroso para discutir en el seno del Eurogrupo los problemas de financiación de la deuda. Da la sensación, sin embargo, de que las palabras de Mario Draghi del pasado jueves han supuesto un duro golpe tanto para Rajoy como para Monti, a los que les queda muy poco margen para rechazar su oferta.

Aunque las Bolsas reaccionaron ayer al alza y la prima de riesgo bajó hasta los 543 puntos, el nivel en el que se hallaba antes del discurso del presidente de BCE, será muy difícil que España pueda evitar acudir a los fondos de rescate europeos en unos momentos en los que tiene que financiarse con elevadísimos tipos de interés. El propio Rajoy reconoció que España tendrá que pagar 8.000 millones más en 2013 por el aumento del coste de la deuda.

España tiene la ventaja de que ya ha refinanciado más del 60% de la deuda que vence este año, mientras que Italia debe afrontar la amortización de una suma muy elevada en septiembre y en octubre. Pero en ambos casos la única opción realista para financiarse a bajo coste es que los fondos de rescate compren deuda en el mercado primario y que el BCE lo haga en el secundario. Esta acción combinada permitiría un importante alivio para los dos países.

Pero el precio que tiene que pagar Rajoy es el de la «estricta condicionalidad» a la que se refirió Draghi. O sea, la aceptación de unas condiciones que el Gobierno tendría que negociar con la Comisión Europea y el BCE. Hay quien piensa que esas exigencias difícilmente podrían ser más duras que los sacrificios ya realizados, pero ello está por ver. De hecho, el Gobierno remitió ayer a Bruselas un nuevo plan de ajuste presupuestario para los próximos dos años, que suma 90.000 millones entre menores gastos y mayores ingresos. El plan contempla reducciones adicionales en sanidad, educación y nóminas de funcionarios para llegar a un déficit del 2,8% en 2014.

Es evidente que cualquier ayuda de la UE va a estar condicionada al cumplimiento de estos nuevos objetivos que el Gobierno se ha trazado. Y también que esos objetivos exigen incrementar los recortes en ámbitos que van desde los servicios esenciales hasta los gastos de la Administración. Rajoy deberá superar una carrera de obstáculos para cumplir sus compromisos y recuperar la confianza de los mercados en España.

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