SELECCIÓN DE PRENSA NACIONAL

Merkel nos sitúa en un callejón de muy difí­cil salida

El Mundo

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21-07-2012
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DEBE DE ser decepcionante para un Gobierno ver que al desatascar una de las cañerías cuya obstrucción impedía iniciar la recuperación sea imposible controlar las vías de agua que se abren a la vez. Porque dice mucho de la gravedad de la situación que el mismo día en que se aprueba el plan de rescate a la banca la prima de riesgo supere los 600 puntos por primera vez desde la implantación del euro.

El Eurogrupo dio luz verde ayer al eurocrédito que pone a disposición de la banca española 100.000 millones para su recapitalización, de los que 30.000 millones pueden llegar durante la próxima semana. Una muy buena noticia que fue rápidamente olvidada porque, por sorpresa, Valencia pidió formalmente ayuda financiera al recién creado fondo de liquidez. Además, el Gobierno anunció un escenario económico para 2013 desalentador que prevé que España permanezca en recesión, sin capacidad para crear empleo.

El Consejo de Ministros aprobó también el techo de gasto del Estado, que recoge algunas cifras alarmantes. Por ejemplo, prevé que los intereses de la deuda asciendan a 38.000 millones de euros en el próximo ejercicio, más que todo el gasto de los ministerios, que queda en 31.000 millones tras reducirse un 12,2%. Pero lo llamativo es que el coste de la deuda provoca que el Estado tenga que elevar el techo de gasto un 9% en 2013, minimizando, por tanto, el esfuerzo del Gobierno por ajustar las cuentas y los sacrificios de los españoles. Muy poco margen de maniobra queda cuando el más agresivo ajuste de la democracia asciende a 56.000 millones de euros en dos años y medio y en un solo ejercicio hay que destinar 38.000 millones a pagar el servicio de la deuda.

No es de extrañar, pues, que el Ejecutivo transmita la sensación de estar desarbolado. Porque lo que se intuye a corto plazo es un empeoramiento de la situación. No es descartable, por ejemplo, que otras comunidades autónomas sigan el camino de Valencia en breve y soliciten ese pseudorescate del Estado. Pero, incluso así, es una ayuda que paliará una situación coyuntural y no la solución definitiva al problema de fondo de la estructura del Estado.

Por eso, el remedio está más que nunca en Europa. España se encuentra en un callejón sin salida del que sólo la pueden sacar Merkel y Draghi. Es cierto que Alemania apoyó el jueves el rescate a la banca española, pero hoy comprobamos que este movimiento calculado no hace más que mantener el nefasto estatus actual de la deuda en la UE: unos países que se financian sin dificultad a expensas de las penurias de otros.

Mientras que el BCE no pueda actuar como prestamista de último recurso será impensable avanzar en la integración de la UE. Y, querámoslo o no, en estos momentos Merkel es la única que puede conseguir que Draghi compre deuda de los países con dificultades -España e Italia- e inyecte liquidez en los mercados. Mientras, la economía española continuará ahogada y sin posibilidad de crecer porque el alto coste de la financiación absorberá prácticamente todo el ahorro conseguido con los ajustes. Los ciudadanos debemos ser conscientes de quién nos ahoga.

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