Olmert pide disculpas a las ví­ctimas de la masacre de Gaza

Sangre indeleble en tu mano

Han de ser juzgados por sus crí­menes, como los verdugos en Nuremberg.

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19-01-2009
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Intente imaginarlo. ¿Qué sensación sentirí­a usted si escuchara a un genocida -pongamos Milosevic o Hitler- decir que siente mucho haber asesinado a tanta gente, que pide disculpas por el holocausto de bosnios o de judí­os?. Pues esa extraña mezcla de perplejidad e indignación que nace del fondo del estómago es la que ha prendido en la opinión pública mundial al escuchar las palabras del primer ministro israelí­. "Quiero pedir disculpas en nombre del Gobierno de Israel a todos aquellos que hayan sido injustificadamente perjudicadas en esta operación en Gaza. No era nuestra intención dañarlos, herirles o dispararlos".
 (EFE) "Lamento profundamente esas muertes. No era nuestra intención dañarlos, herirles o dispararlos". Las palabras de Olmert añaden una nueva dimensión al significado del cinismo
(EFE) "Lamento profundamente esas muertes. No era nuestra intención dañarlos, herirles o dispararlos". Las palabras de Olmert añaden una nueva dimensión al significado del cinismo
Intente imaginarlo. ¿Qué sensación sentirí­a usted si escuchara a un genocida -pongamos Milosevic o Hitler- decir que siente mucho haber asesinado a tanta gente, que pide disculpas por el holocausto de bosnios o de judí­os?. Pues esa extraña mezcla de perplejidad e indignación que nace del fondo del estómago es la que ha prendido en la opinión pública mundial al escuchar las palabras del primer ministro israelí­. "Quiero pedir disculpas en nombre del Gobierno de Israel a todos aquellos que hayan sido injustificadamente perjudicadas en esta operación en Gaza. No era nuestra intención dañarlos, herirles o dispararlos".
Ehud Olmert, principal artífice del brutal ataque a Gaza –junto con la líder del partido Kadima Tzipi Livni, y el ministro de defensa laborista Ehud Barak- y principal defensor de llegar hasta el final con la masacre, hizo estas declaraciones con voz grave y gesto compungido delante de una amplia representación de líderes europeos. Olmert manifestó la compasiva voluntad del gobierno israelí de “seguir haciendo lo que sea posible para impedir la crisis humanitaria en Gaza y ayudar a las víctimas civiles”.
 
Tan piadosas palabras no podrán ser escuchadas por los más de 1300 palestinos muertos después de 22 días de ataque. Entre las víctimas mortales que tanto lamenta Olmert se encuentran 417 niños, 108 mujeres, 120 ancianos, 14 sanitarios y 4 periodistas. Los heridos superan los 5.450, dos terceras partes de los cuales son civiles, según fuentes médicas palestinas.
 
Este siniestro recuento aumenta cada minuto. Ahora llega el momento de rescatar cadáveres de su mortaja de escombros. Sólo en las últimas horas los servicios de emergencia y rescate en la franja de Gaza han recuperado los cuerpos de 95 palestinos entre los ruinas de edificios bombardeados por la artillería y la fuerza aérea israelíes.
 
"Lamento profundamente esas muertes. No era nuestra intención dañarlos, herirles o dispararlos". Las palabras de Olmert añaden una nueva dimensión al significado del cinismo. Bajo las órdenes de Olmert, las tropas de asalto israelíes han ordenado el bombardeo indiscriminado de la franja más superpoblada del planeta. Han lanzado toneladas de proyectiles sobre barrios, sobre viviendas, sobre escuelas y hospitales repletos de refugiados desarrapados. Han tiroteado a conciencia a niños, mujeres y ancianos. Han arrojado fósforo blanco sobre las calles malheridas de Gaza, quemando las entrañas de Palestina. Han reventado convoyes humanitarios, se han reído de cualquier convención internacional ante los ojos de todo el planeta.
 
No es demagogia barata, es la pura, la maldita, la insoportable verdad. Han de ser juzgados por sus crímenes, como los verdugos en Nuremberg. Han perpetrado una masacre que quedará grabada con sangre en la historia de la humanidad. Hoy la palabra Gaza forma parte de la estirpe maldita de topónimos –como Auschwitz, Beirut, Sarajevo, Hiroshima, Dresde o Guernika- cuya pronunciación convoca al escalofrío y desgarra el alma.
 
Asesinos.
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