¿Se abre paso una fracción merkeliana?

Rajoy y el misterio de la Santí­sima Trinidad

Algunos medios hablan ya de una "especie de merkelización del ala dura de parte de la clase dirigente de la economí­a española".

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26-06-2012
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Uno de los dogmas más oscuros y complejos de la teologí­a católica es el de la Santí­sima Trinidad. Cómo un mismo ente puede ser a la vez uno y trino, el misterio de tres personas en una. Algo similar le está ocurriendo a Rajoy, que de uno puede llegar a estar presidiendo tres gobiernos distintos.
 A la división entre el hombre de Washington en el gobierno (Guindos) y un gestor más cercano a la oligarquí­a española (Montoro), se ha añadido una tercera fracción alineada abiertamente con Berlí­n.
A la división entre el hombre de Washington en el gobierno (Guindos) y un gestor más cercano a la oligarquí­a española (Montoro), se ha añadido una tercera fracción alineada abiertamente con Berlí­n.
Uno de los dogmas más oscuros y complejos de la teologí­a católica es el de la Santí­sima Trinidad. Cómo un mismo ente puede ser a la vez uno y trino, el misterio de tres personas en una. Algo similar le está ocurriendo a Rajoy, que de uno puede llegar a estar presidiendo tres gobiernos distintos.

La pista la lanzaba hace sólo unos días un avezado articulista de La Vanguardia. Alertando sobre una “especie de merkelización del ala dura de parte de la clase dirigente de la economía española, en aras de una supuesta salvación de España en el altar de la euroausteridad”. " La disputa entre Berlín y Washington ha expandido grietas en todas direcciones"


Sin dar nombres concretos, apoyaba su tesis en las declaraciones, “en un ambiente reservado”, de un gran banquero diciendo que “la cosa estaría mejor si España hubiese sido intervenida por la troika comunitaria”.

Merkelización seguida por destacados dirigentes de grandes monopolios que no se recatan en criticar la política económica del gobierno. Y que llega a conectarse con algunas corrientes del propio PP, que acusan a Rajoy de una supuesta falta de autoridad para tomar medidas más radicales de austeridad, como el adelgazamiento inmediato del Estado y su número de funcionarios, la rebaja de las prestaciones por desempleo o más mano dura con las comunidades autónomas.


Grieta que el propio ministro de Hacienda Cristóbal Montoro parecía reconocer al declarar públicamente cómo el gobierno está dividido ante la subida del IVA no en dos, sino en tres posiciones distintas. La de quienes, en sintonía con Berlín, quieren una subida inmediata, la de los que, sin negarse a ella, prefieren negociar para posponerla hasta 2013, y la de quienes consideran que mientras no se recupere la inversión y el empleo, subir los impuestos indirectos es como tirarse piedras sobre el propio tejado.


Como ya señalamos hace unas semanas, el asalto sobre el sistema financiero español, detonante que ha precipitado la intervención parcial del país, mostró una clara división en el seno del gobierno, materializada en las enfrentadas figuras de Montoro y Guindos. Mientras éste último ha actuado como un verdadero ariete de los intereses hegemonistas, aquel se opuso abiertamente desde el principio a unas maniobras en torno a Bankia y el sistema financiero que presagiaban todo lo que iba a venir después.


Sin embargo, la agudización de las contradicciones entre Berlín y Washington parece que no ha hecho sino expandir las grietas en múltiples direcciones. Y así, a la división abierta entre el hombre de Washington en el gobierno (Guindos) y un gestor más cercano a los intereses de la oligarquía española, o de una parte de ella, (Montoro), se ha añadido una tercera fracción alineada abiertamente con las tesis de Berlín.


Como analizamos en su día, la intensidad y el calado de la ofensiva hegemonista por intervenir el país para aumentar su grado de saqueo, tenía que traducirse necesariamente en una fragmentación de las fuerzas políticas y de clase en el interior mismo del modelo hegemonista. Y cuanto más se intensifique la agresión, más se ahondará la división.


Las dudas e incoherencias de las que se critica a Rajoy no son, en este sentido, sino el resultado del auténtico ejercicio de funanbulismo político que está obligado a hacer entre las diferentes fracciones de la oligarquía y el propio PP, cuyo equilibrio es cada vez más inestable a medida que la intervención del país agudiza todas las contradicciones. Rajoy ha decidido posponer el debate del estado de la nación a finales de año. Su mayoría absoluta se lo permite. Lo que ya no está tan claro es que le sirva para llegar a esa fecha sin una crisis de gobierno.

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