La legalización de Sortu

ETA no, fascismo tampoco

¿Cuál es la posición ante "el final de la banda" y las exigencias no sólo a los terroristas, sino a las fuerzas que de una u otra forma han contribuido a mantener más de cuatro décadas de terrorismo y fascismo étnico en Euskadi?

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26-06-2012
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Tras la ruptura del pacto entre el PSE-EE y el PP de Euskadi, la sentencia del Tribunal Constitucional sobre la legalización de Portu abre un escenario nuevo ante las inminentes elecciones autonómicas vascas. Y todas las fuerzas polí­ticas con presencia en Euskadi se preparan para sacar la "mayor tajada" de lo que ya dan por hecho, la desaparición definitiva de ETA.
 Y de forma especial hay que exigir esa autocrí­tica a la dirección del PNV que ha utilizado el terror para su fines polí­ticos; defendiendo la teorí­a socialfascista de Arzallus de que era necesario "que unos atizaran el árbol, mientras otros recogí­an las nueces".
Y de forma especial hay que exigir esa autocrí­tica a la dirección del PNV que ha utilizado el terror para su fines polí­ticos; defendiendo la teorí­a socialfascista de Arzallus de que era necesario "que unos atizaran el árbol, mientras otros recogí­an las nueces".
Tras la ruptura del pacto entre el PSE-EE y el PP de Euskadi, la sentencia del Tribunal Constitucional sobre la legalización de Portu abre un escenario nuevo ante las inminentes elecciones autonómicas vascas. Y todas las fuerzas polí­ticas con presencia en Euskadi se preparan para sacar la "mayor tajada" de lo que ya dan por hecho, la desaparición definitiva de ETA.

Pero como venimos diciendo desde octubre de 2010, cuando la banda terrorista  anunció “el cese definitivo” de su actividad terrorista, la decisión de ETA hay que enmarcarla en la nueva situación internacional y los intereses del Imperio de un repliegue del terrorismo y un final “honorable” para la banda. "Hay que exigirles una autocrítica pública por haber llevado el fascismo y el terror a todos los rincones del País Vasco"


Desde aquí hay un punto cero ante el que todas las fuerzas democráticas deberían tomar una posición clara, antes de cualquier propuesta electoral: ¿cuál es la posición ante “el final de la banda” y las exigencias no sólo a los terroristas, sino a las fuerzas que de una u otra forma han contribuido a mantener más de cuatro décadas de terrorismo y fascismo étnico en Euskadi?


No es cierto que la legalización de Sortu lleve en sí misma “la normalidad” a Euskadi, como dice el PNV. Tampoco que vaya a servir por sí sola para hacer desaparecer a la banda, como dice el PSE. Podrá hibernarla como un monstruo durmiente. Pero la desaparición definitiva, no sólo de su actividad terrorista, sino de todo lo que en torno a ella han sido 40 años de nazifascismo impuestos hasta el último rincón de Euskadi, sólo puede venir de la línea de firmeza de todas las fuerzas democráticas.


De entrada el final de ETA debe vincularse a la exigencia de su disolución definitiva, la entrega de las armas y la petición de perdón a las víctimas. Pero además, como venimos diciendo en nuestras publicaciones:


-Hay que exigirles una autocrítica pública por haber llevado el fascismo y el terror a todos los rincones del País Vasco, por haber tenido una actuación fascista, basada en principios fascistas de atacar a las masas populares, aterrorizarlas y dominarlas por el miedo, imponiendo la ley del silencio y la clandestinidad, por haber practicado los principios fascistas al más puro estilo nazi persiguiendo no sólo a los representantes políticos, militantes o afiliados de los partidos democráticos, sino extendiendo la persecución, amenzas y atentados a sus familias, padres, hermanos, hijos y amigos…, provocando el exilio de más de 250.000 vascos.


-Autocrítica que hay que exigir también a los dirigentes de todos los niveles y miembros activos de esa “izquierda abertzale” que no sólo ha estado apoyando y cobijando a los sicarios de la banda, sino que ha sido parte activa de las prácticas fascistas.


Y de forma especial hay que exigir esa autocrítica a la dirección del PNV que ha utilizado el terror para su fines políticos; defendiendo la teoría socialfascista de Arzallus de que era necesario “que unos atizaran el árbol, mientras otros recogían las nueces”.


Sólo desde aquí es posible la derrota definitiva de ETA y lo que ha significado.


Sólo desde esta línea de exigencia el “final de ETA” no podrá ser utilizado para ponerlo al servicio de los planes del hegemonismo.

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