La letra pequeña de las inversiones en Madoff dejaba ver que podí­a haber fraude

Botí­n blindado

Cuanto más se conoce de la estafa de Madoff, más dudas se abren sobre la actuación de los grandes bancos mundiales que participaron durante años de sus inversiones

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19-01-2009
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Tiempo le ha faltado al Banco de Santander, a medida que crecen los interrogantes sobre su nada transparente participación en los fondos de inversión de Madoff, para filtrar a los medios de comunicación el blindaje jurí­dico del que se dotó ante sus clientes. En enero de 2008, Optimal Strategic US Equity -la filial del Santander encargada de centralizar las inversiones en los negocios de Madoff- publicaba un Memorándum Explicativo, uno de cuyos apartados se titulaba significativamente "Posibilidad de fraude o apropiación indebida".
 Si el banco no se hací­a responsable de las inversiones de sus clientes, ¿con qué motivo cobraba el Santander a sus clientes una comisión del 2,15%, lo que supone la nada desdeñable cifra de 50 millones de euros anuales?
Si el banco no se hací­a responsable de las inversiones de sus clientes, ¿con qué motivo cobraba el Santander a sus clientes una comisión del 2,15%, lo que supone la nada desdeñable cifra de 50 millones de euros anuales?
Tiempo le ha faltado al Banco de Santander, a medida que crecen los interrogantes sobre su nada transparente participación en los fondos de inversión de Madoff, para filtrar a los medios de comunicación el blindaje jurí­dico del que se dotó ante sus clientes. En enero de 2008, Optimal Strategic US Equity -la filial del Santander encargada de centralizar las inversiones en los negocios de Madoff- publicaba un Memorándum Explicativo, uno de cuyos apartados se titulaba significativamente "Posibilidad de fraude o apropiación indebida".
Al parecer, en este memorándum –que acompañaba, como letra pequeña de la que nadie lee, a cada contrato de inversión– se afirma explícitamente que “ni el fondo [o sea, el Santander] ni el custodio [es decir, el banco depositario de los títulos justificativos de la inversión, en este caso el británico HBSC] tienen la custodia real de los activos. Dicha custodia recae en el Broker-Dealer [el agente de Bolsa, es decir Madoff). Por tanto, existe el riesgo de que el Broker-Dealer pueda fugarse con esos activos. Existe siempre el riesgo de que los activos depositados en el Broker-Dealer puedan ser apropiados indebidamente (...) adicionalmente, la información proporcionada por el Broker-Dealer puede ser inexacta o incluso fraudulenta”. Algo que, más que una advertencia, es una auténtica premonición. Pues de los tres posibles supuestos que anticipa (fuga, apropiación indebida e información fraudulenta), los dos últimos se han cumplido al cien por cien.
Pero todavía hay más. Unas líneas más abajo, el memorándum descarta que gestores y administradores de los fondos (es decir, el mismo Santander) tuvieran ninguna obligación de llevar a cabo una vigilancia operativa sobre el destino final de las inversiones. Pero entonces, cabe preguntarse, ¿con qué motivo cobraba el Santander a sus clientes una comisión del 2,15%, lo que supone la nada desdeñable cifra de 50 millones de euros anuales?
Para complicarlo todo un poco más aún, los contratos firmados por Optimal con sus inversores están acogidos a la ley de... Bahamas, uno de los paraísos fiscales por excelencia donde los grandes banqueros y las mayores fortunas del mundo disfrutan de una impunidad blindada.
Cuanto más se conoce de la estafa de Madoff, más dudas se abren sobre la actuación de los grandes bancos mundiales que participaron durante años de sus inversiones. La semana pasada, un tribunal de Luxemburgo –otro paraíso fiscal, pero algo menos que Bahamas– condenaba al banco UBS. La razón, un broker francés había solicitado a mediados de noviembre el reintegro de sus inversiones en Madoff, bien fuera por necesitar liquidez o porque había oído campanas. El banco suizo hizo oídos sordos a la petición hasta que el fraude se hizo público, revelándose que su dinero no estaba en sitio alguno, al menos en ninguno conocido. Lo que aviva las sospechas –exactamente de la misma forma que el viaje de altos cargos del Santander a Nueva York a entrevistarse con Madoff dos semanas antes del estallido del escándalo– de que algo (o mucho) sabían en UBS de lo que se estaba cociendo.
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