Selección de prensa internacional

Expectativas en seguridad nacional

Kissinger reclama a Hillary Clinton ordenar un sistema internacional fragmentado y hacer de la Secretaria de Estado un instrumento de planificación geopolí­tica y estratégica.

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19-01-2009
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Dos artí­culos de peso hoy en la sección. De un lado, un artí­culo publicado el fin de semana pasado por Henry Kissinger, personaje que no necesita presentación. Conocido tanto por sus fechorí­as en los distintos cargos que ocupó en la Secretarí­a de Estado durante las décadas de los 60 y los 70 -fechorí­as que le mantienen desde hace unos años sin salir de EEUU por temor a ser requerido, al igual que Pinochet, por la justicia internacional-, como por su innegable condición de ser uno de los más sólidos y penetrantes estrategas del hegemonismo norteamericano.
 Expectativas en seguridad nacional
Dos artí­culos de peso hoy en la sección. De un lado, un artí­culo publicado el fin de semana pasado por Henry Kissinger, personaje que no necesita presentación. Conocido tanto por sus fechorí­as en los distintos cargos que ocupó en la Secretarí­a de Estado durante las décadas de los 60 y los 70 -fechorí­as que le mantienen desde hace unos años sin salir de EEUU por temor a ser requerido, al igual que Pinochet, por la justicia internacional-, como por su innegable condición de ser uno de los más sólidos y penetrantes estrategas del hegemonismo norteamericano.
En el artículo, Kissinger, además de ilustrar sobre lo específico de las relaciones entre la Casa Blanca y el equipo de política exterior, pone sobre el tapete alguna de las claves que, en esta materia, deberá resolver Obama. En primer lugar, la necesidad de “ordenar un sistema internacional fragmentado”. Descripción que pone el acento en dos ideas fuertes. Por un lado, la existencia de un sistema internacional que, a diferencia de lo que ocurrió durante toda la Guerra Fría, donde las principales fuerzas política y de clase mundiales estaban férreamente encuadradas en torno a las dos superpotencias, aparece hoy fragmentado, es decir dividido en distintos centros de poder. Por el otro –y como consecuencia de lo anterior– la necesidad de ordenarlo. Es decir de auspiciar un nuevo orden mundial que responda tanto a la realidad de ese emergente poder multipolar como a las necesidades e imperativos de la hegemonía norteamericana.

Por ello justamente, Kissinger reclama, en segundo lugar, de la nueva Secretaria de Estado, Hillary Clinton, que no se ocupe sólo del día a día, sino que convierta a su departamento en “un instrumento de planificación geopolítica y estratégica”, capaz de “proporcionar una orientación estratégica” a una política exterior que en los 8 años pasados ha estado fuertemente dividida por la política de Bush, y por lo tanto ha sido incapaz de ofrecer una orientación de largo alcance.

En el segundo artículo reproducimos de forma extensa la carta que el ministro de asuntos Exteriores alemán ha dirigido a Barack Obama unos días antes de tomar posesión del cargo y que la revista germana Der Spiegel –cercana a las posiciones del partido socialdemócrata alemán– reproducía la pasada semana. La importancia de un documento así no se le escapa a nadie. La carta viene a ser una especie de memorándum en el que el gobierno de Berlín expresa los términos y las condiciones en que está dispuesto a reforzar sus vínculos de alianza con Washington.

En la carta, Frank-Walter Steinmeier aboga por una rápida recuperación y un estrechamiento mayor de la alianza transatlántica entre Europa y EEUU, alianza en la que, de forma evidente, postula a Berlín como el mejor y más fiel aliado de Washington. Tras asegurar el compromiso alemán de una mayor implicación con los objetivos norteamericanos  en Irak, Afganistán e Irán, Steinmeier afirma que “los equilibrios económico-políticos mundiales están cambiando” en un sentido desfavorable hacia EEUU y Occidente. Lo que a su juicio exige ese reforzamiento de la alianza entre las potencias occidentales para la búsqueda conjunta de un nuevo orden global, que dando cabida a las nuevas potencias emergentes, al mismo tiempo preserve sus intereses comunes.

Como contrapartida a ese ofrecimiento, Berlín reclama de Washington prioridad para el establecimiento de una “arquitectura de seguridad compartida” en el hemisferio norte. Lo que, en otras palabras, quiere decir que EEUU debe levantar el pie del acelerador de la presión sobre Rusia, a fin de que los países europeos, y en especial Alemania, puedan establecer una relación estable y no sometida a las permanentes sacudidas del “oso ruso” sobre Europa como respuesta a la estrategia norteamericana de dejarla reducida a una potencia asiática. Amansen ustedes que pueden a la fiera rusa, que en todo lo demás encontrarán en Alemania al socio más fiable de Europa, viene a ser el ofrecimiento del ministro alemán de Asuntos Exteriores al nuevo presidente norteamericano. 
 
 
EXPECTATIVAS EN SEGURIDAD NACIONAL

Henry. Kissinger
17-01-09

El presidente electo, Barack Obama, ha designado un equipo extraordinario para la política de seguridad nacional. A primera vista, quebranta algunas máximas de la sabiduría convencional: designar para el gabinete a políticos con electorado autónomo y que, por tanto, son difíciles de despedir, limita el control presidencial; designar un asesor de Seguridad, una secretaria de Estado y un secretario de Defensa con puntos de vista políticos arraigados puede hacer que el presidente gaste sus energías resolviendo discusiones entre asesores obstinados.

Para elegir esta constelación, Obama ha necesitado valor y confianza en sí mismo, cualidades esenciales para enfrentarse al reto de ordenar un sistema internacional fragmentado. Ignorar la sabiduría convencional puede demostrar que se poseen las cualidades necesarias para ser creativo. Tanto el presidente electo como la secretaria de Estado, la senadora Hillary Clinton, deben de haber llegado a la conclusión de que el país y su compromiso con el servicio público requieren su cooperación.

Quienes toman al pie de la letra la expresión «equipo de rivales» no comprenden la esencia de la relación entre el presidente y la secretaria de Estado. No conozco excepciones a la regla de que los secretarios de Estado son influyentes sólo en la medida en que se les percibe como una extensión del presidente.  Cualquier otra táctica debilita a éste y margina a aquél.  El sistema de circunvalación de filtraciones e insinuaciones intentará ensanchar despiadadamente cualquier fisura, por poco visible que sea. Los gobiernos extranjeros se aprovecharán de las desavenencias dedicándose a establecer contactos diplomáticos con la Casa Blanca y el Departamento de Estado alternativamente.
Una política exterior eficaz y un papel significativo del Departamento de Estado requieren que el presidente y el secretario de Estado compartan una visión común sobre el orden internacional, la estrategia general y las medidas tácticas. Los inevitables desacuerdos deben resolverse en privado; de hecho, el talento del secretario para aconsejar o plantear dudas está directamente relacionado con la discreción con que se exprese.  Como ha señalado el presidente electo, no sería posible que ninguno de los protagonistas en cuestión asumiese esta nueva relación si todos ellos no hubiesen llegado a conclusiones similares. Partiendo de una base de estrecha cooperación entre la presidencia y la secretaría de Estado, la senadora Clinton puede poner manos a la obra y enfrentarse al reto de convertir su departamento en un instrumento de planificación geopolítica y estratégica. Lo que va a definir el papel del Departamento de Estado es su rendimiento.
Ningún presidente se siente obligado a hacer caso de un consejo porque un esquema organizativo así lo exija. Cuando un departamento hace valer sus derechos burocráticos ante la Casa Blanca, tiene media batalla perdida.

Nadie puede cuestionar la capacidad de Clinton para romper con esquemas arraigados, ni su imponente presencia para negociar. Sus retos más inmediatos son proporcionar una orientación estratégica y reorganizar el departamento.

Nunca se ha designado como consejero de Seguridad a alguien como el general James Jones, con su experiencia como antiguo jefe del cuerpo de marines y comandante de la OTAN. Teóricamente, la función del asesor de seguridad es velar por que ninguna política falle por razones que podrían haberse previsto pero no se previeron, y por que no se pierda ninguna oportunidad por falta de previsión.  El asesor de seguridad debe procurar que al presidente se le ofrezcan todas las opciones pertinentes. Esta es una labor agotadora porque los departamentos tienden a identificar la moral interna con la adopción de sus propias recomendaciones y son propensos a interpretar las decisiones en el sentido que más se acerca a sus propuestas.

La máxima de que el asesor de Seguridad debería actuar como un policía que regula el tráfico, y no como un participante en el proceso político, es más teórica que práctica. La frecuencia diaria del contacto del asesor de seguridad con el presidente hace que esa distinción entre gestión y asesoramiento sea insostenible. El asesor de seguridad tiene la ventaja de la cercanía. Su oficina está a 15 metros de distancia de la del presidente. El secretario de Estado está a 10 minutos.

La permanencia en el cargo de Robert Gates como secretario de Defensa es un importante elemento de equilibrio en ese proceso. Es el único entre los jugadores clave que se encuentra al final, y no en el inicio, de su función política. Al permanecer en un cargo de transición, no puede estar interesado en los tejemanejes que acompañan a las nuevas Administraciones. Obama le ha designado, consciente de que no cambiará sus convicciones. El nuevo equipo de seguridad nacional alimenta la esperanza de que EE.UU. esté tratando de superar sus divisiones para centrarse en sus oportunidades.

Tribuna Media Services.
Publicado en ABC. 17-1-2009 
  
 

EEUU Y EUROPA DEBEN TRABAJAR HOMBRO CON HOMBRO

Frank-Walter Steinmeier

“Estimado Barack Obama: El pasado mes de julio, usted reunió a centenares de miles de personas ante la columna de la victoria en Berlín para oír su visión de una América mejor y de un mundo más pacífico. Sus palabras movieron a millones de espectadores de TV. Usted reencendió el sueño americano por el cual incontable gente en el mundo ha admirado a su país durante más de 200 años, el sueño de una sociedad que tiene el poder de cambiar, que está abierta a nuevas ideas, y que tiene el valor de tomar su destino en sus propias manos. 

En unos días usted tomará posesión como el 44 presidente de los Estados Unidos de América. Ahora tengo 53 años de edad, y no recuerdo haber tenido nunca antes tal sensación de esperanza y de confianza sobre la llegada de un presidente de EEUU, no sólo aquí en Alemania, sino en todo el mundo. Las expectativas puestas en usted casi están más allá de la capacidad humana, y los desafíos a los que usted hará frente a partir del primer día son enormes: un sistema financiero todavía frágil, una recesión económica y un incierto mundo en cambio. (...) Su campaña emocionó. Usted dio a la gente, en EEUU y más allá, entusiasmo para un nuevo comienzo hacia un futuro compartido (...)

Esta es la razón por la cual vemos su administración entrante sobre todo como una oportunidad, en esta coyuntura particular, también para nosotros aquí en Alemania. Las tareas que tenemos que abordar son enormes: crear una arquitectura financiera global transparente y confiable; combatir la crisis económica; mejorar las instituciones globales; crear nueva confianza entre el este y el oeste; construir puentes entre las diversas culturas y religiones que saben poco una acerca de la otra; traer la paz y nuevas perspectivas a los lugares sacudidos hoy por la presiones de la crisis; para tomar medidas eficaces contra el cambio climático; alcanzar el desarme global en vez de la proliferación de armas siempre más peligrosas.

Todas estos desafíos se pueden encarar solamente unidos. Ningún país en el mundo, incluso el de más gran alcance, puede solucionar ni uno solo de estos problemas en solitario. Eso significa trabajar hombro con hombro EEUU y Europa. Durante la Guerra Fría los alemanes del oeste se beneficiaron de la gestión de América con la libertad y la democracia. Los americanos y los alemanes celebraron juntos con entusiasmo la caída del muro de Berlín. Después de eso, sin embargo, nuestras relaciones se convirtieron demasiado a menudo en rutina diaria.

Me he referido ocasionalmente estos últimos años a que nuestra alianza ha podido llegar a ser más débil. Pero no debemos permanecer indiferentes el uno al otro, especialmente en este tiempo crucial, en un mundo cada vez más incierto necesitamos incorporar una nueva dimensión mas amplia de la cooperación. Juntos podemos continuar conformando el mundo del siglo XXI, si hacemos un nuevo comienzo valeroso, ponemos los intereses centrales de la humanidad en el centro de nuestra atención, y articulamos la búsqueda de las respuestas a las preguntas planteadas por el futuro.

Establezcamos juntos una “Nueva Agenda” transatlántica; y hagámosla realidad.

1 Trabajo conjunto para la estabilidad de las regiones en conflicto.

Buscando a los amigos, reduciendo a los enemigos, nada es más importante en un mundo en el cual los elementos radicales todavía utilizan las diferencias religiosas y culturales como pretexto para suscitar odio. Nadie puede tolerar una situación en la cual los extremistas amenacen a los mismos fundamentos de nuestra sociedad con violencia y terrorismo. Cada país tiene el deber de defender sus valores, su seguridad y la seguridad de sus ciudadanos. Pero ninguna batalla, incluso contra el terrorismo, vale minar los logros de nuestra propia civilización, nuestro compromiso con la democracia y el Estado de Derecho. Por esa razón estoy contento de que usted se proponga cerrar el campo de prisioneros de Guantánamo.

(...) los equilibrios económico-políticos mundiales están cambiando (...) Una política de aislacionismo, una política de fronteras cerradas es, en último término, una política de debilidad. Los que actúan de esta manera demuestran que quizás no están tan seguros sobre sus valores después de todo. Creo firmemente que nuestros valores compartidos son bastante fuertes para convencer a cualquier interlocutor. Esto es especialmente verdad en el Oriente Medio. Los acontecimientos recientes en Gaza demuestran cómo un progreso modesto hacia paz puede ser alcanzado rápidamente otra vez. No tengo ninguna duda que el Oriente Medio será una de las principales prioridades de su nueva Administración. Queremos cooperar estrechamente con usted: ahora más que nunca, sólo el diálogo y la cooperación, no los terroristas suicidas y los misiles Qassam, pueden llevar a la paz duradera. La nueva confianza y estabilidad en el Oriente Medio sólo pueden prosperar bajo un sistema que implique beneficios para todos los jugadores de la región. Esto tiene límites, como vemos con Irán.
El diálogo puede llevar a resultados solamente si el otro socio también quiere seguir adelante. Si no hay buena voluntad de adherirse a las reglas internacionales, la cooperación es imposible. Esta es la razón por la cual la comunidad internacional tiene expectativas muy específicas, no negociables con Teherán: ninguna ayuda para el terrorismo y la violencia en la región, ningún arma nuclear. Sin embargo, ofrecer a Irán un diálogo no es una muestra de debilidad ni una concesión. Por esa razón le animo a usted y a su equipo a tomar ese camino, como ha anunciado. La estabilidad en esta región también será decidida en Irak. Usted y yo estábamos, con razón, en contra de la guerra hace seis años. Nuestra tarea común será hoy ir adelante y ayudar a la población de Irak a crear a una sociedad estable y democrática. Mi país intensificará su contribución, particularmente en las áreas del cuidado médico y del entrenamiento. Pronto veré por mí mismo exactamente dónde y cómo esto podría suceder cuando visite Irak. Juntos también estamos trabajando dificultosamente para alcanzar un futuro brillante para Afganistán. Usted ha anunciado no sólo más tropas, sino también más ayudas a la reconstrucción.
Favorecemos también un acercamiento dialogado hacia la paz. Debemos, paso a paso, permitir a los afganos que finalmente resuelvan la seguridad de su país. Con este fin hemos aumentado otra vez nuestro compromiso. Sin embargo, la construcción de los caminos, las escuelas y las conducciones de agua es igualmente importante. Ésa es también nuestra prioridad.

2 Seguridad compartida de Vancouver a Vladivostock. Trabajo para la seguridad en el este y el oeste.

El final de la guerra fría, hace 20 años, fue seguido por planes importantes para establecer un orden paneuropeo de paz, una zona de la seguridad compartida que se extiende a través del hemisferio norte entero, de Vancouver a Vladivostok. Todavía estamos, desafortunadamente, lejos de alcanzar estos objetivos. La guerra fría todavía cuelga sobre nosotros como sombras del pasado. Y parece controlar todavía el pensamiento de algunos pueblos. Generando recelo entre los gobiernos en vez de confianza y acciones comunes para el futuro. Estimado Barack Obama, usted forma parte de una nueva generación. En 1989, cuando cayó el Muro, usted tenía 28 años, y está influenciado menos por las categorías de la guerra fría que cualesquiera de sus predecesores. Al contrario, en su discurso de Berlín usted pidió poner fin a los modos de pensar de la guerra fría y que todos nosotros nos esforzáramos para crear una sociedad que abarcara el continente entero, incluyendo Rusia. Tomémosle la  palabra al  presidente ruso Medvedev. Él proviene también de una nueva generación, siendo cuatro años más joven. Él ha también ha hecho ofertas. Hablemos con confianza sobre cómo podemos levantar una nueva arquitectura de seguridad. Consideremos juntos nuevas estructuras para la era global, sin esperar que los resultados se sucedan de la noche a la mañana, y sin cuestionar la sólida base de nuestra seguridad durante las últimas décadas. Continuaremos necesitando a la OTAN en el futuro. Pero hemos pospuesto demasiado a menudo un discusión honesta sobre sus tareas, concentrándonos en la ampliación y las cuestiones relacionadas con ella. Necesitamos hoy una nueva comprensión fundamental de hacia donde se dirige la alianza (...) En un primer paso concreto debemos recuperar la confianza perdida, por ejemplo con iniciativas comunes de desarme. El tratado sobre  armas convencionales de las fuerzas armadas en Europa (CFE) debe ser reformado urgentemente. En el desarme nuclear también necesitamos el movimiento de los dos lados: rusos y americanos. Solamente cuando Rusia y los EEUU lo aborden en serio podremos luchar con eficacia contra la proliferación incontrolada de armas nucleares (...) también aquí nos encontrará usted como socios.

3. Para una comunidad global de responsabilidad compartida

Vivimos en un mundo en el que el balance de poder está cambiando. Las nuevas potencias en Asia, África y América latina están surgiendo en esta etapa global. Disminuirá el peso relativo de EEUU y de Occidente en su conjunto. El mundo del futuro tendrá muchas voces.
Nuestra tarea debe ser asegurar que esta situación no lleve a una nueva “torre de Babel”. Resolveremos solamente los desafíos centrales que tiene la humanidad si integramos estas nuevas potencias en un sistema global de responsabilidad y les hacemos miembros confiables de un nuevo orden. Solamente si se sientan al mismo nivel que nosotros en la mesa global, ellos estarán preparados para aceptar las reglas globales. La cumbre financiera mundial en Washington trajo un nuevo comienzo a este respecto. Lo principal; las “viejas” y las “nuevas” potencias trabajaron como socios iguales en un marco para un nuevo sistema financiero global. Haré todo lo que pueda para asegurar que continuamos en esta misma dirección. Y no sólo en las cuestiones financieras. Debemos ampliar el G-8 sabiamente y al obrar así incluir a las nuevas potencias emergentes en una comunidad de responsabilidad compartida. El mundo globalizado requiere de un nuevo pensamiento (...)

4. “El cambio ha llegado a América”.
¿Quién no recuerda su llamamiento la noche de su victoria electoral? Usted representa más que nadie el cambio y un nuevo principio en su país, para la modernización social y ecológica, para mayores oportunidades en la educación, para un sistema más justo de salud, para una sociedad donde nadie se quede  atrás, para una acción resuelta contra la crisis (...) “Y a todos los que miran esta noche desde más allá de nuestras orillas… nuestras historias son particulares, pero nuestro destino es compartido...”; este mensaje, expresado en su discurso de la victoria, se dirigía no sólo a América, sino al mundo entero (...) Queremos trabajar mirando al futuro con usted y su Secretaria de Estado.
¡Bienvenido, presidente Obama!

Suyo, Frank-Walter Steinmeier”
DER SPIEGEL. 12-1-2009
 
 
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